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El hundimiento de Sudamérica

La corrupción, la exportación temprana de talento y una formación inadecuada castigan a una escuela que fue esplendorosa

Lucas Hernández consuela a Giménez después de la derrota de Uruguay ante Francia. AFP

La histórica y enconada rivalidad entre la escuela sudamericana y la europea por dilucidar cuál de ellas dominaba el fútbol mundial cada cuatro años ya solo es una pugna más nostálgica que real. Aquella enconada batalla cuatrienal entre la superioridad técnica del otro lado del charco y la supremacía europea desde el físico y la táctica murió con el desvencijamiento estrucutural del fútbol sudamericano, reflejado en los cuatro semifinalistas con los que Europa ha convertido este Mundial en un grupo de la Eurocopa.

“Hay varias circunstancias que explican esto, pero para mí la primera es que nos robaron el tiquitaca por abandono nuestro”, reflexiona Jorge Valdano. “También nos hemos vuelto locos con la obsesión por ganar y los chicos salen muy jóvenes a Europa. Si hablamos de Argentina, el problema es multiorgánico: violencia, desorganización, falta de medios económicos... Solo Uruguay no se ha confundido, no han dejado de ser ellos. Se marcharon, pero con orgullo. Siempre digo que Argentina, cuanto más se aleja de Menotti, peor. Dentro de las generalidades, cada selección merece una análisis individual”, prosigue Valdano.

“Para mí”, advierte Tostão, campeón del mundo en aquella maravillosa Brasil de los cinco dieces, “no es una sorpresa lo que sucede. Brasil ya no es el país del fútbol alegre y la samba, eso se terminó. Llevamos buenas selecciones, con algunos grandes jugadores como Neymar, pero ya no son claras favoritas. Con Argentina pasa lo mismo, no acompaña a Messi, a este Mundial fue con muchos jugadores de un nivel medio. Uruguay compitió bien, pero también es una selección de nivel intermedio”. “Aún tenemos a los Messi, a los Neymar, pero por primera vez en una década, lo físico se impuso a lo técnico y lo colectivo a lo individual. Eso explica que las clases medias como Suecia o Rusia hayan llegado hasta los cuartos”, abunda Valdano.

El pasado 23 de junio, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) organizó en Moscú una mesa redonda para debatir sobre el futuro y el desarrollo de un deporte que dejó de dominar para dar paso a una incontestable supremacía europea. La Conmebol, encabezada por el paraguayo Alejandro Domínguez, le dio voz a los futbolistas y a los entrenadores. Mauro Silva, Forlán, Maturana, Reymado Rueda, Lugano, Zanetti y Sorín, entre otros. El pase de pelota a los protagonistas reales del juego generó un análisis inquietante que se centró en la formación del fútbol base y la corrupción. La Conmebol fue el epicentro del FIFAgate y sus dirigentes procesados el ejemplo de cómo los millones de dólares que generó el negocio con los miles de traspasos de jugadores o con los derechos de televisión no fueron bien reinvertidos o se apropiaron de ellos. Los encorbatados dirigentes escucharon las dentelladas de la cruda realidad que asola al fútbol en Sudamérica.

Se perdió la calle

“Hay que iluminar un camino para sentirnos como se sintieron nuestros antepasados, saber desde dónde salimos y cómo recorrer ese camino. No podemos desconocer que este es un escenario donde a veces vale todo. La corrupción y la no inversión en formación están ahí. Hay un índice de deserción escolar tremendo. Los chicos con 12 o 13 años les dicen a los padres que ellos van a la busca de su sueño y lo dejan todo. Entonces, el importante no es el entrenador, sino el empresario que le dice que le va a llevar a Europa”, concluyó Pacho Maturana. Mauro Silva también apuntó en esa dirección: “En Brasil, lo más importante era que nuestro proceso era natural, jugábamos en la calle, pero perdimos la calle por la violencia. El fútbol se fue a las escuelas, pero si los formadores no son buenos o si no se les paga bien... Hay que copiar lo que tienen bueno los europeos, la organización, la administración y mantener la esencia nuestra. El uno contra uno, el gol, lo tenemos. Ahí están Messi, Neymar, Suárez, pero hay que desarrollar al ser humano. Un futbolista mejor formado también será más inteligente y mejor en la toma de decisiones en el campo”.

Juan Pablo Sorín fue reacio a aceptar la invitación para la charla. “Me sentí orgulloso de ser futbolista, pero no de las instituciones”, admitió; “estamos ante una oportunidad para cambiar el fútbol desde nosotros, los futbolistas, los técnicos, la gente que ama el fútbol, pero hay que tener mucho cuidado para que ninguno de los dirigentes se vuelva a equivocar porque entonces, como edijo Maradona, estaríamos manchando otra vez la pelota”.