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Crítica:

La venganza del ayuda de cámara

La historia del franquismo, ahora en plena efervescencia de creación de y simultáneamente de revisión, debe replantearse a partir de esta semana con dos testimonios esenciales: el de José María Gil Robles -La Monarquía por la que yo luché, editada por Taurus, y al que me referiré en otro análisis para este periódico y estas alucinantes memorias combinadas de los dos generales que se llamaban y firmaban Francisco Franco: el Caudillo y su primo, sempiterno ayudante, Franco Salgado-Araújo: a quien llamo ayuda de cámara sin la menor connotación peyorátiva, y sólo como descripción metafórica: que no alude a la personalidad del autor ni a la categoría de sus cargos, sino a su actitud como memorialista.Nadie es grande para su ayuda de cámára: pero nadie había sido jamás tan pequeño para su ayuda de cámara hasta la aparición de este tremendo libro. Como varias personas me han atribuido cierta responsabilidad en la corrección y publicación de estas conversaciones debo ante todo desmentirlo rotundamente. Mis relaciones, con Editorial Planeta, profundas y cordiales, se limitan a la edición y preparación de mis propios libros y publicaciones. Conocía por referencias verbales, algunos datos de este libro, que me sirvieron para recomendar prudencia a algunos interesados e incluso encartados, en su contenido, tal vez ahora comprendan esas personas la gran ocasión que perdieron de callarse a tiempo sobre ciertos aspectos controvertidos, por ejemplo la entrevista de Hendaya; a pesar de volver reiteradamente sobre sus recuerdos, de aquel episodio, Franco no hace la menor alusión a su pretendida confidencia trascendental al general Kindelan; porque el ilustre «Jefe del Aire» una de dos, o se enteró de esa confidencia en sueños o bien fue víctima de una trampa tendida por Franco, como tantas de las que aparecen en este libro.

(Comentarios informales al libro de Franco-Salgado Mis conversaciones privadas con Franco, Planeta 1976)

Prólogo de Francisco Umbral. Editorial Personas. Barcelona, 1976. 383 páginas.

Las conversaciones entre los dos primos Franco son auténticas y verídicas. Entre las múltiples virtudes de Franco Salgado no brilla, desde luego, una gran imaginación. El Caudillo está de cuerpo entero en estas páginas. Franco Salgado no inventa nada; reproduce con fidelidad magnetofónica cuanto oye. En esto radica el enorme valor histórico de estas confidencias, que son las memorias de Franco: las únicas memorias de Franco.

Pero no son íntegras. Como no he intervenido para nada en su publicación, puedo y debo revelar algunas supresiones decididas, según creo por la familia; o quizá por mi querido amigo Miguel Juste, consejero del general, y que jamás me contó una coma de cuanto aquí se contiene. Con ello quedo en libertad de comunicar lo que creo saber de esas supresiones. Una se refiere al durísimo juicio que merece a Franco un ilustre político que recientemente se ha solidarizado con Franco y su época; y del que Franco opina, con aprecio y dureza crítica, en la parte publicada de estas conversaciones. Pues bien, en la parte no publicada Franco llama expresamente loco a ese ilustre político, con motivo de determinada actuación aperturista y liberalizadora.

La otra supresión se refiere al almirante Carrero en relación con el Opus Dei, Franco, a lo largo de las conversaciones, habla del Opus como si hubiera sido cofundador tácito del Opus Dei, sospecha que este historiador había apuntado ya anteriormente. Pero al final en su vida se desengañó del Opus Dei, criticó con tremenda dureza a varios de sus miembros, y acusó a Luis Carrero de haberse entregado con armas y bagajes a la organización del padre Escrivá. Haber ocultado estos datos, mientras no se ha vacilado en insertar otros muy comprometedores, es una grave responsabilidad de la familia Franco-Salgado y quizás de Miguel Juste que debo decir públicamente; y rogarles que en sucesivas ediciones colmen esas lagunas.

Resentimiento

Francisco Franco Salgado escribe desde un espantoso resentimiento. Puede comprobarlo el lector en numerosos párrafos sobre todo en esa dramática despedida de la Casa Militar con motivo del pase a la situación B; situación a la que el ayudante de cámara pone como chupa de dómine. Y reacciona con tremendas palabras a la indiferencia del Caudillo que no le ha dedicado ni una mirada de gratitud por toda una vida de servicio; y no le ha gratificado con uno solo de esos consejos de administración que tan generosamente prodiga a personas menos sospechosas.Los consejos de administración; este Iibro es la más decisiva prueba de cargo contra la corrupción de régimen de Franco conocida y permitida, cuando no alentada, por el propio Franco. Cada pliego contiene, al menos, una prueba, una sugerencia, un nombre.

