TENIS | MUTUA MADRID OPEN

Sabalenka, campeona a las bravas

La bielorrusa remata un magnífico torneo con una exhibición de potencia ante Barty: 6-0, 3-6 y 6-4

Sabalenka posa con el trofeo de campeona en la central de la Caja Mágica.
Sabalenka posa con el trofeo de campeona en la central de la Caja Mágica.SERGIO PEREZ / Reuters

En la tendencia que peligrosamente se ha adueñado del tenis en los tiempos modernos, se impuso en la Caja Mágica de Madrid la bielorrusa Aryna Sabalenka. Es decir, la que más fuerte le pega a la bola. Frente al planteamiento cerebral de la número uno, Ashleigh Barty, la campeona, de 23 años, hizo valer su propuesta de vértigo y visceralidad, de principio a fin con el mazo en la mano para redondear un torneo en el que ha sido la más fuerte y la mejor, sin discusión. El 6-0, 3-6 y 6-4 de la final (en 1h 39m) le sirvió para elevar su trofeo más valioso y para convertirse en la segunda ganadora más joven del evento, por detrás de la checa Petra Kvitova, que se coronó en 2011 con 21 años.

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Sabalenka hizo valer su pegada en un duelo de contrastes, que reunía dos propuestas profundamente radicales: la potencia de una frente al academicismo de la australiana, que 13 días atrás se había salido con la suya en el choque entre ambas en Stuttgart. Esta vez, prevaleció la derecha hercúlea de la bielorrusa, una tenista que procesa el juego en una sola dirección, de raquetazo en raquetazo hasta que la otra caiga o ella se vaya a la lona por sí misma. Sin medias tintas, ruleta rusa. Un todo o nada que en esta ocasión le funcionó, en buena medida porque a diferencia de otros días no perdió del todo el temple y canalizó el nervio en la dirección más adecuada.

Salió en estampida desde la primera pelota en juego. De zurriagazo en zurriagazo, arrolló a la número uno en el primer parcial y asombró a los asistentes que se acercaron ayer al barrio de San Fermín; medio millar de inicio, y medio más tras el primer receso. En el palco reservado a las autoridades, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, comprobó de primera mano cómo fluye la bola pesada de Sabalenka. En uno de sus cañonazos, golpeó con el marco y al caer, la pelota rebotó en un asiento para chocar acto seguido contra el representante del Partido Popular. No hubo disgusto, sí alguna carcajada y después continuó la tormenta de la bielorrusa.

Ocurre que de tanto golpear al saco, con tantísima fuerza, se desfondó y lo aprovechó Barty para recuperar algo de terreno y conducir el litigio hacia donde más le convenía. Es decir, puso a su rival a pensar y a correr, abriendo ángulos y arrinconándola tácticamente. No hay tenista más sesuda que la australiana y así consiguió prolongar el choque, dirimido finalmente a los puntos. Aunque amagó un par de veces con perder el control, al borde del síncope anímico, Sabalenka acabó imponiendo su aceleración, con saques que superan los 190 kilómetros por hora —bastante más veloces que los de muchos jugadores del circuito masculino— y una lluvia de golpes ganadores: 34 en total, nueve de ellos en forma de saques directos.

De este modo, la bombardera de Minsk —1,82 de estatura, con un tigre tatuado en su antebrazo izquierdo como carta de presentación— remató un torneo excepcional, en el que ha arrollado a quien le salía al paso. De camino a la final, tan solo había entregado 18 juegos, ni un solo set. Se trata de su primer éxito sobre tierra batida, el décimo en su ficha y el más importante de toda su carrera. Releva en el palmarés a la vencedora de 2019, la holandesa Kiki Bertens, y asciende al cuarto escalón del ranking, por detrás de la propia Barty, Naomi Osaka y Simona Halep. Lanzó de paso una advertencia: de cara a Roland Garros, que nadie descarte a la furibunda Sabalenka.

“Hace un par de años me volvía loca dentro de la pista, casi en cada partido, y eso ha cambiado. Cuanta más experiencia tienes, mejor entiendes qué debes hacer y qué puedes controlar o qué no”, afirmó. “Antes pensaba que esta superficie no era para mí, pero ahora estoy demostrando mi juego”, prosiguió durante la comparecencia ante los periodistas. “¿Ganar un Grand Slam? Lo complicado es hacer esto en un grande. En esos torneos todo es diferente, más duro. No sé si podré conseguirlo este año, pero voy a hacer todo lo posible para alcanzar mi máximo nivel en uno de ellos”, remató.

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