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Bale perturba la paz de Zidane

La lesión del galés, cuya presencia en la vuelta ante el Bayern y en el Clásico está en duda, altera los planes del Madrid en el momento más importante de la temporada

Sporting - Real Madrid
Bale habla cuando Zidane al ser sustituido frente al Bayern. REUTERS

Diez días ante de que el Real Madrid visitara el Camp Nou, el 26 de noviembre, una entrada del central del Sporting de Portugal Coates alcanzó el tobillo derecho del Gareth Bale, mandó al atacante galés al quirófano y dejó a Zidane sin su hombre más determinante para el partido con mayor trascendencia hasta entonces. Bale se vio frenando cuando mejor jugaba desde que llegó al Madrid, que le perdió tres meses y a las puertas del día grande. Volvió a mediados de febrero, pero el pasado martes en Múnich, otra vez a diez días del Clásico, unas molestias musculares en el sóleo de la pierna derecha vuelven a poner en duda su presencia en el duelo frente al Barcelona y perturban la paz en la que se había instaurado Zidane en la última semana.

El francés apareció ayer por la sala de prensa de Valdebebas con el temple y la sonrisa siempre habituales en él. La victoria en Múnich y el punto de más arañado la semana pasada en Liga tras la derrota del Barcelona en Málaga allanaron el camino de un Madrid que parecía afrontar la semana grande de abril en medio de una paz imperturbable. Pero la lesión de Bale lo cambió todo, también el gesto de Zidane, tenso y con claros signos de seria preocupación cuando le tocó hablar del galés. "Tiene un edema y lo que tenemos claro es que no vamos a arriesgar nada. No sabemos cuándo podremos contar él, solo podemos esperar y ver cómo evoluciona día a día. Ya veremos si está para el Bayern y el Barcelona", reconoció ayer el entrenador francés. "Estoy preocupado", sentenció. Bale tuvo que retirarse en Múnich mediada la segunda parte por unos problemas en el sóleo de la pierna derecha originados a raíz de la operación de tobillo.

Pero lo cierto es que, al contrario que hace cinco meses, Zidane no pierde a un jugador insustituible. En noviembre Bale discutía el trono a Cristiano; ahora, el debate en torno a su titularidad alcanza los niveles de la temporada pasada, cuando vivió sus peores momentos de blanco. Desde que reapareciera el pasado 18 de febrero, Bale no ha sido capaz de alcanzar la determinación que mostraba en los primeros meses de temporada. Desequilibrante, goleador y más combinativo que nunca, el galés emergía ante el bajón de Cristiano. De agosto a diciembre, Bale consiguió siete goles y cuatro asistencias; del 18 de febrero hasta Múnich, solo dos goles. Ha recuperado su versión más atípica y menos asociativa desde un costado derecho en el que parece abstraerse y desde el que apenas interviene.

Zidane, rendido hasta hoy a su tridente de ataque, intocable para él en las grandes citas, vuelve a poner a examen a todos sus meritorios en El Molinón, donde hoy ante el Sporting (16.15, beIn LaLiga) se juega mantener la renta de tres puntos—a falta de recuperar el partido frente al Celta—antes del Clásico. Lo hará, además de sin Bale, Pepe y Varane, sin Cristiano, Benzema, Keylor y Carvajal, a quienes el francés ha dado descanso.

Sí estará Asensio, quien revolucionó el partido en Múnich, y quien llama con fuerza a la puerta de Zidane para ocupar el hueco del maltrecho Bale.

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