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Indignación en Canarias por el acuerdo pesquero con Marruecos

El texto íntegro del acuerdo pesquero hispano-marroquí, ha caido como un jarro de agua fria en el archipiélago canario. Todo parece indicar que el Gobierno español se ha comprometido a prohibir el desarrollo de la industria conservera en las islas, y potenciar las que se van a establecer en Marruecos.El vespertino Diario de Las Palmas, comentaba en su edición de ayer que «sólo desde la triste perspectiva del que negocia con las manos desarmadas, implorando, es concebible un acuerdo de esta naturaleza. Se ha ido a Rabat obedeciendo la oferta marroquí: esto o nada. Y aún así, el esto es tan poco que ni siquiera alcanza lo que pretendieron algunos hacer creer a la opinión pública canaria, con el silencio o con las medias verdades. Lisa y llanamente, hay que, afirmar que ha quedado completamente hipotecado el futuro de la pesca en Canarias. Todas las expectativas de crecimiento y desarrollo de este sector, tan vital ,Para nuestro futuro, ha caído estrepitosamente por tierra con las limitaciones impuestas por el Gobierno del Reino de Marruecos, muy firme en su prepotente papel de dominio sobre una riqueza: que hasta ayer, y desde hace muchos siglos, fue patrimonio del pueblo canario. Una riqueza cedida gratuitamente como accesoria a un yerro candente que se llamó Sahara español.»

Por otro lado, en el contenido del acuerdo no se cita ni una sola vez a las islas. Unicamente en la carta aneja que trata del mantenimiento de la industria conservera canaria, y precisamente para garantizar su estancamiento que es casi tanto como decir su futura desaparición. Como si no fuese suficiente garantía para Marruecos limitar el cupo de sardinas a 80.000 toneladas al año, el Gobierno español hace a Marruecos la promesa de prohibir el desarrollo de este sector en Canarias y anuncia que está dispuesto a crear, con capital español, una industria marroquí que haga la competencia a la establecida en las islas. ¿Cómo es concebible ésto? Sencillamente porque los intereses defendidos en el acuerdo no son los intereses de la población canaria, ni siquiera los de la población de todo el Estado español, sino los intereses de los más fuertes armadores establecidos aquí y allí.

Pueden ser duras estas palabras y airada la crítica sin contemplaciones a este acuerdo, pero más claras y más contundentes son las palabras del texto mismo cuando sin contemplaciones de ningún tipo habla de «marroquización» de la flota sardinera y de cefalópodos, establecida en las islas. Antes de cinco años, el 50% de la flota canaria deberá ser marroquí. Desde ahora, para poder pescar en aquellas aguas habrá que fletar los barcos en sociedades marroquíes o sociedades mixtas, pero dentro de cinco años no bastará con el fletamiento.

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