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A ‘palos’, Zverev reina en Madrid

El alemán logra su segundo trofeo en la Caja Mágica al vencer al italiano Berrettini en una final a cañonazos, la más larga en la historia del torneo a tres sets: 6-7(8), 6-4 y 6-3, después de 2h 40m

Alexander Zverev durante la final del Masters de Madrid ante Matteo Berrettini este domingo.
Alexander Zverev durante la final del Masters de Madrid ante Matteo Berrettini este domingo.SERGIO PEREZ / Reuters

¡Pim, pam, pum! Bienvenidos al tenis del hoy, del mañana. Zambombazos por doquier, bolas a una velocidad de vértigo, brazos desprendiendo fuego. Dos, tres, cuatro golpes, ¿para qué más? ¿para qué pelotear? Ahí están dos jovenzuelos largos a más no poder, de 1,98 uno y 1,96 el otro; son agresivos, rompen la bola en cada tiro y no quieren líos, así que abrevian y los juegos se suceden a un ritmo monótono, robótico, tan abrumadoramente plano que la final de Madrid se traduce en un simple cara o cruz, palo aquí y palo allá, de estacazo en estacazo hasta que la ley del más fuerte dice que esta vez el campeón es Alexander Zverev: 6-7(8), 6-4 y 6-3 a Matteo Berrettini, después de 2h 40m de llanura. La final a tres sets más larga del torneo, por encima del Federer-Berdych de 2012 (2h 38m).

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Es el nuevo tenis, el que ya está aquí y ha venido para quedarse. Allá quedaron la clase de Edberg, la osadía de McEnroe, el virtuosismo de Agassi. Allá quedaron los valientes. Se apaga lentamente Federer, rumbo a los 40. Son los nuevos cánones: juventud, altura, palanca, potencia. La Next Gen, le llaman. Una nueva generación monoregistro por la que, afortunadamente, se asoman algunas excepciones que se desmarcan, caso de Alcaraz, Musetti, Shapovalov. Pocos más, pero todavía hay esperanza. En cualquier caso, ya gobierna la fuerza, el derribo, ese prototipo moderno de adolescente gigantón que termina convirtiéndose en una máquina de despedir pelotas.

Hay escasez de muñeca, creatividad a cuentagotas. Tiros a 235 kilómetros por hora. Llueve en el exterior de la Caja Mágica y atruenan los proyectiles dentro. La cubierta cerrada multiplica la sonoridad de los raquetazos y también de los aplausos –alrededor de 4.000 asistentes en una tarde de perfil otoñal– cuando ocupa su localidad VIP la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. “¿Qué está pasando?”, pregunta inocente Zverev, y el árbitro Mohamed Lahyani, al quite cuando va a proceder al sorteo inicial, le explica que es un tema de autoridades y señala al fondo, donde también ríen el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y el director del torneo, Feliciano López.

“¡Viva Ayusoooooo!”, se jalea desde las gradas varias veces, obligando al juez a pedir moderación al respetable. Luego continúa la acción, que consiste en un fino equilibrio de fuerzas, de trallazo a trallazo hasta que uno de los dos da un paso en falso. El primero es del alemán, que pese a remontar el tie-break del primer set, 0-5 adverso de partida, falla cuando no debe y con 8-8 comete una doble falta que premia a Berrettini. El italiano (25 años, 10º del mundo) apuntilla con el saque, pero en el segundo parcial resbala inoportunamente, también con una doble falta (break para 5-4), y en el tercero su brazo derecho ya flaquea después de tanto reventar la bola y Zverev impone su jerarquía, que por algo ya se coronó aquí hace tres años, y por algo ya suma cuatro Masters 1000 (los otros dos en Roma y Canadá, 2017).

El alemán, de 24 años y que reniega de formar entre los jóvenes, ya es el que más títulos acumula (15) de la nueva hornada, el quinto tenista en activo con más miles por detrás de Novak Djokovic (36), Rafael Nadal (35), Roger Federer (28) y Andy Murray (14). Ahora que la vieja guardia compite cada vez más a la carta, el segundo escalón de torneos abre una jugosa veta para las alternativas, hasta hace nada impensable. Esta temporada, Hubert Hurkacz festejó en Miami, Stefanos Tsitsipas en Montecarlo y él vuelve a celebrar en la Caja Mágica, un territorio de tierra muy peculiar porque la pelota viaja a una velocidad superior por la altura. A palos, Sascha es el rey de Madrid otra vez.

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