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Crítica:
Crítica

La guerra particular de cada español

Esta colección, esta editorial y este premio se han propuesto que cada español cuente su batallita y cómo fue la guerra en su pueblo, cosa que los españoles ya venían haciendo por tradición oral, de padres a hijos y de vecino a vecino.La cosa está bien vista, puesto que viene a satisfacer un ansia general de un pueblo tan parlanchín como el nuestro. «Ay, si yo le contase, si yo quisiera escribir una novela, ay la de cosas que yo me sé.» Eso te lo dice todo penibético en cuanto ha pasado los cuarenta. Bueno, pues el editor G. del Toro ha conseguido que cada español, o casi, cuente su batallita. Acabará habiendo tantos libros sobre la guerra como supervivientes.

La colección se pretende imparcial, pero uno de sus premios lo dieron en viernes de vigilia y el locutor nos advirtió que íbamos a cenar sin carne. Imparciales, pero respetando los viernes de cuaresma...

De ésos tenemos tantos como el que más

Memorias de la guerra civil española, 1936-39. C. Revilla Cebrecos. G. del Toro, Editor. 1976.

De ésos tenemos tantos como el que más es un libro que responde a la genitalidad del título, al sentido hormonal de la patria que ya conocemos de otros señores y en el que su autor, Revilla Cebrecos, nos cuenta lo de Brunete y lo de Quijorna del lado nacional.

No vamos a entrar ahora en la ociosa polémica de quién tenía la razón. Mucho arroz. Baste con reseñar que este machismo beligerante se dio en ambos bandos, como se dio un sentido jubilar de la guerra que Julián Marías ha desvelado recientemente en este mismo periódico y que, por encima o por debajo de consignas oficiales, llevó a los españoles en general a participar de aquello como de la hoguera del barrio.

Cuidado, que también somos viejos para caer ahora en la psicología de masas y las interpretaciones psicológicas de la guerra. Pero hay maneras de ser, qué vamos a hacerle, y si echamos un vistazo general no sólo a este libro y esta colección, sino a todo lo que los españoles han escrito sobre la guerra civil, encontraremos una curiosa ley: casi todo lo del bando republicano es como más documental y atenido, quizá porque la derrota da serenidad de alma y precisión de mente, mientras que casi todo lo hecho por los llamados nacionales tiene el tono bizarro e incluso eugenésico de este libro que nos da hoy ocasión. También se comprende que la victoria, incluso después de tanto tiempo, siga embriagando un poco incluso a los que ya no beben lo que se dijo que bebían.

El señor de Toro ha encontrado la manera de sacarle réditos a la guerra, pienso, dando caño libre a la necesidad tan española y tan patética de que cada uno cuente su guerra particular.

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