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Islandia, el valor del equipo

Los futbolistas del país nórdico ofrecen su mejor versión cuando se juntan en su selección, que confirma con la clasificación para su primer Mundial el salto de la modestia a la elite

El capitán islandés Aron Gunnarsson lidera el grito vikingo de la celebración del pase al Mundial.
El capitán islandés Aron Gunnarsson lidera el grito vikingo de la celebración del pase al Mundial. AP

El debate ya se ha planteado y rebrota cada vez que una modesta selección europea encaja una goleada en una fase de clasificación. Es entonces cuando se plantea la conveniencia de establecer divisiones, categorías que eviten enfrentamientos desiguales y partidos anodinos, quien sabe si también historias de cenicientas que dan lustre a la épica que reviste tantas historias futbolísticas, por ejemplo la de Islandia. “Es una una inspiración para las naciones más pequeñas”, dijo ayer en Reikiavik el seleccionador de Kosovo, Albert Bunjaki, tras presenciar la primera clasificación islandesa para un Mundial. 54 selecciones europeas partieron en el camino hacia Rusia para representar allí a un continente en el que solo Andorra, Mónaco, Liechtenstein, San Marino y el Vaticano están menos poblados que la remota isla nórdica de 334.000 habitantes. Dos de esos estados no tienen selección y sí por ejemplo Gibraltar e Islas Feroe. La cuenta es la misma: solo cinco países tienen menos donde elegir para confeccionar sus equipos que Islandia, que en octubre de 2007 caía en Liechtenstein por tres goles a cero ante la que entonces era una par. Hace año y medio superaron a Inglaterra para jugar los cuartos de final de la Eurocopa y ahora llegan al Mundial tras dominar el único grupo que albergaba cuatro selecciones (se enfrentó a Croacia, Ucrania y Turquía) que habían disputado el último gran torneo continental.

Kosovo multiplica por seis la población de Islandia, que en marzo de 2012 languidecía en el puesto 131 del ránking FIFA. Pero ya entonces había un plan en marcha, un modelo consistente en fomentar espacios para practicar deporte en equipo (la selección de baloncesto acaba de debutar en un Eurobasket, el balonmano era hasta ahora el deporte nacional y su equipo representativo un clásico entre las mejores del orbe) y en impulsar cada vez más formadores. Los resultados empezaron a indicar que el camino era el adecuado: la selección femenina se clasificó para su primera Eurocopa en 2009, dos años después la selección masculina sub-21 se coló entre las ocho mejores del continente. La base de aquel equipo es la que ahora manda en la medular del equipo que impacta a nivel planetario, con Bjarnasson, Gudmunsson, Gunnarsson o Gylfi Sigurdsson. Los delanteros Finnbogason y Sigthorsson también estuvieron en un torneo en el que lograron ganar un partido a Dinamarca, la selección anfitriona, una competición que ganó España con De Gea, Javi Martínez, Mata o el ahora deportivista Adrián López como máximo goleador.

Islandia integró a esa generación con los versos sueltos que lideraban la anterior como el meta Halldorsson o los zagueros Saevarsson, Arnason y Ragnar Sigurdsson. Exprimió los últimos años de Eidur Gudjohnsen, que se dio el gustazo de jugar una Eurocopa antes de colgar las botas. “¡Cómo me hubiese gustado haberla jugado con 27 y no con 37!”, exclamó el exjugador del Barcelona durante la epopeya gala de hace dos veranos. Ya se habían quedado a un paso de jugar el Mundial de 2014, les eliminó Croacia en la repesca. Dos años antes apenas habían sumado cuatro puntos, una victoria, un empate y seis derrotas, en la clasificación para la Eurocopa en un grupo con Dinamarca, Portugal, Noruega y Chipre. Justo después se incorporó Heimir Hallgrimsson al equipo de trabajo que lideraba desde hacía dos años el sueco Lars Lagerbäck. Tras la última Eurocopa, vuela solo para revelarse como un interesante táctico, un técnico capaz de sortear las dificultades planteadas por las lesiones de uno de sus delanteros, Sigthorsson, para armarse con un centrocampista más y no variar el ecosistema del equipo.

Aparcado el 4-4-2 que mostró en Francia, Islandia se acomoda ahora un 4-5-1 con la agregación del veterano de 33 años Hallfredson, futbolista del Udinese y con larga experiencia en la Serie A. Y ha sumado al joven lateral izquierdo Magnusson, propiedad de la Juventus y cedido al Cesena de la segunda categoría italiana. Es el mismo equipo reconocible de 2016, cómodo en el fútbol directo, esforzado en la presión, voraz en las llegadas al área desde segunda línea, un bloque en el que sobresale a nivel técnico Gylfi Sigurdsson, por el que el Everton pagó al Swansea este verano 50 millones de euros y que no acaba de adaptarse al rol que le pide en su equipo Ronald Koeman, caído hacia un flanco. En la selección tiene mando en plaza, rodeado de compañeros que también encuentran su mejor versión cuando defienden a su país. “Ojalá este éxito les sirva a los chicos para obtener mejores contratos o equipos”, deseó en voz alta Hallgrimsson tras la Eurocopa. No les acaba de ir bien a muchos de ellos cuando no se rodean de paisanos. El meta Halldorsson se fue de la liga holandesa a la danesa, entre los centrales Arnason dejó el Malmoe, con el que disputó la Champions, para integrarse en el Omonia chipriota y ahora juega en el Aberdeen. Ragnar Sigurdsson firmó tras el verano francés un buen contrato con el Fulham, pero acaba de salir cedido al Rubin Kazan. Gudmunsson no acaba de convertirse en titular en el Burnley y Bjarnason, que era pieza clave en el Basilea, no logra entrar en el Aston Villa de la segunda categoría inglesa. A ese nivel, Bodvarsson dejó, con más sombras que luces, el Wolwerhampton para irse alReading.

Bodvarsson trata de controlar la pelota en el partido contra Kosovo.
Bodvarsson trata de controlar la pelota en el partido contra Kosovo. AFP

Otros como Finnbogason, que no es indiscutible con la selección, sí han encontrados su sitio. El exdelantero de la Real es pieza clave en el Augsburgo, como el barbado capitán Gunnarsson en el Cardiff, líder en la Championship. En él, en esa fiereza que exhibe sobre el campo, con el balón en juego o en las celebraciones cuando lidera la liturgia del grito vikingo, se resume el valor de un equipo que ha dejado atrás tantas limitaciones en un país que apenas tiene poco más de un centenar de futbolistas en el extranjero. Nada resulta fácil en Islandia, pero por lo visto tampoco nada es imposible.

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