TENIS | ROLAND GARROS

El heroico Schwartzman reta a Nadal

El argentino fulmina a Thiem en el segundo partido más largo de esta edición en París (7-6(1), 5-7, 6-7(6), 7-6 y 6-2, en 5h 08m) y aguarda en la penúltima ronda al balear, verdugo de Sinner (7-6(4), 6-4 y 6-1)

Schwartzman celebra su victoria contra Thiem en París.
Schwartzman celebra su victoria contra Thiem en París.MARTIN BUREAU / AFP

Argentina, tristona ella en esto del tenis, encuentra la felicidad en un intervalo de seis horas, las que transcurren entre la victoria de Nadia Podoroska (6-2 y 6-4 a Elina Svitolina), una tenista de abuelos ucranianos que venía prácticamente de la nada y de repente aterriza en las semifinales de Roland Garros, y el triunfo de Diego Schwartzman, más desafiante que nunca porque despachó del torneo (7-6(1), 5-7, 6-7(6), 7-6 y 6-2) a Dominic Thiem, desfondado en una incesante batalla de 5h 08m. Más carga emocional y física que finura, pero el argentino, que en menos de tres semanas ha derrotado a Rafael Nadal y al austriaco, el dos y el tres del mundo respectivamente, disputará sus primeras semifinales de un grande.

Premio para un tenista que se lo ha ganado a pulso, que se desenvuelve en un territorio de gigantes con un repertorio cerebral, e inteligente como pocos. También valiente. Le sobran agallas al Peque, de 28 años y que el próximo lunes debutará entre los 10 mejores del circuito. Merecida recompensa que, paradojas de la vida, le llega en una temporada extraña de por sí, y también rara para él. No despegó bien y retornó peor, dándose un buen golpetazo en la primera del US Open. Sin embargo, la tierra del Foro Itálico de Roma le devolvió las alas (apeó a Nadal en los cuartos) y en este Roland Garros ha cobrado todo su esplendor, compitiendo a lo grande.

Lo contrario que Thiem, de más a menos, difuminado. El pegador austriaco venía por primera vez con el cartel real de favorito después de haber reventado los grilletes que exige romper el logro de un primer Grand Slam, pero en París su línea ha sido claramente descendente. Padeció y escapó de un buen apuro frente al descarado Hugo Gaston, ante el que recurrió a los cinco sets, y finalmente fue abatido en otro kilométrico duelo, el segundo más largo de esta edición, por detrás del Giustino-Moutet, 6h 05. De las dudas a más dudas, y del susto al trompazo, el semifinalista de las cuatro últimas temporadas (y finalista en dos de ellas) se rindió cuando había hecho lo difícil.

Resistió al tramposo juego que le planteó Schwartzman y pese a que se le escapó el primer set casi de las manos (estuvo en dos ocasiones a dos puntos de cerrarlo) se anotó el segundo cuando el bonaerense le había enredado impidiéndole sellar hasta siete bolas de break, con 4-4. Sacó petróleo el argentino insistiendo en su revés, pero, así son las cosas, patinó con el suyo y propició la igualdad. No obstante, Thiem seguía sin dar un paso al frente, replegado un metro por detrás de la línea de fondo y todo el rato a la expectativa, viéndolas venir.

Schwartzman cosía y urdía, esperando el paso en falso, y se quedó con las ganas porque no acertó a definir con 5-3 y después tampoco atinó a convertir una bola de set al resto; luego, Thiem (27 años) se adjudicó la manga, aunque no se libró del tembleque: estuvo 5-1 arriba y lo cerró tiritando.

El thriller continuaría en la continuación. Pese al golpe, El Peque no se arrugó e igualó, pero no sin suspense. Desperdició un 5-3 y 40-0, aunque remachó posteriormente en el tie break y dejó a su rival grogui. Anímicamente derruido —para muestra ese revés estrellado en la red del epílogo, con ganas de irse al hotel—, Thiem levantó LA bandera blanca y se rindió ante el bravo Schwartzman, al que tenis, de alguna manera, le debía algo porque con su 1,70 de estatura (menos, pese a que así lo indique su ficha de la ATP) propone a contracorriente y guerrea como pocos con los pesos pesados del circuito.

Aguarda el argentino a Rafael Nadal, que aplacó al italiano Yannik Sinner (7-6(4), 6-4 y 6-1) después del choque femenino en el que Iga Swiatek se impuso a Martina Trevisan por 6-3 y 6-1. El menudo tenista de Buenos Aires recoge el testigo de Juan Martín del Potro, el último semifinalista de su país en Roland Garros.

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