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Barça-Messi, condenados a entenderse

Tanto el argentino como el club azulgrana son tajantes en sus posturas, pero ambas partes saben que necesitan negociar para desbloquear el conflicto y no exponerse a una solución judicial imprevisible

Una mujer se toma una fotografía con el grafiti de Messi vestido como el Che Guevara.
Una mujer se toma una fotografía con el grafiti de Messi vestido como el Che Guevara.NACHO DOCE / Reuters

La pasada semana, antes de que los abogados de Lionel Messi notificaran al FC Barcelona que el capitán del equipo no se presentaría a las pruebas PCR del pasado domingo, había gente en el club que confiaba en que el 10 rectificaría su decisión de abandonar el Barça. “Cuando llegue el primer día de entrenamiento y vea que ahí está Piqué haciendo bromas, que Miguel Ruiz [fotógrafo] le pasa unas fotos como siempre, que se encuentra con Pepe Costa [jefe del departamento de atención al jugador] y se dé cuenta de que está toda su gente ahí… a lo mejor da marcha atrás en su decisión”, aseguraba, esperanzado, un empleado de la Ciudad Deportiva Joan Gamper. Ese día nunca llegó. Messi tampoco acudió este lunes al primer entrenamiento de Ronald Koeman como técnico del Barça.

Jorge Messi, padre y representante de Messi, ya se había comunicado por teléfono con el presidente Josep Maria Bartomeu, para decirle que sus representantes legales enviarían un nuevo burofax (el primero fue el pasado lunes para comunicar la decisión de abandonar el club) para informar de que su hijo no se sumaría a la pretemporada. Aunque se disgustó cuando vio la conversación en los medios, el padre de Messi volvió a hablar con el máximo directivo azulgrana para pactar una reunión. “Fue Jorge el que llamó a Bartomeu para pedir un encuentro”, aclaran fuentes de la entidad azulgrana. Messi padre, que está en Argentina, viajará en las próximas horas a Barcelona para encontrarse cara a cara con Bartomeu. “Todavía no está establecida la fecha del encuentro. Lo lógico es que se realice esta semana”, subrayan las mismas fuentes.

El Barcelona no se mueve de su postura. Entiende que el vínculo de Messi se ha prorrogado automáticamente hasta 2021 después de que el argentino no haya utilizado la cláusula para abandonar de manera unilateral el club al finalizar la pasada campaña. Según el contrato, tenía tiempo hasta el 10 de junio. Y, por tanto, si el jugador quiere dejar Barcelona está obligado a pagar los 700 millones de la cláusula de rescisión pactada en 2017, cuando firmó su novena renovación.

Los Messi tampoco cambian de guion: se aferran a que el vínculo del jugador con el Barça está extinguido. Para los abogados del rosarino la temporada finalizó el 23 de agosto, el día de la final de la Champions en Lisboa. Además, entienden que la cláusula de 700 millones no es aplicable una vez que el futbolista rompiera su contrato al cerrarse la temporada 2019-2020. LaLiga no está dispuesta a liberar a Messi, mientras que la FIFA, que siempre tiende a proteger al futbolista, le entregaría el transfer provisional. “Si el Barcelona denuncia el contrato ante la FIFA, será la cámara de resolución de disputas la que se encargará de evaluar si existió alguna irregularidad. En ese caso, se prevén sanciones económicas y deportivas para el club comprador y para el jugador”, apuntan fuentes judiciales.

Salida amistosa

Messi insiste en que desea alcanzar una salida pactada y amistosa. Pero, de momento, ni se acerca a la ciudad deportiva del Barça. “El club está analizando la situación. De momento, no hay una decisión”, resuelven en las oficinas del Barcelona a la pregunta de si tienen pensado aplicar una sanción disciplinaria al 10.

La reunión entre Jorge Messi y Bartomeu puede ser el principio del fin. Messi confía en que su situación se puede desencallar como la de Rakitic, de regreso al Sevilla. “Bartomeu no está por la labor. No dejará que el jugador se marche gratis para reforzar a un rival directo. Si se tiene que quedar a disgusto se quedará. Neymar el año pasado se quería marchar de París y este año lloraba en la final de la Champions”, señalan en los despachos del Camp Nou. La apuesta de Messi, de 33 años, consiste en alcanzar un acuerdo con el Barcelona para concretar su fichaje con el Manchester City de Pep Guardiola.

El problema para el City —y para todos los equipos que pretendan quedarse con los servicios del 10 este verano— es que no puede arriesgarse a que el contencioso entre el argentino y el Barça acabe en los tribunales. “Si el juez le da la razón al Barcelona, el club que lo ha comprado puede terminar pagando 50 millones, sí, pero también 700”, concluyen en el Barcelona. Messi, por su parte, sabe que la entidad azulgrana atraviesa una delicada situación económica, agravada por la crisis de la covid-19. Un traspaso, sumado a olvidarse del salario del 10, puede ser la clave para que Bartomeu cuadre el ejercicio económico 2020-2021, el último de su gestión al frente del Camp Nou.

“Pinta para largo”, se quejan desde ambas partes. El Barcelona y Messi parecen condenados a entenderse. Ni la renovación de contrato que planea Bartomeu, ni la salida gratis que desea el argentino. Un pacto que deje conforme a las dos partes, que todavía no han empezado a negociar.

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