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El catamarán de Nueva Zelanda naufraga en la última regata

La supervivencia del desafío depende de su capacidad de reparar el barco en menos de 24 horas

El catamarán de Nueva Zelanda, hundido. Ampliar foto
El catamarán de Nueva Zelanda, hundido. AP

La energía de los cuatro marinos-ciclistas de Nueva Zelanda no impidió que su catamarán de 15 metros de eslora naufragara en los primeros metros de su cuarta regata de la semifinal de los aspirantes ante el Reino Unido. Ninguno de sus seis tripulantes resultó herido.

No hay barco de repuesto. Las reglas solo permiten sustituir piezas dañadas. La supervivencia del desafío neozelandés, el gran favorito de las eliminatorias previas para enfrentarse a partir del día 17 al defensor, el Oracle de Estados Unidos, depende de su capacidad para reparar el barco antes de la próxima regata, prevista para el miércoles a las 19.08, hora peninsular española, aunque las previsiones de viento son tan elevadas que, providencialmente para Nueva Zelanda, podrían suspenderse las regatas. Nueva Zelanda domina su semifinal, a cinco victorias, por 3-1 sobre Reino Unido. En la otra semifinal, Japón, patroneado por el neozelandés Dean Barker, manda sobre Suecia por 3-1. Si no repera a tiempo su barco, el desafío kiwi perdería las dos regatas de mañana, y Gran Bretaña empataría la semifinal.

El viento soplaba por encima de los 20 nudos en el Great Sound de Bermudas, donde se desarrollan las regatas de la Copa del América. En las maniobras previas a la salida lanzada, Ben Ainslie, el timonel del desafío británico, mantuvo a raya al barco patroneado por Peter Burling, que tomó una decisión arriesgada. Unos metro detrás del barco oponente, Burling aceleró a tope el Aotearoa elevando al máximo el foil, las patitas sobre las que vuela. Intentó pasar de 10 a 40 nudos en pocos segundos. Lo hizo con brusquedad. El timón de barlovento quedó suspendido en el aire, fuera del agua, con lo que el barco era ingobernable, mantenido sobre el agua en precario equilibrio sobre solo dos apoyos (el foil y el timón de sotavento). El impulso de la aceleración envió las proas hacia delante, se hundieron en el agua y tras ellas, en picado, el resto del barco, que quedó clavado. Uno de los ciclistas, Blair Turke, cayó al agua, y se alejó nadando del pecio flotante. Los cinco restantes se mantuvieron en el casco, agarrándose a las bicicletas, a la rueda del timón y a los cables del foque.

Los mayores daños, aparentemente, los sufrió el wing (el ala de 25 metros de altura construido como una serie de costillas de fibra de carbono sobre una espina dorsal y todo recubierto de ligero plástico), el elemento fundamental de los catamaranes de la Copa del América. En el caso de que no se pudiera reparar tendrían que utilizar el otro wing del que disponen, el que habían utilizado en las regatas anteriores, que justamente sustituyeron por el de repuesto para la regata del naufragio. Otros expertos destacaban la posibilidad de que hubiera quedado irreparablemente dañado por el agua el sistema electrónico del barco. El mayor destrozo, daños estructurales, sin embargo, pudo quedar oculto.

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