Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La Roja se define en Rusia

La industria del fútbol gravitará sobre el Mundial de 2018, encrucijada que invoca a Neymar, Messi y Mbappé, y en la que España pondrá a prueba la vigencia de su modelo

Nacho, Lopetegui y DeGea. Ampliar foto
Nacho, Lopetegui y DeGea. REUTERS

El fútbol gravita en torno al Mundial de Rusia. El acontecimiento que promete revelar el futuro del juego más popular del planeta se disputará entre el 14 de junio y el 15 de julio a lo largo de 12 sedes repartidas entre el Cáucaso y el Báltico, desde la cuenca del Obi a Kaliningrado. Allí se resolverán los grandes interrogantes de la industria. La influencia de las monarquías del Golfo Pérsico como primera fuente de financiación; el peso del trabajo de los clubes como catalizador de jugadores clave; el duelo entre Mbappé y Neymar por el trono de Messi y Cristiano; y el test de vigencia de Alemania y España, doble cuna de la última gran ola de innovación, determinarán el equilibrio de poderes en la próxima década.

La Roja es una de las incógnitas a despejar. El vanguardismo de España en campos como la metodología del entrenamiento, la organización de la competición en categorías menores, y el planteamiento de los partidos en función del dominio del balón y el espacio, le brindó una ventaja estratégica desde 2008. La selección ha sido el reflejo de ideas superiores desarrolladas en los clubes. Pero desde 2012 la puesta práctica de esos conocimientos se difuminó. Por falta de información, entusiasmo y jugadores.

La retirada de Xavi, Alonso, Puyol y Villa obligó a procesar una transición que Del Bosque no consiguió completar y que ahora conduce Julen Lopetegui. El éxito del proceso está por determinar. Las estadísticas de la fase de clasificación invitan al optimismo. Si camino de la Eurocopa de 2016 la selección metió 23 goles y encajó 3, en los partidos oficiales que conducen a 2018 sumó 36 goles a favor y 3 en contra. Sin grandes cambios en la nómina de jugadores.

Nueve de los 12 hombres más utilizados por Del Bosque son los mismos que empleó Lopetegui: De Gea, Ramos, Piqué, Busquets, Alba, Koke, Thiago, Iniesta y Silva. El técnico vasco ha instalado al formidable Carvajal en el lateral derecho, ha promovido a Isco como gran revelación, ha confiado en Saúl como primer refuerzo del mediocampo y —en sintonía con Del Bosque— no ha terminado de darle a Morata el estatuto de indiscutible. ¿Qué hacer con el nueve? La duda que desautorizó a Del Bosque en Brasil sigue sobrevolando a España camino del debut contra Portugal, el 15 de junio en Sochi.

Tentados por Costa

A Lopetegui le sigue atrayendo la variante de Diego Costa. Recurso encubierto de la vía del pelotazo, Costa encarnó la vacilación que minó a España en 2014. En la última serie de clasificación el nueve del Atlético siguió sin mostrarse cómodo con el juego que practican Iniesta, Silva y Busquets.

Sucede que Lopetegui tiene anzuelos pero también quiere arpones. El seleccionador piensa en Costa con sentido instrumental. Lo ve como un vehículo de salida rápida: alguien que aguanta de espaldas el balón largo lo mismo que corre al espacio. Pero alternar toque con juego directo no es tan sencillo como parece. España lo intentó con Italia en el Bernabéu, replegándose y haciendo la presión en la línea del mediocampo, y el resultado fue que el rival se adueñó del partido. Lo repitió en el amistoso de San Petersburgo para defender el 2-3 y perdió el control del juego antes de que Rusia acabara empatando 3-3.

En estos días hay un equipo de reporteros mexicanos a caballo entre América y Europa produciendo para Netflix una serie sobre la cuestión fundamental: “¿Qué hace falta para ganar un Mundial?” Si existen 211 federaciones, se preguntan, ¿por qué solo ocho han conseguido la Copa?

Los testimonios recogidos en los países de los ganadores repiten más o menos el mismo patrón. Para ganar un Mundial hace falta el respaldo de una cultura que los demás no tengan, una idea ventajosa, jugadores capaces de interpretarla, y una dosis mínima de entusiasmo, convicción y energía. Los favoritos son los de siempre. A priori, ninguno parece perfecto. Francia cuenta con la mejor plantilla del mundo pero cultiva una idea de juego que conspira contra su talento; Alemania tiene todo a falta de determinar el grado de motivación en sus filas; a Brasil solo le falta confirmar la madurez de Neymar; Argentina no sería favorito de no ser por Messi, y España gozará de todos los requisitos para luchar por la Copa con plenas garantías si los más veteranos llegan a junio con reservas suficientes.

No es casual que el máximo goleador de La Roja desde 2016 sea David Silva. Diez tantos en 15 partidos a sus 31 años señalan un hito majestuoso y preocupante al mismo tiempo. El Mundial suele ser cruel con los treintañeros.

Más información