MOTOCICLISMO

Ana Carrasco: “He entendido que me puedo hacer mucho daño”

La pilota española, campeona del mundo de motos, prepara su regreso a las pistas tras una fractura de columna

Ana Carrasco.EL PAÍS / EL PAÍS

El 10 de septiembre del 2020, un año raro y corto, de pocas carreras, de grandes premios sin público, la pilota Ana Carrasco (Cehegín, Murcia; 24 años) sufrió un accidente en el circuito de Estoril durante unos tests. “Una caída tonta al entrar en la grava”. Se fracturó la vértebra dorsal. “Lo primero que se me pasó por la cabeza tras el accidente fue si podría correr en Barcelona, quedaba una semana. Conforme me iban dando información me fui dando cuenta de que no iba a poder correr esa ni ninguna otra carrera”, recuerda ahora la pilota, la primera campeona de un Mundial de la FIM. Fue en 2018, cuando venció en la categoría de SuperSport 300 a otros 40 pilotos, casi todos hombres. Hoy, cinco meses después, vuelve a pilotar su Kawasaki Ninja 400. Hoy, una larga cicatriz, que no tiene reparos en mostrar, recorre su columna para recordarle cuánta suerte ha tenido.

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El parte médico a su llegada al Hospital Quirón Dexeus de Barcelona aún produce escalofríos: “Fractura de la columna dorsal, que (...) afecta a todo el cuerpo vertebral provocando pérdida de altura de aproximadamente 50%. Se realiza resonancia magnética para valorar afectación neurológica y se detecta un pequeño desplazamiento, de dos milímetros, a nivel de T4 que invade el canal óseo, pero sin afectar a la médula”. La doctora Maite Ubierna le practicó una cirugía para estabilizar las fracturas y permitir una precoz movilización.

Carrasco, pura vitalidad y optimismo, afrontó desde el inicio el proceso de recuperación como una tarea más. Aunque no lo fuera. Salió del hospital con seis kilos menos cuando su peso habitual está en 57. Y hospedó a sus padres en su casa de Barcelona: “No podía vivir sola. Necesitaba que me ayudaran porque no podía hacer prácticamente nada”. Y ellos, encantados de cuidar a la pequeña de la casa, la más dura y tozuda de los tres hermanos, la que de pequeña dormía con su moto metida en la habitación.

“Nunca dudé que volvería a correr. Me dijeron que necesitaría entre tres y cinco meses para poder empezar a estar bien y hacer vida normal; al final, hemos acortado mucho los plazos”. Han pasado cinco meses y una segunda operación para volver a verla montada en moto.

Ya había sufrido lesiones antes: en el codo, la clavícula o el hombro. Esta última, en 2015, acabó dejándola fuera del Mundial de Motociclismo, donde competía en la categoría de Moto3. “El médico me dijo que necesitaría dos años para recuperarme. Era como decirme que me olvidara de volver a correr en moto”. Pero Carrasco rara vez da su brazo a torcer: “Si todos los años que me ha ido mal hubiera tirado la toalla, nunca hubiera sido campeona del mundo. En este deporte estamos acostumbrados a hacernos daño, pero una lesión de espalda siempre asusta un poco más”.

Ana Carrasco, se entrena con la Kawasaki Ninja en el circuito de Navarra.EL PAÍS

Ha vuelto a entrenar. Y a sonreír a boca abierta. Como cuando hace unas semanas, después de rodar un par de días en un karting con una moto pequeña, se plantó en el circuito de Montmeló. “Tenía dudas sobre cómo podía ir con la Kawasaki, que es una moto mucho más grande y tiene más velocidad”. Pero fue muy bien. “Rodé en los mismos tiempos que hace un año. Y las sensaciones fueron buenas. Sigo teniendo dolor y trabajando con el fisio, pero soy rápida, que es lo importante”.

Volvió a subirse a la moto esta semana en Navarra, aunque sigue en proceso de rehabilitación. “Hago mucha piscina, trabajo la movilidad, y hago ejercicios de fuerza para fortalecer la espalda y el cuello, que es lo que llevo peor”.

Con la mirada puesta en el próximo Mundial de SSP300, Carrasco evita echar la vista atrás. “Si le das muchas vueltas a lo malo, al daño que te podrías haber hecho, al final te quedas allí. El único camino es pensar qué hacer para recuperarte, estar mejor y volver lo antes posible”. Reconoce que no ha hablado con nadie del riesgo que corrió. “Ni siquiera con mi familia. Desde el principio he entendido este riesgo como parte de mi trabajo, he entendido que me puedo hacer mucho daño y que una caída puede tener consecuencias difíciles. Pero tuve suerte”.

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