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La pequeña sinfonía veloz de Bruno Hortelano para meterse en la final

El velocista español se clasifica en las semifinales del 200m con un tiempo de 20,29 segundos

Bruno Hortelano celebra su clasificación a la final de 200 metros de los Campeonatos Europeos de Berlín.
Bruno Hortelano celebra su clasificación a la final de 200 metros de los Campeonatos Europeos de Berlín. AFP

Corre Bruno Hortelano, esprinta por la pista azul, imperial, por delante de todos, y solo observarlo emociona.

Verle correr, sencillamente.

“Todo es un equilibrio muy sutil”, dice el velocista español, que se clasificó, primero de su semifinal (20,29s), para la final de los 200m (hoy, 21.05 en Eurosport y en Teledeporte). Y, como un violinista ante una partitura, la de una pequeña sinfonía, mínima, música veloz para una curva y una recta, explica cómo se interpreta: “Hay que salir a tope. Potente pero pausado. Una curva rápida y salir volando”.

Y un guante negro en la mano derecha, al final de un brazo que se pliega en ángulo recto, acordes con sus rodillas tan elevadas y su cadera. El guante es el metrónomo y el recuerdo del accidente, y la voluntad de regresar dos años después, y casi una vida, al mismo lugar en el que estaba antes proclamarse campeón de Europa en Amsterdam.

El instrumento de Hortelano, de 26 años, es su cuerpo, que se pliega automático y flexible a los deseos de su mente. “La cabeza manda”, dice, “pero el cuerpo interpreta. El cuerpo, ya tan entrenado, tiene asimilada esa música, ese plan. Y por eso, cuando salgo a correr me doy el lujo de disfrutar”.

Ningún rival pudo disputarle el derecho de disfrutar por delante de todos. El italiano Eseosa Desalu (20,35s) dejó toda su energía en la pelea por ser segundo, lo que consiguió doblegando al británico Adam Gemili (20,46s), quien solo pasó como segundo mejor tiempo. Y Hortelano, seguramente, si hubiera necesitado unas centésimas menos para mantenerse primero, las habría obtenido.

En la final, la sutileza del atleta entrenado por Adrian Durant en la Universidad de Cornell (Estados Unidos), su ciencia el atletismo y el sprint, se medirá al estilo destroyer, pura máquina, tractor acelerado, que del turco Ramil Guliyev (primero en la primera semifinal, 20,33s) ya desplegó con éxito en la final del Mundial de Londres, cuando destrozó en una recta final única la elegancia de Wayde van Niekerk y la potencia de Isaac Makwala.

Cuestiones de estilo aparte —y Guliyev es consciente de que más que emocionar aterra, lo que es una opción estética tan legítima—, el turco de ascendencia azerbaiyana tiene en los 200m mejores marcas que Hortelano, que ya ha entrenado a su cuerpo, y lo ha acostumbrado, a correr deprisa pero no tan rápido. Mientras Hortelano aún no ha bajado de 20s (20,04s es su mejor marca, récord de España, conseguida hace 10 días en la pista mágica de Getafe), Guliyev, un grandote de 1,87m, 73 kilos y 28 años, lo ha conseguido ya cuatro veces, tres de ellas este mismo verano, aunque su mejor marca, 19,88s, data de 2015.

Guliyev y Hortelano solo se han enfrentado una vez en la misma carrera. Fue en la final de Amsterdam, donde el español se impuso (20,45s contra 20,51s) para ganar el oro tras la descalificación de un Churandy Martina que no entró en la final de Berlín.

El tercero en discordia en la final debería ser el impresionante —por el despliegue físico que se le supone para lograr mover tal cuerpo a tamaña velocidad con tan tosca técnica —y es la tercera elección estética— suizo sorprendente Alex Wilson, de 27 años (y jamaicano hasta los 20, 1,82m, 79 kilos), que dominó la tercera semifinal con el mejor tiempo de los 24 que saltaron al tartán, 20,16s. Sus cara a cara con Hortelano se resumen también al que mantuvieron en la final de Amsterdam 2016, antes de la revelación, en la que el suizo fue séptimo (20,70s)

Al atleta español, los datos le dejan frío. Su música es otra. Disputó la semifinal como un objetivo en sí, y así se hará la final. “Mi estrategia será ejecutar mi plan lo mejor posible”, dice. “Solo quiero ser mejor que yo mismo”.

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