Ofensiva de la España de la Monarquía
El viaje del Rey don Juan Carlos I a los Estados Unidos, que ayer tocó a su fin, ha resultado todo un éxito, a juicio de los observadores. Aún se espera, sin embargo, la llegada de algún eco o reacción a determinadas acciones, que pueden empañar en parte dicho éxito. El talento, gracia y donaire con que José María de Areilza ha planificado este viaje no ha podido recoger discretamente determinados flecos imprevistos de las acciones del Gobierno español en los momentos mismos en que el Rey y su ministro anunciaban la llegada de la democracia a España. La presencia del nombre de Calvo Serer en los mismos editoriales de total respaldo a las relaciones España-USA, es todo un símbolo de este viaje, como audaz exploración del futuro iniciado desde el campo de las reformas incipientes del presente.
Dimensión importantísima de este viaje es la de sus posibles consecuencias económicas. Como un alto funcionario español se encargó de señalar, de cada diez dólares que están dispuestos en el mercado internacional, a invertirse en países extranjeros, nueve son norteamericanos. Este mismo funcionario señaló que preveía para España un futuro industrial y económico, en que la dimensión de las inversiones del pasado no sería conmensurable con el potencial que el futuro depara.El viaje real a la primera potencia del mundo se encuentra en el mismo orden de ofensiva de la España de la Monarquía, de cara al. exterior, que ya llevó a cabo durante cuatro meses el ministro español de Asuntos Exteriores en Europa. Toda esa ofensiva se basa en la dinámica, que se dice es inevitable, de la entrada de España en el sistema, de democracias del mundo occidental, Es difícil separar lo que es compromiso verbal y mental, de lo que debería ser un compromiso posible. El pretendido respaldo norteamericano al proceso español de cambio es un elemento que ofrece resistencias al análisis. Mientras el Gobierno norteamericano parece haber aconsejado prudencia ante la prisa del cambio, y los negocios han predicado las virtudes del trabajo, venciendo las dificultades sociales mediante la transacción, la opinión pública y el Congreso echan de menos una coordinación entre los principios proclamados y los pasos reales que se pueden dar y que el Gobierno está dispuesto a dar en España.
Europa: dura realidad
La presión demasiado obvia del Departamento de Estado y del, Pentágono, para que España encuentre su puesto en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, choca con la dura realidad de una Europa que aún no ha encontrado motivos suficientes para levantar sus renuncias respecto del proceso democratizador español.
El respaldo, el apoyo, la simpatía al Rey y a determinados miembros de su Gobierno, son los resultados más positivos de este viaje a Norteamérica. La expectante reserva y la discreta incomprensión por las incongruencias de fondo constituyen su atmósfera
El primer viaje de los Reyes de España a los Estados Unidos, que forma parte también de la primera visita de Estado de la nueva Monarquía española al extranjero, ha constituido un éxito rotundo, a juicio de los observadores acostumbrados a contemplar las relaciones de la primera potencia del mundo con sus amigos, aliados y otras potencias.
Se han creado enormes expectativas entre la comitiva del Rey, y en la de Asuntos Exteriores, José María de Areilza, que ha arrojado todo su peso político y su habilidad diplomática en esta visita regia. Se esperan profundas consecuencias políticas de este encuentro, al máximo nivel entre las dos naciones. La respuesta del Congreso norteamericano, del Gobierno de los Estados Unidos y, sobre todo, de la comunidad de los negocios y las finanzas, ha sido enteramente positiva.
También ha ganado esta visita regia las atenciones distinguidas de la prensa, con un editorial enormemente favorable, del New York Times, hacia España y el Rey, donde se señalaba a éste la opinión de que sería conveniente que Su Majestad siguiese los consejos de su ministro de Asuntos Exteriores antes que de otros.
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