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A balón pasado

"Visto lo visto y comparada con otras selecciones de este Mundial, España no jugó a la ruleta rusa sino a la ruleta rosa"

mundial rusia 2018
Jugadores y cuerpo técnico de la selección española de fútbol a su llegada al aeropuerto de Madrid. EFE

-Visto lo visto y comparada con otras selecciones de este Mundial, España no jugó a la ruleta rusa sino a la ruleta rosa- sentenció Martín Girard antes de que yo pudiera abrir la boca- Tal fue la desidia con la que, a balón dormido y a pie parado, los nuestros tocaron las pelotas en Moscú que la sola palabra tiquitaca me sugiere una pueril asociación con el Titicaca de los Andes, y no sólo por sus pestilentes aguas contaminadas sino por las connotaciones de su nombre. Mejor será olvidar cuanto antes el paso de la Roja por la Plaza Roja y el ridículo previo que todavía nos sonroja.

Oído lo oído, para evitar más ripios, metáforas y aliteraciones, recurrí a una sarta de preguntas que me hicieran reflexionar: “¿Fichará el Madrid, según previsto, al desmadejado De Gea? ¿Habría fichado Florentino al invicto Lopetegui, a balón pasado, de haberse sentado en el banquillo con semejantes resultados? ¿O, bajo sus auspicios, habría sido todo diferente siendo la misma selección que él había pergeñado? ¿Qué habrías hecho tú en el pellejo de Hierro?”, concluí dejando entrever mi malsana curiosidad.

-Nunca habría bebido de ese vaso sin enjuagarlo primero- respondió con una mueca de asco- Bastante hizo Hierro emulando, sin perder partido, a su invicto antecesor, hasta morir de tiro de gracia en el paredón moscovita. Ni él ni Rubiales se repondrán de la zancadilla perpetrada en fuera de juego antes de que el VAR encendiera sus monitores, pero dudo que Lopetegui hubiese llegado invicto más lejos. Parsimonia aparte, es la contumacia de un estilo retórico lo que está en tela de juicio. Lo importante ahora es aprender y disfrutar de uno de los mejores mundiales por juego e inciertos resultados.

Asentí. La fuerza, la coherencia, la velocidad y la anticipación de algunas selecciones, la vivacidad, la alegría y la capacidad de improvisación de otras, son virtudes que brillaron por su ausencia en la Roja, y confirman que el fútbol es más que un club cuando la selección es un equipo.

No son imprescindibles las goleadas que tan felices hacen a los forofos. Véase la emoción del empate de Colombia, con cabezazo de Yerry Mina en el minuto 93, para acabar perdiendo, como los nuestros, en la azarosa tanda de penaltis. O la cruel derrota de Japón en el 94, por mayor altura y envergadura de los contrincantes. Lo que demuestra, dicho sea de paso, que hasta en el fútbol el tamaño importa. Y esos cinco penaltis parados por los porteros en el Croacia versus Dinamarca que evidencian cómo la máxima pena no siempre es irreparable. Tampoco todos los guardametas tienen las manos de trapo como las del uruguayo Muslera en su estrepitoso fallo. Los hay, incluso, con guantes mágicos como los del desgarbado belga Courtois. Es curioso que en un juego que se juega con los pies y la cabeza, a veces decida una mano. Como la de Piqué en su atolondrado salto.

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