El Celta empata en casa contra el Standard y no dependerá de sí mismo en la última jornada

Fiasco europeo del equipo gallego, que mostró una mala versión en Balaídos

Pione Sisto, del Celta, disputa la pelota a Collins Fay, zaguero del Standard.
Pione Sisto, del Celta, disputa la pelota a Collins Fay, zaguero del Standard.MIGUEL RIOPA (AFP)

El Celta no dependerá de sí mismo en la última jornada de la Europa League, dejó pasar la sentencia ante el Standard de Lieja en Balaídos y deberá buscarla dentro de quince días en dos campos, en el del eliminado Panathinaikos y también en terreno belga, donde su rival de esta jornada recibirá a un Ajax ya campeón de grupo. El Celta necesita ganar y hacerlo por un gol más que el Standard si este logra cantar también victoria. Todo tras un partido que el equipo de Berizzo tuvo de cara durante bastantes minutos, pero que no mereció ganar, en el que necesitó pico y pala ante un rival que mostró un excelente nivel en Balaídos, que tuvo fútbol y sobre todo convicción. En Atenas no estará Iago Aspas, que vio la segunda tarjeta amarilla por una protesta cuando el partido expiraba.

La cita obligaba. La victoria valía el pase, la derrota eliminaba y no todos los empates eran buenos, en todo caso prolongaban la pelea para un equipo que no va sobrado de efectivos. Ganar difería los sueños europeos hasta febrero y por eso Berizzo, que hasta esta jornada había dosificado esfuerzos en la competición continental, no se guardó nada. El equipo pareció captar ese mensaje y empezó como un torbellino, en siete minutos envió un remate al palo y otro a la red. Marcó el inevitable Iago Aspas, que extrajo un gol de un saque de banda por vivales. El neointernacional se mostró ante la zaga belga, tiró un caño en la frontal, se filtró entre los zagueros rivales y sacó el interior de su zurda para colocar en el palo largo al estilo Wembley.

El Celta jugará la última jornada en Atenas frente al eliminado Panathinakos y deberá mejorar el resultado del Standard ante el ya clasificado Ajax si quiere seguir en Europa

Aspas no jugaba desde su explosión con la selección en tierra británica. La acumulación de amonestaciones le dejó fuera del equipo el pasado fin de semana. No había sido titular en la Europa League en los cuatro partidos anteriores. Demasiada abstinencia para alguien que siempre quiere mojar en la salsa del fútbol. Pero tras el gol el Celta se amansó, perdió la pelota porque además tampoco hizo mucho por ir a buscarla, irreconocible por su escasa codicia en la resta, por no aplicarse en la presión como acostumbra. El Standard creció desde esa comodidad porque además siempre sintió que tenía una referencia, Belfodil, un delantero argelino grande y talentoso, alguien que apuntó a ser grande y que quizás merezca un vistazo por si alguien se anima a rescatarle y encomendarle misiones mayores que las de la liga belga. Apenas tiene 24 años. Sus compañeros le buscaron y le encontraron para que cuerpease y sembrase el pánico entre la defensa celeste. El Celta perdió el hilo que parecía haber agarrado de inicio, se desconectó de Aspas y de Guidetti, no se dejó dominar porque el equipo de Berizzo jamás busca esa estrategia, pero llegó domesticado al descanso y apurado porque su rival mereció el empate. Lo tuvo cerca en un remate del portugués Orlando Sa al palo, otro aviso que mostró que también podía haber problemas en las acciones a balón parado.

Iago Aspas celebra el gol del Celta.
Iago Aspas celebra el gol del Celta.MIGUEL RIOPA (AFP)

El plan del Celta tenía que pasar por la posesión. No le convenía un intercambio de golpes, sí la pausa de tener el balón en los pies, madurar la jugada y esperar que el espacio llegase en esas largas transiciones. El equipo dispone de herramientas para hacerlo y las buscó para desactivar la pujanza del Standard. Fueron diez minutos tras el descanso que marcaron un camino que parecía expedito y acabó en bache porque Belfodil apareció de nuevo para exigir lo mejor de Rubén Blanco. No dejó de jugar con fuego el Celta porque un gol le daba al Standard el dictado de cara a la jornada final. Se percibió la agonía cuando a falta de veinte minutos para el final Berizzo se dio la vuelta y pidió al graderío que alentase a su equipo. Llovía y hacía frío, calaba la humedad sobre Balaidos, metió el partido en el horno el Standard, que empezó a encontrar espacios para combinar en tres cuartos ante un rival replegado y atrincherado, desconocido. Mereció el empate el equipo belga por juego e insistencia, por fe. Lo logró el central Laifis después de que Rubén Blanco demorase ese castigo con varias felinas intervenciones. Luego Aspas regresó a sus peores infiernos e incluso un resbalón final de Belfodil cuando lanzaba una contra en ventaja acabó por dar incluso por dejar el sabor de que el empate fue un mal menor para un Celta decepcionante.

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