Bilbao

Universidad Popular, en Recaldeberri

Con cerca de quinientos alumnos, matriculados a cien pesetas el curso, dieron comienzo ayer en Bilbao las clases de la Universidad Popular de Recaldeberri. La iniciativa, nació en el seno de la biblioteca de este barrio bilbaíno y se ha ido gestando a través de sucesivas asambleas, en las que profesores y alumnos, al mismo nivel, han estructurado este centro educativo, que por voluntad propia se inscribe en la tradición de la Universidad Obrera de Segovia, durante la República, y la escuela obrera de París.La asamblea se ha constituido como rector permanente de la UPR y ha adoptado, entre otros, los siguientes principios: «Nuestra Universidad no se parecerá en nada a la Universidad oficial, instrumento de la clase dominante; sólo en el nombre. Tal vez por eso debiéramos haber escogido otro nombre, pero cuando añadimos popular quiere decir una cosa muy sencilla: del pueblo y para el pueblo.»

El 75 % de esos casi quinientos alumnos matriculados pertenecen a la clase obrera, mientras que en el 25% restante hay una minoría de estudiantes. «Los universitarios se han interesado bastante poco por nuestro proyecto.»

Si esto ha sido así a nivel de alumnos, no ha ocurrido otro tanto entre los profesores. Un equipo de veintisiete especialistas de diferentes disciplinas se ha integrado en la UPR, sin que durante el primer año perciban ingreso alguno por su trabajo. «Con los veinte duros poco podemos hacer, pero han sido los propios profesores los que han acogido la idea con mayor entusiasmo y hay muchos que tienen el propósito de liberarse en cuanto sea posible.»

Hasta el momento no hay ayuda económica externa, aunque decenas de personas se han ofrecido a colaborar con su trabajo, sus charlas o incluso actuaciones artísticas. Las clases se imparten de ocho a nueve y media de la tarde en el centro Batasuna, de Uretamendi.

«No tenemos espacio para nada y como no queremos que en cada grupo haya más de treinta personas, nos hemos visto obligados a desdoblar cursillos, de forma que muchos tendrán que esperar a la segunda tanda, allá por el mes de enero.»

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0010, 10 de noviembre de 1976.

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