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El Real Madrid sobrevive a su pasado

Después de perder todos los amistosos, en el primer partido oficial los blancos sacaron la víbora del armario contra Mourinho

José Mourinho, durante la Supercopa de Europa, detrás de Zinedine Zidane. En vídeo, las declaraciones de Zizou tras el encuentro.

En un tiempo de jeques, petróleo y chinos teledirigiendo a sus clubes en el inmenso Pro Evolution Soccer organizado en Europa, y que llega a categorías regionales, la vieja aristocracia del Real Madrid sigue mandando. Campeón de España, campeón y supercampeón de Europa, actual campeón del Mundo. Con una leyenda en el banquillo que recuerda todos los códigos que el fútbol ha significado siempre. No se sabe por cuánto tiempo ni en qué momento el Madrid cederá al destino, pero la resistencia está dejando la segunda edad dorada de los blancos.

Después de perder todos los amistosos, en el primer partido oficial, y primera final, el Madrid sacó la víbora del armario. Se acabó la cascabel de gomaespuma de feria y la apatía literaria de héroes cansados. Ni siquiera se dejó el margen de Cardiff, cuando la Juve lo agarró de la pechera. El Madrid fue una dictadura. Permitida al principio por el United con intenciones alevosas; asumida cuando tras el 2-0, una obra de arte de Benzema, Bale e Isco (los dos primeros en el punto de mira del madridismo infeliz), los blancos siguieron asfixiando al ManU: lo dejaron primero sin balón, luego sin aire y finalmente sin título. Una demolición absoluta, canónica, de sagradas escrituras, que duró 60 minutos; nunca duran 90 si el que está enfrente es Mou.

El United sacó lo que el Madrid conoció tan bien en otro tiempo. Al fin y al cabo Darth Vader fue un día Anakin Skywalker para el madridismo: se conocen tan bien sus virtudes explotadas como las destruidas en el rival. Ya el primer golpe de nostalgia fue ver a Mou extendiendo los brazos al cielo después de que Mkhitaryan se tirase al césped a 140 metros de Ramos. Protestaba Mou y, al verlo, los mourinhistas viejos nos echamos a reír, porque ya se sabe que la historia primero es tragedia y luego farsa, sobre todo si están España y Gran Bretaña en medio. Después de tantos años Mou ya sólo nos conoce por intuiciones y actos reflejos: nos quedamos con el carácter, recuperado por él en aquellos años de complejos, pero de aquel juego no fue reconocible ni lo mejor, la pegada.

La última media hora fue un ejercicio plástico de final europea; un equipo asilvestrado yendo al origen del fútbol (el balón colgado al más alto) y otro doliente y plástico, sin mordiente pero con la fe del iluminado. Eso mantuvo al Madrid en pie incluso en las ocasiones más clamorosas del United. Un descuento de 7 minutos es lo más cercano al sexo que tendrá Mou en un partido de fútbol, pero le tocó en el bando contrario: los que tienen que remontar.

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