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Ariel Holan, el entrenador de hockey que rescató a Independiente

El argentino, que no se dedicó al fútbol hasta los 43 años, está a un paso de ganar la Copa Sudamericana con un club que hace solo un año estaba hundido

Ariel Holan, durante el partido de ida contra Flamengo.
Ariel Holan, durante el partido de ida contra Flamengo. AFP

Ocurrió en mayo pasado. Independiente y Racing disputaban una nueva versión del clásico de Avellaneda, el segundo más importante de Argentina, y en el momento en que los Diablos Rojos marcaron el tanto que sentenciaba su victoria, Ariel Holan (Buenos Aires, 57 años), su entrenador, no pudo reprimir las lágrimas.

“Mi papá siempre fue muy emotivo. Llora cuando ve una película o por cualquier cosa que lo conmueva, ¿cómo no iba a llorar en un momento así?”. Al día siguiente, casi como si necesitara excusarlo, Meli, una de las dos hijas del director técnico de moda del fútbol argentino, intentó darle crédito a los que algunos habían calificado como una sobreactuación “para la tribuna”.

La joven, en realidad, solo estaba añadiendo una pieza más a un puzle todavía incompleto, el de un entrenador desconocido para el gran público y llegado al fútbol desde el hockey hierba femenino, en el que trabajó hasta 2003. Un técnico que solo en 2015 alcanzó la Primera División al frente del modesto Defensa y Justicia y que está a punto de lograr lo que muchos consideran casi un milagro: rescatar de las cenizas al Independiente, el Rey de Copas, uno de los grandes del fútbol argentino.

Esta miércoles por la noche en el estadio Maracaná (0.45, hora española, beIN Sports), la escuadra roja buscará ante el Flamengo brasilero hacer valer el 2-1 d el encuentro de ida y quedarse con la Copa Sudamericana, el equivalente de la Europa League al otro lado del Atlántico.

Aunque parezca insólito, dos días antes de dicho partido, Holan tuvo que volver a justificarse ante los medios: “Yo no me levanté alcoholizado una mañana y dije que quería ser técnico de fútbol. Llevo diez años trabajando para llegar a esta oportunidad".

Mirado de reojo –y en algún caso con sorna por colegas, periodistas e hinchas, el 29 de diciembre de 2016 había recibido un equipo que deambulaba sin brújula en medio de un club en descomposición. Apenas unos días antes, Gabriel Milito, ex jugador del Zaragoza y el Barcelona e ídolo de los hinchas, había presentado su renuncia. La gente bramaba en las tribunas, hastiada por dos décadas de continuas frustraciones que incluía el único descenso de categoría en la historia de la entidad (2013), el marasmo económico, el creciente poder de una de las “barras bravas” más poderosas del país y la pérdida absoluta de identidad futbolística.

Holan no solo llevó consigo su peculiar metodología de trabajo, sus doce colaboradores, sus drones para filmar los entrenamientos, sus programas de edición instantánea para poder corregir posiciones con vídeos en los descansos de los partidos, su afición por los grandes datos o las charlas de coaching. Además tenía un as en la manga: ser hincha fanático del Independiente desde su niñez. El plus de haber vivido en carne propia los tiempos de gloria y la posterior debacle le permitió hacer un diagnóstico exacto de los males y le abrió las puertas del banquillo del club de sus amores. Los resultados están a la vista.

Un año más tarde, Independiente ha mutado de piel. El equipo tiene un estilo de juego vertiginoso y punzante que coincide con el exigente gusto del hincha, los números acompañan (22 victorias, 12 empates y 6 caídas en 2017) y los líderes de la “barra brava” están presos, denunciados por el propio Holan.

El arma de las viejas glorias

El factor emocional hace el resto. El técnico convocó a las viejas glorias, con el mítico Ricardo Bochini a la cabeza, para imbuir de aquella identidad perdida al actual plantel. Y hasta recuperó un peculiar modo de saltar al campo acuñado por el Independiente campeón de América de los 60 y 70: el equipo ingresa caminando con lentitud, se acomoda en la línea que divide el campo, el capitán se adelanta y todos saludan con los brazos en alto hacia las cuatro tribunas. “Es increíble la seguridad en uno mismo que se gana en esa caminata”, afirma Ricardo Pavoni, aguerrido defensa uruguayo de esos años que sugirió la idea.

La suma de factores obró el “milagro”. Esta noche en el mítico Maracaná, donde ya logró coronarse en la Supercopa 1995, el añejo Rey de Copas intentará dar el paso que le falta para su definitiva resurrección.

Por las dudas, Ariel Holan haría bien en tener a mano un cargamento de pañuelos.

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