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Mazazo de Hamilton a Ferrari

El británico se impone de forma magistral en Monza a la vez que la escudería italiana cae en la encerrona de Mercedes

Hamilton celebra la victoria. AFP

Ferrari lo tenía todo de cara para salir todavía más reforzado de Monza y encarar el tramo final del campeonato y la lucha por el título con la mejor inercia. Y todo la algarabía de los ‘tifosi’ que llenaron a rebosar las gradas del Templo de la Velocidad se fue abajo al paso de los coches por la segunda variante de la carrera. El doblete de los bólidos rojos en la primera línea de la parrilla de salida quedó sin efecto cuando Lewis Hamilton se tiró al cuello de Sebastian Vettel por el exterior del primera viraje, a la izquierda, para irse al interior del segundo, a la derecha. En ese punto, el Ferrari y el Mercedes colisionaron muy levemente pero lo suficiente como para que el alemán diera un trompo y tuviera que reincorporarse a la cola del pelotón. La segunda ‘chicane’ del trazado decidió la mitad de la prueba; la primera hizo el resto 45 vueltas más tarde: en otra maniobra marca de la clase, el actual campeón pasó por encima de Kimi Raikkonen, que poco a poco fue cayendo en las fauces de Mercedes.

El finlandés terminó el segundo mientras que Valtteri Bottas, un peón al servicio de su equipo y su jefe de filas, completó el podio. Vettel, obligado a correr a la contra –fue el único de los favoritos que llevó a cabo dos visitas a los garajes– protagonizó una escalada que le llevó finalmente hasta la cuarta posición, beneficiado el de Heppenheim por la sanción que se le impuso a Max Verstappen, que empieza a interpretar demasiado a menudo el papel de rebelde sin causa. Carlos Sainz finalizó el noveno y Fernando Alonso abandonó en la décima por culpa de una avería en su McLaren y cuando peleaba por meterse en los puntos.

Ferrari llevaba muchos años esperando encontrarse en una situación similar a la actual, esto es con el prototipo más rápido y equilibrado de la parrilla. Y cuando por fin lo tiene, a la tropa de Maranello y a Vettel les entra el tembleque. La Scuderia tuvo este fin de semana en su mano una oportunidad inmejorable para volver a ganar ante su hincada ocho años después de que Fernando Alonso lo consiguiera en 2010 pero la pifió de forma casi inexplicable. Al margen del error puntual de su buque insignia, los estrategas del equipo italiano no tuvieron suficiente cintura como para evitar que Raikkonen, líder del pelotón durante la mayor parte de las vueltas, cociera sus neumáticos y se viera incapaz de salir del emparedado que le preparó Mercedes. Los responsables de Il Cavallino Rampante hicieron parar al Hombre de Hielo al ver el amago en el taller de la marca de la estrella, que mantuvo a Hamilton en pista para que sus neumáticos llegaran más enteros a las últimas diez vueltas, el tramo decisivo.

En esas circunstancias, Hamilton ha demostrado ya a lo largo de su trayectoria que no es de esos pilotos que se arrugan cuando pueden ganar y perder en igual medida. En este caso, el británico bien podía haberse conformado con una segunda plaza que ya de por sí le habría distanciado un poco más de Vettel en el pulso por el campeonato, pero él decidió atacar porque no sabe correr de otra forma. Y como casi siempre, la jugada le salió redonda al chico de Tewin, que salió de Italia con su sexta victoria del curso, la quinta en Monza –solo Michael Schumacher se ha impuesto tantas veces como él–, además de 30 puntos de margen al frente de la tabla general, un cojín de más de un gran premio cuando quedan siete en juego.