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Cuando Rafael no se tiró al suelo

De las once finales de Roland Garros que Rafael ha disputado y ganado, solo en una de ellas evitó lanzarse a la tierra después de la victoria. Fue en la de 2008, precisamente contra Roger Federer

Nadal celebra su victoria contra Federer en la final de Roland Garros de 2008.
Nadal celebra su victoria contra Federer en la final de Roland Garros de 2008. REUTERS

Es 3 de junio de 2005. Rafael cumple 19 años y es su primera participación y su primera semifinal en el Grand Slam parisino. Una bola de Roger Federer se va larga y mi sobrino se deja caer al suelo. Acaba de ganarse el puesto en su primera final en Roland Garros, un sueño que habíamos perseguido desde que Rafael era un niño. Yo había manifestado a los periodistas que veía a Roger como el favorito para llegar a ella, siendo como era en aquel momento el número uno del ranking y un tenista bastante más experimentado que Rafael.

Probablemente, podríamos delimitar ese día como el del inicio de una rivalidad que se está prolongando mucho más de lo que cualquiera de los dos contendientes hubiera imaginado. Catorce años más tarde estamos en el mismo escenario, con los mismos protagonistas, con una expectación más grande, si cabe, y con la incertidumbre de cuál de los dos se ganará el puesto en la final del próximo domingo.

Durante todos estos años de enfrentamientos entre ellos, he visto partidos épicos y otros no tanto, resultados muy ajustados y marcadores contundentes. He visto inclinarse la balanza hacia un lado y hacia el otro. Hemos sufrido algunas derrotas francamente dolorosas como, también, Rafael se las ha infligido a Federer. Pero en estos catorce años jamás he visto ni al uno ni al otro dejar de imponer su máxima entrega hasta la última bola del partido y, sobre todo, jamás he visto un atisbo de falta de respeto mutuo.

Nunca he visto en ninguno de ellos dos una celebración que, sin estar exenta de pasión y de tensión aliviada, pretendiera humillar al otro. De las once finales de Roland Garros que Rafael ha disputado y ganado, solo en una de ellas evitó tirarse al suelo después de la victoria. Fue en la de 2008 contra Roger y con un marcador demasiado contundente: 6-1, 6-3, 6-0. Y de la misma manera, cuando en el 2011 Roger venció a Rafael en el Masters de Londres por un 6-3 y 6-0, después de que este lanzara su bola al pasillo de dobles, el suizo se limitó a bajar la cabeza y a dirigirse a la red para darle la mano y una palmada con la mano en el pecho.

Ambos llevan toda una vida persiguiendo los mismos objetivos, luchando por los mismos sueños, perjudicándose tanto como engrandeciéndose mutuamente. Y esto, como no podría ser de otra manera que no fuera la deseable y la decente, les ha procurado no solo un gran respeto mutuo, sino también un gran aprecio. Con su destreza y con su actitud de máxima consideración, a pesar de la presión, de la elevada exigencia y de un estrés difíciles de aplacar, tanto el uno como el otro han contribuido a prestigiar el tenis en particular y el deporte en general.

Mi favorito, esta vez, es Rafael, pero nada es seguro y la victoria no se dará para ninguno de los dos sin gran dificultad. Lo que sí es seguro es que asistiremos, una vez más, a un enfrentamiento, y espero que no sea el último, de gran belleza en el que, independientemente del resultado, los dos saldrán vencedores.

Vencedores en respeto y corrección.

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