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El futbolista que no fue

'Retrato del futbolista adolescente', de Valentín Roma, bucea en los informes deportivos de los responsables de las canteras

Portada de 'Retrato del futbolista adolescente', de Valentín Roma.
Portada de 'Retrato del futbolista adolescente', de Valentín Roma.

Hay un género literario por explotar. Está en los informes deportivos que hacen los responsables de las canteras de los clubes. Repletos de adjetivos y escritos con la franqueza del que piensa que el aludido nunca los leerá. Todos tratan de dar una respuesta a la pregunta única: ¿llegará el protagonista a ser profesional?

"Técnico y rápido, buen manejo de las dos piernas, muy inconsistente (...) lee la jugada con astucia, pero es temeroso y evita el cuerpo a cuerpo con los adversarios”, decían los papeles sobre Valentín Roma, autor de Retrato del futbolista adolescente (Periférica). Los informes familiares se centraban en otros aspectos: “Dejad tranquilo al chico, ¿no veis que es igual que la tía Salvadora, la única del pueblo que en tiempos de guerra leía como un papagayo”, le decía su madre antes de guiñarle un ojo.

La de Roma es una historia peculiar. Es, por un lado, la de tantos otros jóvenes que dejaron el hogar para intentar ser futbolistas. La de aquellos que durante 90 minutos exhibían -porque así se les exigía- una madurez impropia de su edad. Y, por otro, la del contraste entre lo aprendido bajo el techo familiar y lo que se incorpora en el día a día en el camino para convertirse en una estrella del deporte. La vida de un deportista es breve. Roma decidió acortarla aún más. Es doctor en Filosofía e Historia del Arte. En la actualidad dirige un centro cultural.

El libro sigue los pasos de Joyce y su Retrato del artista adolescente. Roma traza una novela de aprendizaje que transcurre en una España de contraste entre generaciones: la de los padres campesinos que se trasladan a la ciudad y la de sus hijos universitarios que desarrollan aspiraciones sociales. El miedo, la ideología, las supersticiones, la estética, las lecturas, la música... van apareciendo en un libro que también recoge el olor a linimento de los vestuarios en los días de partido o las vueltas que da la cabeza de un futbolista -y de cualquier ser humano- cuando está lesionado.

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