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Reportaje:Jazz

La herencia

En el curso de su vida, el aficionado al jazz se encuentra con una serie de problemas, de los cuales uno de los más importantes es el de la sonoridad: cuando se es aficionado constante a lo largo de una serie de años se acaba por conseguir una adecuación sonora que permite descubrir quién es el músico que toca y en qué período de su historia grabó el disco que escuchamos.Esto puede crear un problema y un peligro; el problema radica en que en jazz hay tantos estilos como músicos y cada uno de éstos tiene una diferente manera de tocar en cada época de su vida. Pero la sonoridad permanece. De ahí se deriva el peligro: cuando el aficionado encuentra un intérprete cuya música le interesa se hace inmediatamente amigo, compañero de fatigas, cómplice... Por ello, cuando ese músico muere, surge la situación conflictiva.

Murió Duke Ellington y el jazz sintió el. hueco que dejó. Murió Johnny Hodges, murió Paul Gonsalves, murió Harry, Carney y el aficionado pensó que algo se le iba. Ahora, hace poco, ha muerto en Nueva York el trompeta Ray Nance, y el fan vuelve a sentir la sensación. de fracaso. También han desaparecido el saxofonista Cannonball Adderley, el compositor y arreglador Oliver Nelson, el bluesman. Howlin Wolf. Pero, al mismo tiempo, han surgido como algo inevitable, en una música tan vitalista como el jazz, movimientos nuevos, jóvenes que -al fin- tienen la posibilidad de expresarse y, sobre todo, unas casas discográficas (Música Records, Enja Records, Incus Records, Black Saint, Steeple Chase, etc.) que están dispuestos a volear todo su apoyo en algo en lo que creen y en músicos que hasta ahora no han tenido posibilidad de tocar.

Hay también músicos que, si me permiten la frase, han resucitado. Los viejos aficionados hemos visto con alegría que un guitarra como Tal Farlow vuelva a estar en activo, y el trompeta Chet Baker, tras todos sus problemas, ha vuelto a reanudar su carrera musical. ¿Aportará algo esta resurrección? Particularmente, pienso que sí, pero el jazz plantea tal cúmulo de interrogantes en cuanto a sus realizaciones que hay que esperar a que éstas se lleven a cabo.

El «jazz» no se transmite de padres a hijos

Dediquemos hoy es . te comentario a algo tan claro y a la vez tan sutil como es la herencia. Que el jazz se hereda es ya algo sabido y comentado. Que esta herencia no se transmite de padres a hijos cae también por su base pero conviene recordarlo de vez en cuando. Su patrimonio. pasa de adeptos a legos que a su vez, con el paso de los años, alcanzarán el título de cofrades en esta hermandad mundial de la comunicación que es nuestra música, porque el jazz no es más que diálogo, tal como demostraron los que han sido, tal como demuestran los que han llegado y tal como demostrarán los que ahora se. están preparando.Adiós a Ray Nance y a Cannonhall; bienvenida a Fred Van Hove, a Stanley Cowell, a Stanley Clarke. Bienvenida también, en nuestro país, a Víctor Amman, a José Antonio Galicia, a Jorge Pardo, a Xavier Batllés, a Manolo Morales, a Tomás San Miguel, por citar sólo a unos cuantos. Bienvenida porque, paso a paso, tensión tras tensión, desagravio tras desagravio, el jazz va creando su historia. Y de este proceso de creación sólo nosotros, aficionados, seremos los favoritos.

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