Probable crisis en el Gobierno francés

Mientras el presidente Valery Giscard d'Estaing se entretiene en Africa cazando, después de una visita oficial al Gabón, los mentideros políticos de París hierven en rumores sobre una próxima crisis de Gobierno que, sea cual sea su solución, parece inevitable ya desde hace algunas semanas.

Con o sin la salida del primer ministro, Jacques Chirac, jefe del partido mayoritario gaullista (UDR), todos los comentaristas políticos franceses coinciden en que el presidente Giscard tiene ya en la cabeza la constitución de un nuevo Gobierno que supondría, al mismo tiempo, un importante giro en la orientación de su mandato.La crisis tiene, en gran medida, un claro sentido institucional y gira en torno a las relaciones entre la presidencia de la República y la jefatura del Gobierno y a la interpretación que Giscard da a su función, en un sentido «presidencialista» muy acorde con los términos de la Constitución de la V República. A este respecto hay quien ha afirmado que el presidente Giscard se está comportando como un gaullista de la primera hora.

Durante la mayor parte de estos dos primeros años del mandato de Giscard (que debe concluir en 1981) las relaciones entre el presidente y su primer ministro fueron relativamente buenas. El jefe del Estado había elegido precisamente al «joven león» del gaullismo, Jacques Chirac, como un instrumento eficaz para controlar a los viejos «varones» de la UDR, quienes, a cambio de sostener una precaria mayoría presidencial, estaban dispuestos a exigir ciertas contrapartidas.

Con el tiempo, Chirac llegaría a convertirse en jefe del partido gaullista y el propio Giscard. le encomendó la dirección de la mayoría. presidencial. Sin embargo, Chirac se excedió en su cometido y no se resignó a cumplir el papel de «principal colaborador» que la Constitución de la V República prevé para el primer ministro en relación con el presidente de la República. Hasta tal punto las relaciones entre el Elíseo y Matignon se deterioraron que, desde hace tres meses, el presidente toma decisiones «a lo De Gaulle», sin consultar con su primer ministro. El propio Chirac habría manifestado, recientemente, sus aprensiones sobre el comportamiento del presidente: «Giscard se comporta, cada día más, como un monarca.»

Como telón de fondo de este conflicto institucional siempre subyace el viejo pleito entre el gaullismo histórico, del que Chirac no ha podido sustraerse completamente, y la política atlantista y «liberal» del presidente. No es coincidencia que los partidos de la izquierda francesa hayan elegido precisamente este momento para cortejar al gaullismo en nombre de una «política de independencia nacional» que el presidente estaría poniendo en peligro.

«Sociedad liberal avanzada»

En medio de todos estos rumores surgen los nombres de los posibles sucesores de Chirac. Y entre ellos se citan a Raymond Barre y al gaullista Robert Galley, que ha acompañado a Giscard en su viaje a Africa. Sobre lo que no parece haber dudas es que el nuevo inquilino de Matignon deberá comprometerse a ser un mero «ejecutante» de las decisiones presidenciales. Y éste -nadie lo descarta- podría ser el mismo Chirac.

Los ceses de Plerre Brosolette, íntimo colaborador del. Elíseo durante años, y del general Bigeard, secretario de Estado de Defensa, han añadido aún más confusión a la crisis.

Parte de las dudas que ahora se plantean sobre la posible salida a esta situación deberán resolverse -creen los comentaristas- cuando, a su regreso a París, Giscard d'Estaing, haga públicos los términos de la tan esperada «carta de la sociedad liberal avanzada», que deberá inspirar, a partir de ahora, el mandato presidencial .

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* Este artículo apareció en la edición impresa del 0007, 07 de agosto de 1976.