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Ana Peleteiro logra un bronce histórico en Birmingham

Logrando la mejor marca de su vida (14,40m), la triplista gallega termina tercera en el Mundial en pista cubierta

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Peleteiro celebra el bronce obtenido en Birmingham. AP

Un minuto después de la explosión Peleteiro, el nuevo boom de la generación del boom, Iván Pedroso está ya lejos de la onda expansiva y del ruido, ha subido los cuatro peldaños que separan su asiento en la grada del primer bar, aún vacío entonces, del pabellón y se ha pedido una buena pinta de cerveza rubia. Bebe un sorbo y celebra feliz el éxito de sus entrenadas. Y no tanto por el oro, casi cantado, el tercero de su carrera, de la gigante venezolana Yulimar Rojas (14,63m en su primera competición del año), sino por el bronce, en el que él sí que creía, de Ana Peleteiro (14,40m en el cuarto intento, 17 centímetros más largo que la mejor marca de su vida, los 14,23m que le hicieron finalista al aire libre en el Mundial de Londres). “Y celebro, sobre todo, el haber podido llegar vivo y a tiempo al campeonato”, ironiza el gran saltador y técnico cubano que ha fijado en Guadalajara una factoría de campeones. “Llegué anoche de madrugada con todo el aeropuerto nevado y casi ni aterrizamos…”

Pedroso llegó, se sentó en segunda fila y Peleteiro, que madura como atleta y persona al ritmo de su mirada técnica y de sus consejos de vida, se lo agradeció, y el atletismo español, que gracias a él cuenta con una figura mundial que a punto estuvo de perderse. “No me lo esperaba porque era la séptima del ránking, pero España se merecía tener esta alegría de mi parte”, dijo la medallista, que buscó infructuosamente una bandera nacional para celebrar su bronce. “No me pude hacer la foto con la bandera, pero me sentí arropada por todos, sobre todo por esos cuatro aficionados españoles disfrazados, que no pararon de jalearme, y tenía que evitar mirarlos porque me entraba la risa y me desconcentraba”.

El tercer puesto de Birmingham es la primera medalla mundial del triple femenino español tras los sendos sextos puesto en pista cubierta de Cochi Paredes y Carlota Castrejana. Su marca de 14,40m es la segunda de la historia del triple femenino en España, a 24 centímetros de los 14,64m que hicieron a Castrejana campeona de Europa en 2007, justamente en la misma pista de Birmingham nevada. “Sabíamos que estaba para 14,40m, y cuando después de dos saltos cortos se lo tenía que jugar todo en el tercero para pasar a la mejora, yo le dije que, tranquila, tú puedes”, dice Pedroso. En el tercer salto, aquel en el que se jugaba a un solo tiro todo el invierno, Peleteiro saltó 14,18, lo que la colocaba provisionalmente tercera. Entró en otra dimensión. “Para eso hemos estado trabajando. Tenía la técnica y la fuerza ya, necesitaba creerlo. E incluso podría haber ido más allá, haber peleado la plata a la jamaicana Kimberly Williams [14,48m], pero este verano estará en esas medidas”. En su cuarto salto, Peleteiro voló hasta los 14,40m y entró en una nube, un estado de shock del que tardará en salir.

Peleteiro acaba de cumplir 22 años y todavía lamenta que hace seis, una niña, ganara el Mundial juvenil en Barcelona. “Ahora me diría, ‘no ganes ese campeonato’. Aquello me abrió muchas puertas, pero después choqué contra la pared de la realidad, dura”, dice la saltadora gallega, y se emociona hasta las lágrimas. “Pero fui fuerte y lo superé”. La realidad del atletismo profesional la sacó de Galicia, donde había crecido como atleta, en peregrinación a Madrid, y de ahí a Portugal y, finalmente, a Guadalajara, donde ha madurado física (la musculatura fuerte, amplia y definida, la tensión, adiós a las rastas, pelo en moño para no perder velocidad en el pasillo) y mentalmente. “Y cómo no voy a aprender a competir”, dice. “Si Pedroso, como competidor, fue único: siempre era capaz de ganar en el último salto, y si estoy entrenando todos los días con Yulimar, la mejor del mundo, y tengo que estar permanentemente al 100% para no sentirme ridícula”.

“Le viene muy bien la medalla”, dice Pedroso. “Ahora tendrá más hambre, más ambición, más ganas de seguir ganando medallas. Y de eso se trata”.

El relevo, eliminado

El éxito del individuo que todos desean, y más que ninguno sus compañeros de equipo, debilitó al grupo español, que no pudo clasificar al relevo para la final. Óscar Husillos, favorito de la final de 400m que se disputa la noche del sábado, no corrió para no poner en riesgo sus posibilidades de oro, ni tampoco el canario Echeverry, fijo en el cuarteto que en el Mundial de Londres terminó quinto y que no ha tenido un buen invierno. Su tiempo (3m 7,52s) Debutaron junto a los habituales Lucas Búa y Samuel García, dos casi juveniles, Manuel Guijarro, de Villarrobledo (Albacete), de 19 años, que salió feliz después de darse el gusto de adelantar a un dominicano en su última recta, y el vallista leridano Aleix Porras, un gran talento de 18 años, el futuro. Su tiempo (3m 7,40s), calcularon ellos mismos, fue segundo y medio peor que el que habrían conseguido con el misil de Astudillo. Su boom, el de los chavales, llegará seguramente para sumarse a la gran fiesta del nuevo atletismo español.

Tampoco se pudieron sumar a la alegría Marca Alcalá y Esther Guerrero, eliminados en las semifinales de 1.500m y 800m, respectivamente.

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