El doble estigma de Dimitrov

La carrera del búlgaro, sin brillo pese a las expectativas, ha estado condicionada por la comparación permanente con Federer y su noviazgo con Sharapova. "Me he enamorado del tenis otra vez", celebra

Dimitrov devuelve la pelota de revés durante un partido en Melbourne.
Dimitrov devuelve la pelota de revés durante un partido en Melbourne.Quinn Rooney (Getty )

El búlgaro Grigor Dimitrov, rival hoy de Rafael Nadal en la segunda semifinal masculina (9.30, Eurosport y Discovery MAX), es uno de los mayores talentos que ha producido el tenis en los últimos años. Sin embargo, desde sus primeros pasos en el circuito profesional se trazó una comparación peligrosa que ha terminado perjudicándole. Durante mucho tiempo, Dimitrov ha tenido que portar la carga de un sobrenombre, el de Baby Federer. Se le bautizó así por su similitud estética con el suizo, por su revés a una mano y sus golpes milimétricos.

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Pero no ha sido el único asunto que ha condicionado su carrera. En 2013 comenzó una relación amorosa con Maria Sharapova, fraguada en Madrid, por lo que también se le asociaba irremediablemente con la rusa. Hasta que fue suspendida por dopaje, Masha tuvo más o menos éxito en la pista, pero Dimitrov, con el que rompió en 2015, nunca ha llegado a despegar. En su expediente solo figuran cinco títulos, ninguno de ellos de alta entidad (Estocolmo, Acapulco, Bucarest, Queen's y Brisbane), y a sus 25 años todavía no ha explotado.

De hecho, durante varios años el búlgaro ha estado perdido, compitiendo sin pena ni gloria. Alcanzó las semifinales de Wimbledon en 2014, pero posteriormente su juego fue menguando y describiendo demasiados vaivenes. Ahora, por fin, a tiempo aún, parece haber dado con la tecla. “Hubo cosas a mi alrededor que no eran las más adecuadas”, explica hoy el número 15 del mundo, que en Melbourne ha apeado a Richard Gasquet o David Goffin, entre otros. “Necesitaba encontrar de nuevo la inspiración, necesitaba encontrar el camino para divertirme de nuevo. Ahora estoy disfrutando en la pista, corriendo por cada bola. Me he enamorado del tenis otra vez. Tengo esas mariposas cuando salgo a la pista”, reconoce.

Dimitrov, formado en la Academia Sánchez-Casal de Barcelona, vive buenos días bajo el asesoramiento del técnico venezolano Daniel Vallverdú, con el que se alió el año pasado para ganar en orden y paciencia. Esta temporada, el búlgaro elevó el título de Brisbane y aún no ha perdido un solo partido (10-0). Ha encontrado el equilibrio anímico dentro y fuera de la pista. “Las pequeñas cosas son importantes. Cuando las pones todas juntas se produce un gran cambio. Creo en mí y tengo un espíritu positivo”, dice con el deseo de dejar atrás el doble estigma de Federer y Sharapova.

Ante Nadal, los números previos juegan en su contra: 7-1 en el global. Eso sí, la última vez que se vieron las caras en una pista (octubre, Pekín) salió airoso Dimitrov, el talento que poco a poco está encontrando su verdadero sitio. Ni 'Baby Federer' ni 'el novio de Sharapova'. Solo Grigor Dimitrov.

Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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