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Una Copa Davis sostenible

Los cambios siempre producen recelos y siempre dejan algo en el camino, pero a veces es preciso ser valientes y afrontar cesiones inevitables. Una competición de tanto prestigio necesita a los mejores

El capitán de Francia, Yannick Noah (c), eleva el título de campeón de la Copa Davis el pasado mes de noviembre. AP

Entre los mejores recuerdos en todos los años que he estado al lado de mi sobrino Rafael, siempre guardo las Copas Davis. Pocos momentos hay tan especiales como aquellas dos finales en Sevilla y Barcelona o la semifinal en Madrid. La lucha en equipo, el fervor de tu público y el ambiente festivo tienen un atractivo al que solo se renuncia por inconvenientes de gran peso.

Una competición de tanto prestigio necesita a los mejores tenistas y estos han tenido que sacrificar su participación en no pocas ocasiones en los últimos años. Las consecuencias han sido algunas ediciones más deslucidas y, quizás, algún que otro descenso imprevisto.

Cuando he leído críticas contra los jugadores por tener que renunciar, he pensado siempre que se hacían desde el desconocimiento. La cesión de su sitio suele ser contraria a su deseo. Lo apretado que es el calendario profesional, los cinco sets que se juegan en la Copa Davis y los cambios de superficie a los que se han visto sometidos los jugadores por participar en ella les han ocasionado problemas difíciles de encajar.

A todos los contratiempos mencionados, hay que añadir el hecho de que ni la ITF ni la ATP han logrado hacer solvente la participación. Solo por un espacio corto de tiempo se consiguió que las Copas Davis dieran puntos oficiales.

Visto lo visto, pues, me parece que hay motivos suficientes para intentar mejorar las circunstancias. “Cuando no está roto, mejor no arreglarlo”. Me muevo por esta máxima, con frecuencia. La Copa Davis, sin embargo, presenta demasiados perjuicios tal y como está en la actualidad. A mí me parece no solo necesario, sino de agradecer, que personas tan valoradas dentro del mundo del deporte como Gerard Piqué y Novak Djokovic estén dispuestas a trabajar con la intención de hacer nuestro deporte más atractivo y sostenible.

Los cambios siempre producen recelos y siempre dejan algo en el camino, pero a veces es preciso ser valientes y afrontar cesiones inevitables. Entre estas está la repercusión económica que tiene la Davis para las Federaciones más débiles y para las ciudades donde se celebran las eliminatorias. Aunque lamente mucho este último hecho, pienso que el nuevo formato asegurará la participación de los grandes tenistas y afianzará, por lo tanto, el lustre de esta competición.

Ojalá se logre, por otra parte, mantener el espíritu de unión y rivalidad sana de la Copa Davis tradicional, pues una de sus características menos desdeñables es el hecho de que en escasísimas ocasiones se hayan producido episodios violentos o vergonzosos en una competición entre equipos.

Casi nada.