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Por Kobe y por Australia

Nole, que se expone a una multa por un roce con el juez de silla, dedica el trofeo a Bryant y al país anfitrión por los incendios, y dice que Thiem jugó mejor. “Cada vez estoy más cerca”, dice el austriaco

Djokovic da un toque al árbitro en un instante de la final en Melbourne.
Djokovic da un toque al árbitro en un instante de la final en Melbourne. dpa

Debajo de una balconada, un nutrido grupo de seguidores serbios bailoteaban al ritmo de un acordeón y jaleaban el triunfo de su héroe, que se asomaba desde lo alto dándose golpecitos en el pecho y les devolvía el cariño, y luego departía ante las cámaras habiéndose liberado de toda la tensión acumulada en las dos últimas semanas. Hombre sensible y cercano, impecable en las distancias cortas, a Novak Djokovic le han afectado los incendios que han devastado el sureste de Australia y también la reciente muerte de su amigo Kobe Bryant.

“En esta vida solo existe el presente”, puso por delante. “La vida son dos días y hay que vivirla al máximo. Quiero trasladar todo mi cariño a su familia, a todos los afectados por los terribles incendios y a toda la gente que de una manera u otra ha sufrido pérdidas. Los deportistas competimos al máximo para poder llegar a estos momentos, pero hay cosas en la vida mucho más importantes”, manifestó el de Belgrado, que estos días ha lucido en su sudadera verde un corazón, acompañado de las siglas KB, un 8 y un 24 en honor al baloncestista.

“Este país es precioso”, continuó, “y sus animales también han sufrido mucho”, lamentaba el nuevo número uno de la ATP, que con su triunfo en Melbourne recuperó el trono 91 días después y aventaja ahora a Nadal en 325 puntos: 9.720 frente a 9.395. Esta será su 276ª semana al mando del circuito y, en este sentido, por delante de él solo figuran el suizo Roger Federer (310) y el estadounidense Pete Sampras (286). Observa ahora desde lo alto y ve Djokovic cómo Thiem también escala, situado en el cuarto peldaño del ranking.

“Quiero darle la enhorabuena a Dominic, porque estuvo muy cerca de ganar”, afirmó. “Ha completado un torneo asombroso y estoy seguro de que tendrá más oportunidades de elevar un Grand Slam, y más de uno”, matizó a pie de pista. Después, cuando el reloj ya fijaba la madrugada, Nole recorrió el extenso complejo de Melbourne Park acompañado de su responsable de comunicación, Elena Cappellaro, y atendió a varias televisiones antes de cruzar a las 2:05 la puerta de la sala de conferencias, brindó con los presentes.

El bajón y la “poción mágica”

“Gracias, pero yo prefiero mi zumo. No bebo alcohol, pero seguro que mi hermano sí…”, bromeó cuando le ofrecieron champán. “¿Qué llevo en la botella? Aunque lo parece, no es vino tinto. Es la poción mágica de mi fisio”, sonrió. “Después de esto, pase lo que pase ya se puede considerar la temporada un éxito”, expresó a continuación el de Belgrado, ganador de tres Grand Slams en 12 meses y que nunca había remontado una final de un grande cuando comenzó con una desventaja de 2-1 en sets. “Lo de hoy ha sido turbulento”, definió; “después de perder el segundo set me sentía realmente mal. Mi energía bajó significativamente, no sé qué me ocurrió… Estaba bien hidratado, según me ha dicho el doctor”, prosiguió antes de elogiar a Thiem: “Ha jugado mejor. Seguramente nos ha separado un tiro o un punto”.

Respecto al roce con el juez de silla, comentó: “Creo que la segunda advertencia no era necesaria. La primera, ok, no hay problema, pero la segunda no. Creo que él [el francés Damien Dumusois] podía haber reaccionado mejor ante esa situación. ¿El toque en el pie? No sabía que estaba completamente prohibido [según el reglamento, podría ser sancionado con 20.000 dólares por abuso físico], pero en realidad fue un buen toque, realmente amistoso, no fui agresivo”.

El carácter de un campeón

Por último, respecto al pulso a tres con Federer y Nadal, rebobinó al pasado y explicó por qué todos ellos son capaces de sobreponerse durante tanto tiempo a las circunstancias y seguir ahí arriba. “No puedo hablar por ellos, pero en mi caso yo me eduqué en Serbia, cuando hubieron varias guerras en los noventa; fue un momento duro, con mi país embargado; teníamos que hacer una cola para conseguir pan, leche y otros productos básicos”, recordó; “y este tipo de cosas te hacen más fuerte y hacen que tengas más hambre de éxito en aquello que haces”, zanjó con gesto relajado.

Antes, Thiem se mostraba resignado. “He dado todo lo que tenía, me siento vacío”, señaló al austriaco. “Contra este tipo de campeones los detalles deciden. Han llevado el tenis a otro nivel, pero en las dos últimas finales Daniil [Medvedev, en Nueva York] y yo hemos estado muy cerca. Han coincido en la misma época los tres mejores de la historia de nuestro deporte y eso nos lo pone muy difícil al resto”, resolvió el subcampeón, que de la mano del chileno Nicolás Massú ha dado un salto cualitativo en superficie dura.

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