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Ni futbol ni pan ni circo, Messi

El Cirque du Soleil, en un ejercicio titánico, se arriesga por momentos a perder su carta de naturaleza para convertir al 10 en un Dios

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Un momento de la actuación del Cirque du Soleil.

A Messi no le gusta demasiado mirar sus partidos, ni se recrea mucho con las imágenes de sus goles a excepción seguramente del que marcó en la final de la Champions en el Estadio Olímpico de Roma en 2009, cuando en su vuelo, después de cabecear la pelota, se le cayó la bota de su pierna derecha mientras dejaba boquiabierto a Van der Saar, el portero del Manchester United, el equipo entonces de Cristiano Ronaldo.

Aunque el fútbol no siempre se ha llevado bien con las artes escénicas, más que nada porque el mejor de los espectáculos difícilmente superará la emoción de un partido en directo, hay jugadas y también futbolistas que abonan la vena poética, sobre todo en un club pasional como el Barça. Quizá una de las apuestas más arriesgadas fue la danza Foot-Ball de Cesc Gelabert. Hasta que ha llegado Le Cirque de Soleil para rendir culto a Messi.

La famosa compañía de circo se arriesga incluso por momentos a perder su carta de naturaleza para convertir al 10 en un Dios. El ejercicio es titánico y hasta puede que sonroje al propio Messi. El futbolista correspondió a la adulación cuando salió a aplaudir a los intérpretes al final del estreno celebrado este jueves en el Parc del Fórum de Barcelona. Aunque irregular, el espectáculo se recrea en la interpretación del universo de Messi.

A partir de la figura del árbitro como hilo conductor, se recurre a los guiños propios del fútbol, pocos tan reconocibles como la ola, el espontáneo y últimamente el VAR, para expresar a menudo con la ayuda de un vídeo marcador las virtudes y habilidades de Messi. Los acróbatas y los contorsionistas homenajean con mucho ritmo y una exquisita técnica al mejor futbolista del mundo, el número 1 que lleva el 10.

Aunque el regate, el cambio de ritmo y la frecuencia de pase de Messi son inimitables, Le Cirque du Soleil aprovecha la condición de solista del 10 para ofrecer algún número que hace posible lo imposible, como ocurre con el contorsionista que juega con su cuerpo como si fuera de goma, o si se quiere un cubo de Rubik, una manera de ridiculizar las lesiones y también de glosar la invulnerabilidad de Messi.

Más fácil resulta el acercamiento al delantero en las jugadas a balón parado o en la celebración de los goles y por contra muy difícil y conseguido es el momento en que Messi se convierte en el rey León. A ratos parece que falta trama o historia y en cambio por momentos la deconstrucción del personaje es meritoria y muy bien subrayada con frases como: “Hay solo una manera de parar a Messi: la pausa”. A buen seguro que le gustó al 10.

El fútbol, pan y circo ya pasó a la historia; hoy es el circo el que se pliega a Messi para honra también del Barça. Todo queda impregnado por la fragancia del 10. Hay quien tiene una oda dedicada (Platko), también un poeta como Comadira glosó a Guardiola; son muchas las canciones dedicadas a los jugadores; y se podría escribir un libro sobre la relación del jazz con el fútbol y el Barça. Messi ha conseguido tener a sus pies al Cirque du Soleil.

A pesar de que ni es propiamente circo ni tampoco Messi en juego, Messi10 Cirque du Soleil es lo nunca visto y, como tal, hay que verlo para adorar todavía más al 10 y desear que le Circ de Soleil vuelva a ser le Cirque de Soleil.

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