Historia y anécdota

Valor histórico: incalculable. Confidencias y confidencias de Franco sobre los períodos más difíciles de su vida y su carrera: en la Monarquía, en la Dictadura, en Africa, en la República; y nueva luz sobre los delicadísimos momentos de transición de uno a otro de esos regímenes; con revelación sobre personas y actitudes, desde Sanjurjo a Berenguer, desde Mola a los entresijos de la preparación del alzamiento.Anécdotas y juicios sobre personas, todo de todo. Alfredo Sánchez Bella, la persona más elogiada del libro; y me alegro por él, porque es arquetipo de franquista. La tremenda revelación de Franco sobre la selección para altos cargos: «A veces hay que elegir para ellos a personas competentes ... ». La visita a Franco de Blas Pérez, Carrero, Fernández Cuesta y Arias Salgado para proponerle un pucherazo puro y simple en las elecciones municipales de 1954. Los amoríos de Beigbeder en relación con su cargo. La obsesión del Caudillo por la monarquía falangista y su permanente intromisión entre don Juan y su hijo; la utilización de otros príncipes como bazas de intimidación, por ejemplo el proyecto de orientar la sucesión hacia don Alfonso de Borbón y Dampierre. Las durísimas críticas hacia Valiño y Muñoz Grandes, mientras les mantiene en su puesto. La tramoya de la independencia de Marruecos. La acusación de traición contra el general García Escámez, al que luego se le otorga un condado. La enemistad y la reconciliación entre Muñoz Grandes y Girón; la opinión de Franco sobre Girón. Nuevos matices en la desbordante obsesión antimasónica de Franco. Prueba evidente de que Franco pensó en don Juan hasta 1945; le descartó para siempre desde el Manifiesto de 1945; y pensó desde entonces en don Juan Carlos. El máximo defecto de don Juan para Franco: es muy liberal.

En el caso de los mucqueses de Huétor, Franco Salgado mezcla a la información su propio resentimiento ante unos palatinos que le superan día tras día en favor y en influencia; y mientras subraya los defectos de los marqueses no anota ni uno solo de los servicios políticos que rindieron a Franco en el campo aristocrático, que constituía preocupación política para Franco y preocupación social para la señora de Franco. Por cierto que la actitud de Franco Salgado hacia doña Carmen parece fruto de una continuada riña familiar mezcla de celos y oscuros resentimientos también.

Me dicen que van a secuestrar este libro. No lo creo; Ias personas más afectadas no tienen el poder de hace unos meses o unos años; y además o no leen o leen tan despacio que cuando reaccionen ya estará agotada la edición. La mitad larga de las personas citadas en el índice de nombres exigirán el secuestro; qué más quisiera el avisado editor. Tales personas no leen deprisa un libro, pero menos todavía son capaces de leer un pequeño folleto llamado Ley de Prensa. Haber obligado a que esas personas lean siquiera un libro en su vida es notable contribución cultural de Lara.

Este era un libro necesario. En dos páginas cometen los dos Francos numerosos errores que ya habrá ocasión de comentar. Personalmente no creo que la figura del Caudillo quede empequeñecida ante la historia; queda delineada con más precisión, profundizada, abierta providencialmente a la investigación de los historiadores y de los psicólogos. Quienes no deben olvidar nunca que las conversaciones están escritas y sobre todo comentadas por un ayuda de cámara que además piensa con satánica inocencia, que está rindiendo un acto supremo de lealtad. Cuando en realidad está cometiendo, gracias a su completa falta de imaginacíón, un acto supremo y subconsciente de venganza florentina.

P. D. El lector se sorprenderá al ver, al final de la obra varias respuestas a un cuestionario enviado a los dos Franco por un señor Snow editor americano de la casa Long House. Me escamaron tanto esas relaciones que investigué a fondo, hasta descubrir que el tal señor Snow era un mangante (por favor, no me transcriban magnate) que estaba sacando al Estado español las pestañas por la lejana promesa de un libro profranquista. Convencí de ello a Franco (Caudillo) gracias a la comprensión de Sánchez Bella (a quien Franco llamaba primero Bella y luego Sanchez) pero nunca a Franco Salgado, que se murió convencido de la importancia del absurdo proyecto Snow. No sé los millones que este señor estafó a determinado Ministerio hasta que logré acabar con la farsa. Por lo general las respuestas al cuestionario, como verá el lector, son tan estúpidas como Ias preguntas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de octubre de 1976