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España corre y pasa

La selección combina la verticalidad de Saúl con el talento de Ceballos y el equilibrio de Llorente para imponer su superioridad en el centro del campo

Asensio, Ceballos y Saúl celebran un gol ante Italia.
Asensio, Ceballos y Saúl celebran un gol ante Italia. AFP

Saúl lleva todo el Europeo sub-21 manejando los hilos de cada partido a su antojo. El rojiblanco salta al campo e impone su ley cuando lo estima oportuno. Es su rutina en Polonia, hacer de gobernador de un equipo que ha llegado a semifinales de su mano, siendo el encargado de abrir todos los partidos que ha disputado a partir de la verticalidad y su guante en el interior del pie izquierdo. El poderío físico del volante de 22 años y su bagaje ya en la élite del fútbol con 148 partidos en el Atlético, una final de Champions incluida, le permiten leer y controlar los tiempos de un campeonato como este a una marcha por encima del resto. Completado su ejercicio de superioridad pertinente ante Macedonia, Portugal y, especialmente, Italia, a la que apeó del torneo con un triplete, no da ni una muestra de cansancio. Con Saúl como piedra angular ha construido Celades una medular en la que la velocidad y las transiciones priman por encima del fútbol de control.

En ella confluyen tres jugadores muy diferentes a partir de los que España es capaz de conjugar ambos estilos, primero la verticalidad y luego, encarrilado el marcador, el toque. En lo primero dominan desde las bandas dos jugadores de potencia y regate, Marco Asensio y Gerard Deulofeu, y acompaña Saúl con arrancadas desde algo más atrás. Que pueda hacerlo es cosa de Marcos Llorente, único centrocampista puro en el esquema de La Rojita y el hombre que quita las cadenas que el volante sí tiene en el Atlético. "En esa posición está más cómodo con su llegada al área. Desde que le pusimos en una posición más adelantada está haciendo goles. Su nivel está siendo muy alto y es un regalo tener jugadores como él", dice sobre el rojiblanco de Celades. Saúl, que en toda la temporada anotó nueve goles, es el máximo goleador del campeonato. Ha marcado en todos los partidos y con una efectividad del 100%. Cinco remates a puerta y cinco goles que se explican con un golpeo milimétrico y potente con la zurda.

Por detrás de Saúl, Llorente es el encargado de poner orden y equilibrio de un equipo en el que pivota, crea y tapa cualquier espacio. En una versión similar a la de Casemiro en el Real Madrid, a la que añade un mejor manejo del balón en largo y en corto, es el nexo de unión entre la zaga y los cinco de arriba. De ellos se descuelga uno, Ceballos, el jugador revelación de un Europeo en el que le ha ganado la partida a Denis Suárez. Talento puro, es el tercer integrante de un centro del campo en el que él es el que más guarda la esencia del fútbol de toque que impera la absoluta. El bético y Llorente son los dos jugadores que más pases de media completan por partido de todo el cameponato, 71 el primero y 73 el segundo. De eso, del toque, se despreocupa más Saúl, que acapara mucho menos balón para arrimarse más al área.

Entre el rojiblaco, el área y Llorente es donde opera Ceballos, encargado de poner la magia y hacer de puente a partir de su velocidad, rapidez de movimientos y un amplio repertorio de detalles técnicos. Su exhibición ante Italia le convirtió en el mejor regateador de todos los que hay en Polonia con 11 y en el jugador que más interviene en campo contrario. Del equilibrio de Llorente, la magia y el toque de Ceballos y la verticalidad y arrancadas de Saúl se sustenta una España que primero ejecuta y luego controla.

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