Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Inglaterra es hoy tan europea como Bélgica

La seleccion de Soutghate vuelve a una semifinal después de 1990, con un fútbol más moderno e influenciado por las novedades de la Premier

Southgate celebra con su afición el pase a las semifinales. Ampliar foto
Southgate celebra con su afición el pase a las semifinales. EFE

El plan de Brexit es ahora mismo tan incierto en el Reino Unido como el final de la selección inglesa en el Mundial de Rusia. Theresa May y Gareth Southgate, sin embargo, parecen seguir dos vías opuestas desde Londres y Moscú. El equipo de fútbol presenta hoy una de sus versiones más europeas y competitivas en la Copa del Mundo cuando más delicadas son precisamente las relaciones entre Rusia y la Inglaterra que marca distancias con la Unión Europea desde la Eurocopa de Francia 2016.

It’s coming home, vuelven a cantar los hinchas en recuerdo de la Eurocopa de 1996. Los pross, campeones en 1966, no alcanzaban una semifinal de la Copa del Mundo desde 1990. Ahora regresan al escenario mundial en un torneo dominado por los europeos con un juego más moderno y evolucionado que nunca respecto al de aquel equipo cerrado y enamorado de sí mismo, representado por los Three Lions.

Ha dado con un muy buen portero que no solo para mucho sino que también juega estupendamente con los pies: Pickford. Nada tiene que ver con Hart, el guardameta de moda que sacrificó Guardiola nada más llegar al City, hoy defendido por un arquero brasileño que se maneja de forma excelente como jugador de campo: Ederson. El fútbol de Inglaterra también puede empezar en el área propia y pasar por el medio campo antes de acabar en la contraria con un delantero completo como Kane.

El jugador del Tottenham no es el ariete inglés de toda la vida sino que se ofrece como un futbolista fino y fuerte, que sabe estar y llegar, rematar y pasar, jugar para un equipo que se despliega con tres centrales y dos carrileros largos, igual que muchos de los que compitieron en Brasil 2014 como Holanda. Mezcla el juego corto y en largo, la estrategia y el fútbol asociativo, la cadencia del pase y los cambios de orientación, sin renunciar a ser Inglaterra.

La diferencia es que Suecia fue más inglesa que Inglaterra en Samara. Hay muchas manera de acabar en el punto de penalti y los pross han aprendido también a ser más pacientes desde que la Premier es sensible a entrenadores como Pochettino y Guardiola. El fútbol ha evolucionado y el juego es más noticia que los hooligans, circunstancia decisiva para entender también las portadas de los diarios populistas, hasta el punto de que la selección se muestra más próxima que nunca a Europa.

Aunque mantiene su personalidad, Inglaterra ya no solo ruge sino que es un equipo más trabajado y permeable a las corrientes futbolísticas, influenciada incluso por el fútbol americano, capaz de atacar como ninguna los saques de esquina, protagonista igualmente de jugadas inéditas en su repertorio: Sterling, por ejemplo, pinchó dos veces la pelota ante los centrales suecos como si fuera Hazard, Isco o Iniesta. David Carabén recordaba en La Vanguardia que nueve de los 23 jugadores ingleses son de ascendencia caribeña o de África.

Inglaterra es joven y no tiene la belleza ni los recursos de Bélgica, que completó un partido magistral contra Brasil, vencida al final por un paradón de Courtois. Hazard estuvo tan espléndido en la segunda parte como decisivo fue en la primera De Bruyne. Ambos han agradecido la llegada de Roberto Martínez, un técnico que ha sincronizado a una generación única por su talento, la más ofensiva en un campeonato presidido por el contragolpe, más reactivo que activo, incluso en el caso de Brasil.

La mano del entrenador de Balaguer, ahora pretendido por la federación española, fue decisiva en el partido contra la Canarinha porque sorprendió desde la salida a Tite con un 4-3-3. No contaba el seleccionador brasileño que Martínez descolgaría a De Bruyne como falso nueve y situaría como extremo derecho a Lukaku. Los detalles son decisivos en los torneos cortos como un Mundial.

Southgate no es todavía un técnico contrastado como Roberto Martínez de la misma manera que los ingleses no emocionan tanto como Bélgica. El cuadro ha sido además especialmente favorable para los ingleses, cuya trayectoria, a fin de cuentas, es muy pareja a la de ediciones anteriores, también a la de Italia 90. Puede que, a fin de cuentas, cuanto parece sea un espejismo e Inglaterra se vaya de Rusia sin más identidad que la de los Three Lions.

La sensación, sin embargo, es que el equipo inglés no es ajeno a los cambios futbolísticos que vive la Premier de la misma manera que tampoco resulta sorprendente que Soutghate se lleve bien con Guardiola (“es grandioso que hayan venido técnicos innovadores como Guardiola a ayudarnos. El impacto que tuvo su Barcelona con Iniesta y Xavi fue enorme. Ahora nuestros jóvenes quieren sacar el balón jugado”) y Martínez. Lo casual es que Southgate sea el seleccionador de Inglaterra. El elegido era Sam Allardyce, el mismo que tuvo que dimitir a los dos meses por un escándalo de amaños descubierto por The Telegraph. Los guiños del fútbol son diferentes a los de la política, también en Inglaterra. La vida es de color de rosa para el interino Southgate mientras a Theresa May le puede el dolor de cabeza con el Brexit.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Más información