Pekín va recobrando la normalidad a pesar de la lluvia

Agencias

Lluvias torrenciales, caen sobre la capital de la República Popular de China, Pekín, mientras varios millones de sus habitantes permanecen en parques y aceras, viviendo en los improvisados y frágiles hogares para prevenirse de futuros temblores sísmicos.El último comunicado oficial del miércoles no añadía nuevos datos concretos sobre las zonas más afectadas por los seísmos, pero ponía una nota de esperanza en los habitantes de Pekín al informar que las posibilidades de nuevas sacudidas telúricas eran mínimas.

El orden reina entre la población de Pekín, que muy paulatinamente vuelve a la normalidad, y la tranquilidad de sus gentes está en parte asegurada por el desconocimiento que tiene la población de la capital sobre las consecuencias de los seísmos en otras zonas del país, y concretamente en Tang-Shan.

Los medios de información chinos, empeñados en la campana antiderechista, ofrecen sólo noticias sobre la prueba a que deben. hacer frente las gentes de las zonas más afectadas por el seísmo, basándose en sus únicas fuerzas y en las consignas dada s por el Comité Central y el presidente Mao Tse-Tung, olvidando las tesis desviacionistas de Teng Hsiao-Ping.

Las gentes de Pekín ríen, y bromean bajo sus toldos, mientras ven pasar vehículos militares con la bandera roja para llevar avituallamiento a las zonas siniestradas de Tientsin. Esta atmósfera de tranquilidad y orden está garantizada por un aprovisionamiento normal de alimentos y por la desaparición de los guardias milicianos que en los días siguientes al terremoto recorrían de vez en cuando las calles de la capital con una campanilla avisando a los vecinos con las palabras «seísmo, seismo».

También, la vida oficial que transciende a la población, constituye otra prueba de confianza y optimismo para la población pekinesa. El Banco de China ha abierto sus puertas y en su interior se trabaja con normalidad, y ningún síntoma de nerviosismo transciende de las patrullas de vigilancia en edificios públicos.

A pesar de este clima de sosiego, dos hechos pueden intranquilizar a la población china en las próximas horas. Primero, las lluvias que no remiten y que en algunas zonas están originando pequeñas inundaciones, y por otro lado, el peligro de epidemias, que las autoridades chinas no descartan, basándose en las condiciones en que viven millones de personas al raso en la vasta zona alcanzada por el seísmo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0007, 07 de agosto de 1976.

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