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Markel Susaeta, el jugador desconocido

Después de anunciar su marcha del Athletic, y tras doce temporadas en la élite, apenas se conoce nada del volante eibarrés

Susaeta, durante su comparecencia en Lezama.
Susaeta, durante su comparecencia en Lezama. EFE

De Markel Susaeta Laskurain (Eibar, 1987), casi nadie sabe nada, sólo sus números como futbolista; las estadísticas frías como el hielo, que hablan de que sólo él y un tal Leo Messi han conseguido marcar y dar asistencias en las últimas doce ligas consecutivas; que en la temporada 2011/12, el Athletic fue el equipo europeo que más partidos oficiales disputó (63), y que Susaeta los jugó todos. Que es el jugador del club rojiblanco que se ha enfrentado contra más rivales diferentes (83) de toda la historia, y que además de ser el máximo asistente del Athletic en las últimas décadas, es el único futbolista del equipo que ha disputado todas las temporadas más de veinte partidos en el último medio siglo.

Eso y los 56 goles, y los 506 partidos, pero de Markel Susaeta apenas se sabe nada.

Algunos de sus compañeros airean su vida privada en las redes sociales. Son asiduos a Instagram o Twitter. Hasta el entrenador que más confió en él, Marcelo Bielsa, que le dijo una vez: “Usted es bastante mejor jugador de lo que cree”, se enchufó a Facebook para enviar un mensaje a la afición del Athletic. Susaeta no, siempre se mantuvo al margen. Discreto, tímido fuera del campo, aunque tampoco se le recuerda un mal gesto en el césped, prefirió conservar su privacidad siempre.

Vive en el centro de Bilbao con su pareja y sus dos hijos; su vida es Lezama y la familia, poco más. Ni aficiones, ni negocios. Nada ha trascendido nunca en doce temporadas.

Llegó al Athletic a través de un torneo al que se presentó el equipo de su escuela en Eibar. En Lezama seleccionaron a cinco niños de aquel grupo. Kike Liñero fue su mentor. “Yo dije que acabaría en el primer equipo”, recuerda. Ingresó con nueve años y su progresión fue muy regular. Uno de sus entrenadores fue Mitxelo Gómez, el padre de Ibai. Nunca se saltó una categoría, pero tampoco se estancó en ninguna. Jugó en el alevín A y el B, un año en cada uno, y repitió ese trayecto en infantiles, cadetes y juveniles. El siguiente paso era el filial de Tercera División, el Basconia, y luego el Bilbao Athletic; un año en cada equipo. Cuando iba a comenzar su segunda temporada en Segunda B, llegó la llamada de Joaquín Caparrós y su debut a lo grande, en el Camp Nou contra el Barcelona. Ese día marcó su primer gol, a Víctor Valdés.

Y luego doce años, donde la natural curiosidad de los periodistas se ha estrellado contra el muro de su privacidad.

Así que de Susaeta sólo se conoce su vertiente futbolística, su capacidad técnica y el toque de balón, que le ha servido para anotar unos cuantos libres directos –el primero, el día de su debut en San Mamés–, e incluso dos goles olímpicos en saques de esquina. Pero lo que más han destacado sus compañeros es su solidaridad. A veces se le achacó su falta de frescura en ataque, que tal vez era consecuencia de su sacrificio en defensa. Formó una banda derecha exquisita con Iraola, entre otras cosas, gracias a sus ayudas defensivas, que siempre desahogaron a la zaga rojiblanca. Además, nunca rehuyó el balón. Cada vez que perdía uno, pedía el siguiente. Esconderse, protegerse en los compañeros no era la opción.

Ahora se marcha. En realidad, no se conocen los motivos. De Susaeta no se sabe nada. En Lezama, después del entrenamiento en el que disfrutó como el primer día con nueve años, se acercó a la sala de prensa y leyó un papel. En euskera y castellano. Aseguró que le hubiera gustado ser un One club man, pero que las circunstancias no lo habían permitido y que seguiría jugando al fútbol –posiblemente fuera de España–. “Creo que era lo mejor para las dos partes”, aseguró. “Cualquiera que me conozca, sabe que soy una persona discreta, que no me gusta dar titulares, así que la controversia que se ha dado este año en torno a mi renovación me ha dolido mucho”. El jueves pasado se sentó con el presidente, que le puso en la mesa una oferta de renovación, “y les transmití mi decisión de no querer ni siquiera conocer su contenido”. Según dice Markel, el presidente le pidió que reconsiderara su postura, “lo que agradezco”, pero “las circunstancias no han ayudado. Permitidme no entrar en ellas y seguir siendo discreto, como siempre y más en los últimos años, con la responsabilidad que contraje como capitán”.

La directiva de Urrutia no le hizo ninguna oferta; la de Elizegi se la presentó a última hora. Susaeta calla sus razones, de él no se sabe casi nada. ¿Se sabrá? “Ya tendremos tiempo en las próximas semanas. No hay que olvidar que el equipo se juega mucho el domingo”.

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