PISTA LIBRE
Opinión
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Frenkie de Jong, trashumante sin impacto

El holandés cautiva en los detalles, pero es inconsistente y no acaba de acomodarse a una posición

Frenkie de Jong en el partido de Liga contra el Cádiz.
Frenkie de Jong en el partido de Liga contra el Cádiz.AFP7 vía Europa Press (Europa Press)

A finales de enero de 2019, Pep Guardiola recibió una llamada de Frenkie de Jong. El centrocampista holandés, embarcado en una mágica temporada del Ajax, había resuelto las dudas que le agitaban en los últimos meses. El Barça y el Manchester City pugnaban por contratarle, batalla de dinero y seducción por uno de los jugadores más prometedores del fútbol europeo. Aquella noche, De Jong le telefoneó para comunicarle que se había decidido por el Barça. Guardiola no ocultó su decepción, pero luego añadió: “El Barça siempre es un gran destino”.

Frenkie de Jong ha comenzado su tercera temporada en el FC Barcelona, que pagó 80 millones de euros al Ajax por el traspaso. En un periodo de fichajes decepcionantes, De Jong despertó entusiasmo y unanimidad. Llegaba de un Ajax joven y deslumbrante, su mejor edición desde la célebre cosecha de finales de siglo, adiestrada por Louis Van Gaal. La mayor parte de aquel equipo se incorporó al Barça: los hermanos De Boer, Litmanen, Kluivert, Overmars, Reiziger y Bogarde. Unos rindieron mejor que otros, pero ninguno cautivó en el Camp Nou.

La conexión holandesa supera lo circunstancial en el Barça. Desde la contratación de Cruyff en 1973, Holanda es una referencia de magnitud bíblica y un elemento de constante debate. Un sector del barcelonismo considera que el fortísimo vínculo holandés trasciende lo saludable, en contra de la opinión más ortodoxa y probablemente mayoritaria. El cruyffismo sociológico defiende que la influencia holandesa articuló el fútbol de un equipo que perdió su identidad a principios de los años sesenta.

Acudir al amparo holandés es un ejercicio recurrente, en general con excelentes resultados: Johan Cruyf y Rijkaard ganaron Ligas y Copas de Europa. Van Gaal conquistó dos Ligas. Pep Guardiola no es holandés, pero como si lo fuera. Profundizó como nadie en el ideario de Cruyff y lo transformó en un corpus futbolístico fascinante. No cabía duda de la carta final que utilizaría Bartomeu cuando la marea de la crisis comenzó a romper todos los diques. Holanda era el Dunkerke del club.

El regreso de Koeman funcionó como protector colchón sentimental. Frenkie De Jong era otra cosa, el joven profeta que devolvería al Barça el empaque y la intrepidez que se necesitaba en los años finales de Leo Messi. Tres años después, De Jong está muy lejos de confirmar la influencia que se le suponía.

El Ajax tiende a producir un tipo de futbolista deslumbrante en su particular ecosistema. Sin embargo, su capacidad de encaje no resulta fácil en la mayoría de las ocasiones, salvo en jugadores como Ibrahimovic o Luis Suárez, que son un planeta por sí mismos. Del aquel Ajax de Frankie de Jong salieron casi a la vez De Ligt (Juventus), Van de Beek (Manchester United) y Ziyech (Chelsea). Ninguno ha enamorado. De Jong tampoco. Peces fuera de su pecera.

De Jong fascina en los detalles, pero es inconsistente, cuando no epidérmico. Aterrizó para estructurar el juego del Barça y no lo ha conseguido. Se ha ganado la fama de llegador, pese a que sólo ha marcado nueve goles en 101 encuentros. De Jong pesa poco en los partidos y empieza a adquirir el perfil trashumante de los jugadores que no acaban de acomodarse a una posición en el campo. En el Metropolitano, jugó de extremo derecho en el primer tiempo, metáfora de su importancia en el Barça, cada vez más lateral. Queda por saber si es un problema suyo o de desaprovechamiento por parte de los entrenadores, incapaces de obtener el caudal que se presume en Frenkie De Jong. Por lo que parece, el mercado no le pierde la confianza. Su valor, según la web Transfermarkt, es de 90 millones. Qué raro es el fútbol.

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