memorias en blanco y negro

Errazquin, el James Dean del fútbol español

Ansu Fati resucita el recuerdo de este jugador irundarra nacido en Argentina, dos ejemplos de precocidad

Juan Errazquin.
Juan Errazquin.

Después de la plata de Amberes 1920, España sufrió un gran chasco en París 1924, donde cayó a la primera ante Italia por un autogol de Vallana. Aquello exigía una reparación y la buscamos un año después contra Suiza, subcampeona olímpica. El partido fue el 1 de junio de 1925 en Berna: la plata de París frente a la plata de Amberes.

Allí debutó un chaval llamado Juan Errazquin, que saldría encumbrado. España ganó 0-3 y los tres goles los hizo él. Para completar la revancha, España recibió el día 14 del mismo mes a Italia en Valencia. Errazquin llegó rodeado ya de un halo de expectación a cuya altura supo estar: marcó el único tanto del partido. Gran Vida, la gran revista de variedades de la época, le dedicó la portada y le hizo una entrevista, en la que se declaraba fervoroso amateur. Trabajaba de paquetero en la aduana.

Aquel joven prodigio había nacido curiosamente en Argentina, en Los Leones, provincia de Córdoba, hijo de padres vascos que regresaron cuando él era muy pequeño. Se crió en Irún, donde creció enamorado del fútbol y de aquella gran generación de irundarras que tanto tuvieron que ver con la plata de Amberes: Eguiazábal, Vázquez y, sobre todo, Patricio Arabolaza, el delantero centro que marcó el primer gol de la historia de la selección española.

Su desarrollo precoz permitió al Real Unión resolver la retirada de este, que salió con una suspensión de un año de la muy bronca final de Copa de 1922, ante el Barça. Cuando la cumplió ya tenía 30 años y pocas ganas de jugar. A su lado, como interior, hizo sus primeras apariciones Errazquin, aún con 17 años. Patricio dijo adiós en 1923 y el muchacho heredó el eje del ataque, desde donde contribuyó al título de Copa del Real Unión en 1924. Era el mocoso en un equipo del que muchos nombres resonaron durante años: el meta Emery, abuelo del actual entrenador del Villarreal, el hercúleo Anatol, René Petit, Eguiazábal, Vázquez, Gamborena, Luis Regueiro…

A Suiza fue aupado en sus cuatro goles conseguidos dos meses antes ante Boca Juniors, un trueno que resonó en Argentina. Aquella gira de Boca fue sonada. Uruguay había ganado el oro en París 1924 y Argentina, que se sentía a su nivel, proyectó una gira por Europa para reivindicarse. No hubo acuerdo para mandar a la selección, pero fue Boca Juniors. Empezó por Vigo y A Coruña, pasó por Madrid y, al llegar triunfalmente a Irún, se encontró con ese 4-0, los cuatro de nuestro héroe. La gira, que incluyó más partidos en España y otros en Alemania y Francia, se saldó con 15 victorias, un empate y tres derrotas. La única estrepitosa, la de Irún. A Boca Juniors, que por la gira había renunciado a jugar el campeonato, la AFA le otorgó una Copa como “campeón de honor” en reconocimiento a esos resultados. Y el hecho de que Juanito Errazquin hubiera nacido en Argentina (aunque allí ni llegó a saber lo que era un balón) se tomó como explicación de aquella derrota en el viejo campo de Amute.

Diagnóstico fatal

De hecho, en Irún aclamaban a Errazquin gritando “¡Americano, americano…!”, tanto porque se sabía de su nacimiento al otro lado del charco como porque era algo rubiales, una rareza entre los vascos de la época. Era el favorito de la afición. No tenía la corpulencia de los arietes de la época, pero sí energía, constancia y un gran disparo. Cuando en los ochenta surgió Papin, un aficionado irunés casi nonagenario me dijo que sus maneras eran idénticas a las de Errazquin.

Pero la desgracia le salió al paso. Empezó a tener fiebres que le hacían faltar a partidos. El último lo jugó en Las Gaunas, en noviembre de 1928. Al fin llegó el diagnóstico, fatal en la época: tuberculosis. Falleció el 13 de enero de 1931. Su entierro, con la caja a hombros de sus compañeros, paralizó Irún. Se nos fue con solo seis partidos con la selección (cinco victorias y un empate), y seis goles.

Su recuerdo lo ha resucitado Ansu Fati, que le habría arrebatado el récord de precocidad como goleador en la selección. Pero diarios de la época y su propia ficha federativa de 1922 le dan por nacido en 1905, no en 1906, como luego se ha extendido. De ser así, su récord ya lo habría batido Jaime Lazcano, extremo navarro del Madrid, el 15 de mayo de 1929 ante Inglaterra, en aquel 4-3 que significó la primera derrota de los inventores en el continente. Lazcano tenía ese día 19 años y 136 días. Si Errazquin nació el 22 de junio de 1905, se estrenó con 19 años y 344 días.

Pero no marcó uno, sino tres, y en casa del subcampeón olímpico, entonces equivalente a subcampeón del mundo. A ver quién mejora eso. Fue el James Dean de nuestro fútbol.

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