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El ‘estilo Juve’ se le atraganta a Agnelli

El presidente juventino se encaró con su exempleado Conte tras el último duelo con el Inter: “Cállate, capullo”

Antonio Conte, durante el Inter-Lazio de este domingo.
Antonio Conte, durante el Inter-Lazio de este domingo.ALESSANDRO GAROFALO / Reuters

Cuando el árbitro pitó el final del primer tiempo, Antonio Conte se fue hacia el túnel de vestuarios y le dedicó una peineta furtiva a Andrea Agnelli, presidente de la Juventus. El Inter y la Vecchia Signora se jugaban el pase a la final de la Copa Italia en Turín el martes. El entrenador del equipo milanés se había pasado los 45 minutos escuchando insultos, según contó luego. El banquillo de los rivales de la Juve suele quejarse de ese tipo de cosas. Pero nadie sospechó hasta esta semana que el eco de los improperios y las blasfemias también podía proceder del palco de un club que siempre se vanaglorió de su elegancia. “Stai zitto, coglione [cállate, capullo]”, le gritó Agnelli a Conte, uno de los tantos exempleados de su familia. El Inter quedó eliminado esa noche contra su gran en enemigo. En realidad, fue el último capítulo de una historia de traición y desamor.

Conte, un sureño hosco y algo rudo, poco refinado la mayoría de sus facetas —son un clásico las burlas sobre su acento salentino y las imitaciones del cómico Maurizio Crozza —, fue un símbolo de la Juve. Luego terminó su carrera y entrenó al Bari en su tierra y al Siena, poco después. Pero quería más. Se armó de valor y se fue a casa del sobrino del Avvocato Agnelli e hijo de Umberto, último gran presidente de la Juventus. Andrea acababa de hacerse con el control del equipo después de que regresara a la élite tras penar en la Serie B por comprarse árbitros. Conte entró, le hizo su propuesta y se marchó. Cuando salió por la puerta, la mujer del presidente le preguntó quién era aquel tipo. “El nuevo entrenador de la Juventus”, le respondió. Se habían enamorado.

La parte freudiana de esta historia nace de aquel encuentro. Agnelli cree todavía que fue él quien se inventó al Conte entrenador. Y el técnico está seguro de que el equipo que ha ganado nueve títulos consecutivos es el fruto del trabajo, no suficientemente reconocido, que realizó en las tres primeras temporadas de esa racha. Un periodo exitoso y tortuoso. Con la directiva y con los jugadores. Pirlo, que el martes ocupaba el mismo banquillo de la Juve, se fue una vez a la ducha tras un cambio en lugar de pasar por la caseta, como Conte exigía. “La próxima vez al vestuario te vas con la pierna rota”, le soltó.

El estilo de la casa

Los equipos de Conte terminan exhaustos. Y él nunca ha tenido demasiada paciencia. Después del tercer scudetto seguido en Turín, en plena pretemporada, cuando Agnelli no quería abrir la billetera para traer a los mejores, pronunció una histórica frase. “No se puede ir a un restaurante de 100 euros con 10 euros en la cartera”. El restaurante era la Champions, la obsesión de la Juventus desde que la ganó en 1996 por segunda vez. Agnelli enfureció y Conte se fue dando un portazo. El problema es que al año siguiente Massimiliano Allegri fue al mismo restaurante con idéntico saldo: ganó cuatro scudetti seguidos más y se plantó en dos finales de Champions (con el Barça y el Real Madrid).

A la Juve nunca le ha bastado que sus entrenadores hicieran bien su trabajo (en eso se parece también al Real Madrid). También debían encajar en ese supuesto estilo de la casa. Quizá por eso Pirlo tiene crédito, aunque el equipo esté mucho peor ahora (va tercero y el sábado perdió 1-0 con el Nápoles). Maurizio Sarri ganó el scudetto el año que sustituyó a Allegri. El equipo empezó a jugar como lo había hecho siempre en el Nápoles y en el Chelsea. Pero se presentaba en chándal a los partidos, se quejaba de la política de marketing del club, fumaba en el banquillo y blasfemaba en las ruedas de prensa. “Parece un empleado de grandes almacenes”, lo ridiculizaban los tifosi. Lo echaron con la excusa de una eliminación en Champions.

La elegancia, saber ganar y perder, ha formado parte durante años del relato construido en Turín. Pero las costuras de la compostura a veces no aguantan la dimensión de un pasado incómodo. Ni Andrea Agnelli se parece demasiado a su tío Gianni —quizá el hombre más elegante de Italia— ni Conte ha sido nunca un plato fácil de digerir.

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