CRUCE DE CAMINOS
Columna
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La vida no es una competición

Normalicemos que la salud mental es lo más importante. Se espera que Osaka y Biles ganen siempre. ¿Alguien ha pensado en los efectos de esa atención constante sobre ellas?

La gimnasta Simone Biles, antes de comenzar una prueba en Tokio. En vídeo, Biles abandona por salud mental. FOTO: MIKE BLAKE (REUTERS) / VÍDEO: AGENCIAS

El camino hacia el deporte de élite es realmente largo. Alcanzar ese estatus requiere de grandes sacrificios, aceptar situaciones fuera de tu control y vivir momentos muy complicados. Que nadie se lleve a engaño: como en tantas cosas en la vida, en el sendero hay más espinas que rosas, las dudas y desilusiones están a la orden del día. Aprender a manejar la mente es tan importante como cualquier atributo técnico o táctico. En la búsqueda de ese equilibro, en la gestión de esas emociones, es donde tu mentalidad y tu carácter se van forjando.

Cuando tu carrera te arroja los primeros éxitos en las manos se acentúa el hambre. Cuando uno gana, cuando conoce el sabor de la victoria, desea volver a hacerlo. Es un instinto, supongo. En paralelo, las expectativas crecen. No solamente las tuyas, también en personas que observan tu carrera. Muchos desean que tu camino vaya más rápido. Pero el deporte es una escalera donde es imposible saltarse pasos; más bien al contrario, muchas veces se debe retroceder y volver a emprender el camino.

No todo el mundo tolera bien esta presión. Tener éxito profesional reporta fama, un reconocimiento social o interés de patrocinadores que te entregan su apoyo. Eso conlleva una responsabilidad: expresarnos en público con independencia de nuestro estado anímico. Gracias a la prensa nuestro esfuerzo es reconocido, nuestras historias son compartidas. El deporte va mucho más allá del terreno de juego. Es un estilo de vida y una realidad con muchas caras fuera de un revés cortado o un saque a la línea.

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El deportista profesional siente una presión por rendir al 100% cada día en su trabajo. ¿Nos hace algún bien? No todos somos iguales. Nuestro carácter y manera de afrontar las situaciones varía. Se le da una importancia enorme a la preparación física, técnica o táctica, pero el ámbito mental suele quedar relegado. En realidad, para todos los deportistas es lo más importante.

Una retirada por molestias físicas está normalizada. ¿Por qué cuando alguien da un paso a un lado por un factor mental todo se magnifica? Hay que visibilizar esta realidad, adoptarla como un factor importante y no observarlo como una rareza.

Los ejemplos de Naomi Osaka y Simone Biles son los más visibles en los últimos tiempos. Dos de las mejores deportistas de esta era que demuestran los efectos de estar sometidas a una enorme presión. Se espera que ganen cada campeonato en el que participan. ¿Alguien ha pensado en los efectos de esa atención constante sobre ellas?

Aplaudo su decisión de anteponer el bienestar mental a la competición. No me puedo imaginar el sufrimiento interior que conlleva estar en su piel cada hora del día. Si ellas lo padecen habiendo conseguido sus sueños, ¿por qué no le puede suceder al resto de la sociedad en el día a día?

Normalicemos que no siempre es posible estar bien, aceptemos que alguien pueda sufrir y decirlo con total naturalidad. Normalicemos que la salud mental es lo más importante. Hay que proteger esa parte de nuestro ser. Pedir ayuda no es un signo de debilidad. Normalicemos que no todo depende de una competición, la vida no es una competición. La vida y el deporte están para que lo disfrutemos al máximo.

Dejemos que los deportistas lleven su ritmo, aparquemos los récords, evitemos predecir el futuro con realidades que podrían no suceder nunca. Muchas depresiones vienen por alimentar expectativas que nunca se cumplen. Las palabras son gratis, pero tienen un precio muy alto. El mayor regalo que puede recibir un deportista es ser valorado por su esfuerzo diario. El resultado final, como tantas cosas, nunca depende de uno mismo.

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