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España, ante un engorro a destiempo

La Roja interrumpe sus vacaciones para medirse a las Islas Feroe en un estadio con césped artificial y abierto a los vientos

Robert Moreno, durante la rueda de prensa previa al Islas Feroe-España de este viernes.
Robert Moreno, durante la rueda de prensa previa al Islas Feroe-España de este viernes. AFP

La mitología vikinga da nombre a Tórshavn, la capital de las Islas Feroe anclada en el corazón del Atlántico Norte. Los lugareños atribuyen a una rosa solar milenaria, cincelada sobre una piedra, el lugar de culto a Thor, el dios de la tormenta que veneraban los campesinos. Hasta este paraje recóndito, bucólico y tranquilo, donde las ocas pululan por los alrededores del parlamento más pequeño del mundo y los paisanos aseguran que nunca cierran las puertas de sus casas de madera y tejados forrados de hierba, ha traído a la Roja la fase de clasificación para la Eurocopa de 2020. El verdor de las laderas escurridas por abundantes cauces de agua que desembocan en el mar lo salpican los lustrosos y lanudos corderos blancos y negros que conforman una de las patas principales de la economía del país junto a la pesca y el turismo. Las estadísticas dicen que hay más ovejas (70.000) que personas (40.000) en este archipiélago compuesto por 18 islas de origen volcánico, donde la Roja se mide este viernes (20.45, TVE-1) a la selección que ocupa el puesto 102 en el ranking FIFA.

Un rival asequible, que pondrá a prueba el estado anímico y competitivo de un grupo que convive estos días sin la presencia del seleccionador Luis Enrique y en el que la mayoría de sus componentes, excepto los del Barcelona y el Valencia que disputaron la final de Copa, llevan tres semanas sin disputar un partido oficial. "Aunque vienen de estar parados, se pactó que se hiciese un plan de trabajo especial y nos ha sorprendido gratamente el estado de forma de todos. Queremos distribuir minutos porque Suecia es un rival muy duro, los dos rivales que tenemos juegan 4-4-2, la preparación de un partido nos servirá para el otro", advierte Robert Moreno. 

El estadio, Trosvollur, con capacidad para 6.000 personas, es un recinto de césped artificial, abierto a los fuertes vientos. "Le hemos dado vueltas en sentido positivo y negativo en este aspecto. Cambia el bote del balón y cómo rueda, esperemos que este húmedo el campo. En Las Rosas hay campos de césped artificial y valoramos si entrenar en ellos, pero hay  estudios de la FIFA que demuestran que si estás acostumbrado a jugar en hierba natural, si pasas a una superficie más dura como la hieerba artificial se corre mas riesgo de lesión y de tener sobrecargas", prosigue Moreno, que no quiere poner excusas de antemano: "Si sacamos a nuestros jugadores ahora a jugar en la calle ganarán seguro a casi todo el mundo"

El derribo para la construcción de una grada nueva expone aún más el juego a la presencia de las potentes fuerzas eólicas que barren la isla. El terreno de juego y la climatología pueden convertirse en el mayor enemigo de España, por encima del entusiasta desempeño de los modestos jugadores feroeses y del fuerte sentido identitario que emana de las gradas. La influencia del fútbol danés —en los años noventa la selección fue dirigida por Allan Simonsen y ahora la entrena el también danés Lars Olsen, campeón de la Eurocopa de 1992— es el retazo del escaso pedigrí de una selección en la que también asoman los vestigios clásicos del fútbol británico: el 4-4-2 y el juego directo. A la espera del partido del lunes en el Bernabéu contra Suecia, un rival de más enjundia, a España le aguarda uno de esos contrincantes que le cederá la pelota y se encerrará en su campo.

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