fútbol

Un triunfo futbolístico por 80 euros al mes

El modestísimo club grancanario Panadería Pulido asciende a la cuarta categoría del fútbol español

Los jugadores del Panadería Pulido celebran el ascenso a la Segunda RFEF tras vencer al Atlético Paso en el Campo Municipal de El Paso, el 6 de junio.
Los jugadores del Panadería Pulido celebran el ascenso a la Segunda RFEF tras vencer al Atlético Paso en el Campo Municipal de El Paso, el 6 de junio.

El fútbol no deja de escribir historias de modestos que alcanzan cotas inesperadas. Muchas de ellas se desarrollaron en la fenecida Segunda División B, en la que durante 44 años se alinearon 390 equipos. Seis de las 12 ciudades más pobladas de España (Málaga, Murcia, Palma, Las Palmas de Gran Canaria, Alicante y Córdoba) tienen o tuvieron a su club más representativo en una categoría por la que han pasado campeones de Liga como el Deportivo o conjuntos nacidos en una iglesia de barrio, como el Covadonga ovetense. Ahora, a la nueva categoría de Segunda RFEF, en la que jugarán equipos con pasado en Primera como Hércules, Numancia, Córdoba, Murcia o Pontevedra, acaba de ascender el Panadería Pulido, radicado en Vega de San Mateo, el municipio a mayor altura de Gran Canaria (850 metros sobre el nivel del mar).

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Como para no tener vértigo. “¿Vértigo? No. ¡Miedo!”, comenta, medio en broma medio en serio, Juan Carlos Socorro cuando se le pregunta por sus sentimientos. El entrenador del Panadería Pulido, con una carrera de 14 años como futbolista, fue uno de los jugadores de referencia en el Las Palmas de los noventa, el equipo que integró a Samways o Turu Flores y vio amanecer a talentos como Valerón y Manuel Pablo. “Nos va a costar un mundo”, reconoce.

“Estamos algo perdidos ante lo que se nos viene”, admite Francisco Rodríguez Pulido, uno de los fundadores del club. Su escudo incluye una espiga de trigo, un balón y el año de creación: 1993.

“Que nadie pregunte por el director deportivo o la secretaría técnica. Ni siquiera por los sueldos”, afirma el entrenador

Vega de San Mateo es una localidad de 7.500 vecinos en las Medianías, como se conoce en las Canarias al territorio de una isla entre los 600 y los 1.500 metros de altitud, un colorista crisol de bancales y población dispersa en un espacio en el que el clima muta hacia algo similar al del norte peninsular. Allí, el deporte rey ha sido durante décadas la lucha canaria. “Montamos y costeamos un equipo de fútbol para dar otras opciones y que los chiquillos no estuviesen en la calle. Le llamamos Panadería Pulido San Mateo, como la empresa de mi familia. No es un patrocinio, sino el nombre del club”, recalca el fundador. “A los dos años, ya teníamos una base con equipos de alevines, pero el sénior se pasó muchos años en Segunda Autonómica. Luego subió a Primera y llegó Socorro para subir de Preferente a Tercera, donde llevábamos cinco años”, añade.

El problema de los viajes

Afirma Socorro: “Yo quería foguearme como entrenador y me encontré el equipo más humilde que se puede imaginar”. El club carece de web o de redes sociales. Que nadie pregunte por el director deportivo o la secretaría técnica. Ni siquiera por los sueldos. Los futbolistas cobran un fijo mensual de 80 euros y otros 40 por partido ganado, 20 si empatan. Con menos de 70.000 euros de presupuesto, el Panadería Pulido ha llegado a la misma categoría a la que acaba de caer el Córdoba, con nueve millones.

Algunos jugadores que lograron el ascenso no podrán jugar porque tienen que trabajar los sábados

“Preguntaremos cómo hacer; nos asesoraremos y vamos adelante. Jugaremos en Segunda RFEF y que nos quiten lo bailado”, dice Pulido. Pero el crecimiento conlleva costes. “Me apena que algunos jugadores que han peleado por el ascenso se vayan a perder esta gran oportunidad porque tienen que trabajar los sábados”, señala Socorro. Los entrenamientos se pueden acomodar a última hora de las tardes, pero viajar a la Península para jugar la mañana de los domingos obliga a desplazarse el día anterior. Tres jugadores estudian, pero el resto trabaja en tiendas, supermercados o, de forma mayoritaria, en labores agrícolas.

El alma del equipo no cambiará. “Somos canarios, tratamos bien la pelota”, incide el técnico, quien previsiblemente esperará a los descartes de los filiales del Las Palmas para reforzar una plantilla en la que apenas un jugador se ha asomado a una categoría que no sea regional: hizo una pretemporada en Segunda B. “En el fútbol canario no hay mucha diferencia entre Tercera y Preferente y el formato corto de competición de este año convirtió el ascenso en asequible”, destaca Socorro.

Hace 98 años, un horno de piedra de Vega de San Mateo se convirtió en panadería. Hoy, aquel negocio familiar ya mira a su quinta generación, tiene siete tiendas, más de cien trabajadores y un inopinado escaparate gracias a la pelota. Más que nunca, pan y fútbol.

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