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Hombrados: “En mi última etapa he sido un vinagres”

El portero, retirado a los 49 años, reflexiona en esta entrevista sobre sus múltiples amagos de despedida, cómo gestionaba la diferencia de edad con sus compañeros y el futuro del balonmano

José Javier Hombrados, en el pabellón de la Universidad Camilo José Cela, en Madrid.
José Javier Hombrados, en el pabellón de la Universidad Camilo José Cela, en Madrid.Luis Sevillano

Con 49 años, cinco Champions, siete Ligas y seis medallas con la selección, José Javier Hombrados puso fin a una carrera de balonmano única. En sus tres décadas bajo palos, fue protagonista de todos los vaivenes de este deporte. En los últimos tiempos compaginaba la portería del Guadalajara con la presidencia de la federación madrileña y la dirección de Deportes de la Institución Educativa Sek. Dos semanas después del descenso de su último equipo, anunció el adiós.

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Pregunta. ¿Cuántas veces se había planteado la retirada en los últimos tiempos?

Respuesta. Desde que llegué a Guadalajara [en 2015], el entrenador y el presidente han tenido siempre un mensaje mío a mitad de temporada, después de una derrota, en el que les decía que no contaran conmigo para el año siguiente. Dimitía. Cansado, cabreado porque no había hecho lo que tenía hacer. Pero luego me reenganchaba anímicamente. A estas edades, la cabeza es la clave. Sin embargo, esta vez no he encontrado ese aire fresco. ¿El reto era jugar con 50? Bueno, pues sí, pero está bien así.

P. ¿Le daba miedo dejarlo esas veces que dimitía?

R. Miedo no, respeto. ¿Qué iba a hacer sin entrenar? Y también estaba fenomenal. Mucha gente que no sigue la Liga pensaba que ya me había retirado. Pasaba desapercibido y eso me iba bien. En realidad, nunca pensé en cómo sería mi retirada hasta hace dos meses.

P. ¿Cómo ha manejado el declive físico?

R. Bastante bien porque tengo genética. Pero luego era el optimismo. Soy de los que cree que, si me duele algo y pienso en otra cosa, ya no me duele. El fisio del Guadalajara puede contar con los dedos de una mano las veces que me he tratado. Y no porque lo necesitara menos, sino porque había que ser fuerte. Pero bueno, sí, te despiertas y notas que la espalda no va bien, que las rodillas hacen clic-clic y, aunque calientas, aguantas menos minutos. Ya no estaba para 60. Y todo ello compaginando el balonmano con un trabajo de ocho horas.

P. ¿Hay que entrenar más o menos según se cumplen años?

R. Menos. Hay que afinar. Podía entrenar al 100% toda la semana, pero llegaba al viernes muerto. Me dosificaba y los entrenadores me lo permitían. Algunas veces les decía que pusieran los partidos el lunes porque estaría descansado del fin de semana.

“Muchos pensaban que ya me había retirado. Pasaba desapercibido y me iba bien”

P. ¿Qué no va a echar de menos?

R. Los viajes. Coger un autobús y hacer noche. Eso ya no lo aguantaba, me rompía. Hacerlo todo en el día, aunque fueran varias horas de trayecto, sí era llevadero.

P. ¿Cómo ha llevado la diferencia de edad que tenía últimamente con muchos de sus compañeros, a los que pasaba hasta 30 años?

R. Uf… Muchas veces era divertido porque me veían como un padre, con respeto. Era agradable esa admiración. Luego yo era el cascarrabias porque no entendía su jerga, algunas tonterías. Pero bueno, sí es cierto que en los viajes largos, con más vida social, resultaba más complicado porque no encontraba temas de qué hablar. Tú estabas con la política y ellos, con las amigas y el Instagram. A veces, eso mataba. Al final, casi pasaba más tiempo con los entrenadores que con los jugadores.

P. ¿A uno de 49 años se le echan broncas?

R. No. Tampoco hace falta que te las echen porque sabes cuándo lo haces mal. Una mirada del entrenador basta. No me echaba la bronca porque soy quien soy, pero tenía unas ganas estupendas. De todas formas, casi prefiero que me la echen a saber que lo estoy haciendo mal y que el otro no lo haga. Te sientes peor.

P. ¿Y usted las echaba?

R. Sí, sí. Yo he sido un vinagres. Echaba broncas constantemente, de todo tipo. De comportamiento, temas deportivos, tácticos... Siempre con afán constructivo. Los veía como parte de mi familia.

“Por diferencia de edad, en los viajes largos me resultaba más complicado hablar con los compañeros. Tú estabas con la política y ellos, con Instagram

P. ¿Siempre ha sido así o más en la última etapa?

R. Más últimamente por la diferencia de edad. Para mí también era un momento de explosión después de un día entero de trabajo. A veces el que se come el marrón es el primero que ves, y eso ocurría en un entrenamiento. Estaba cruzado por algo que me había pasado en la oficina y, sin comerlo ni beberlo, se lo llevaba otro.

P. ¿Había aspectos del comportamiento de sus compañeros que le chirriaban si los comparaba con sus inicios?

R. Son épocas muy diferentes. Cuando llegué al vestuario del Atlético, prácticamente no hablaba. Había respeto y silencio hacia los veteranos. Era un sistema muy jerárquico. Los jóvenes de ahora tienen un desparpajo brutal. A veces hay que entrar en su dinámica, pararles los pies, educarles y advertirles a algunos de que tienen un futuro importante. Pero el respeto siempre ha sido máximo.

P. ¿En los últimos tiempos ha soñado más con la gestión o con paradas?

R. Con la gestión. Los problemas que te quitan el sueño son las decisiones del día a día.

P. Lleva años en los despachos. ¿Descarta los banquillos, incluso como entrenador de porteros de forma puntual?

R. Me atraería, pero tendría que encajar. Cuando eres presidente de una federación, no puedes hacer otras cosas. Y también es cierto que se me va pasando el arroz.

“Tengo proyectos diseñados para que vuelva el Atlético”

P. Para un atlético, ¿una despedida soñada hubiera sido de rojiblanco?

R. Sobre todo, por lo que significaría. En mi despedida no he necesitado grandes cosas. Pero por lo que supondría tener un proyecto potente de balonmano en Madrid como el Atlético... Ojalá eso se produzca algún día.

P. ¿Guarda la esperanza o hay algo más?

R. Yo tengo proyectos diseñados para que el Atlético pudiera entrar en la dinámica. Es un tema difícil y me pongo en el pellejo del club, que tiene frentes económicos importantes. Yo quiero que lo hagan convencidos, no imponerlo a nadie.

P. ¿Si le ofrecen dirigirlo?

R. Me pondrían feliz, pero les respondería si están convencidos. No puede ser un proyecto temporal. Tienen que creer que sería bueno para el club.

P. Usted siempre jugó contra el Barcelona. ¿Eso significa algo?

R. No. De hecho, de pequeño era más afín al Barcelona que al Real Madrid. Y luego cuando hubo una posibilidad de fichar por ellos, quedó en eso.

“En el balonmano fuimos poco planificadores, éramos gigantes con pies de barro”

P. Fue parte del Ciudad Real, la gran desaparición del balonmano español. ¿Qué piensa ahora de todo aquello diez años después?

R. Pudo existir precipitación, pero los que manejaban el club tenían claro que había que buscar una salida. El proyecto luego no terminó de echar raíces en Madrid, con el Atlético, y ahora podríamos estar hablando de otra manera si eso hubiera cuajado. Es difícil valorarlo. Quien mejor puede hablar es el presidente, Domingo Díaz de Mera. Lo admiro por el esfuerzo que hizo. La gente de Ciudad Real pedía seguir, aunque fuera con algo más humilde, y les entiendo. Les quitaron una parte de ellos por seguir con un proyecto económicamente mejor.

P. No solo cayó el Ciudad Real. Y el diagnóstico es claro de por qué pasó: dependencia del boom inmobiliario. ¿Nadie alertó de los riesgos?

R. Tuvimos la oportunidad de construir otro balonmano cuando las cosas iban bien, pero fuimos poco planificadores. El Ciudad Real sí tenía una estructura, aunque luego se volvió insostenible. En otros eso no se hizo. Éramos unos gigantes con pies de barro. En Alemania, por ejemplo, invierten más en estructuras que en la plantilla. Aquí, el 90% del dinero se destinaba al equipo.

P. ¿El balonmano volverá a tener otra oportunidad?

R. Creo que sí. Ahora las estructuras son más profesionales, saben cómo debe ser la gestión. Antes había una o dos personas para todo el club. Lo que pasa es que no hay dinero.

“Se retransmite más balonmano que nunca, pero no tenemos gente que lo vea”

P. ¿Esta es una de sus obsesiones?

R. La obsesión es que haya más niños haciendo balonmano. Nos tenemos que centrar en la base porque de ahí salen los aficionados. Ahora hay más balonmano en televisión que nunca, pero no tenemos gente que lo vea. Cada club tiene sus aficionados que sigue sus partidos. La selección aglutina a todos ellos, pero solo juega un mes al año. Falta una cultura más general de balonmano. Y en los colegios han entrado otros deportes a robar parte de la tarta.

P. ¿Le preocupa el efecto que pueda tener un bajón de la selección?

R. La selección siempre tiene un seguimiento. Juntar 20 jugadores buenos no será difícil. No estuvimos en Río y no pasó nada. Volvemos en Tokio. Sí hay que tener cuidado con no dar un paso atrás en el profesionalismo. Eso hará que se borre mucha gente. Ese peligro existe. Hay muchos chicos que trabajan a la vez que juegan, y no es bueno para nuestra Liga. Hay que mejorar económicamente para que se dediquen en exclusiva porque, si no, volvemos a los noventa.

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