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“La fortaleza del Barça es que hace 25 años que tienen la misma idea”

El entrenador del Alavés repasa su carrera y analiza al Barcelona de Luis Enrique, con quien compartió vestuario en el club azulgrana

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Mauricio Pellegrino. EL PAÍS

Mauricio Pellegrino (Córdoba, Argentina; 44 años) no cambia ni una coma su discurso cuando se enciende la grabadora. Se presenta a la entrevista con un termo bajo el brazo y el mate en la mano. “¿Tomás mate?”, pregunta. Durante la charla, en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva del Alavés, reflexiona, con voz pausada, de su amor por el fútbol y su innata vocación por la docencia. “Llegarle a los jugadores es un arte. Como en el colegio, las materias las hacen buenas o aburridas los profesores. Con un entrenamiento pasa lo mismo”, afirma el Flaco, casi obsesionado absorber conocimiento. “La experiencia no es sinónimo de cumplir años. Hay gente que tiene 30 años y es muy experimentada y otras de 60 que no lo son. Hay que aprender, todo el tiempo y de todos”, subraya.

Pregunta. ¿Sigue siendo un tipo de campo?

Respuesta. Mi padre era agricultor y yo nací en el campo. A los siete años me fui a vivir a Leones, un pueblo de 10.000 habitantes, y lo sufrí. Ni se imagina lo que me costó ir a Buenos Aires. Mi lugar en el mundo es mi pueblo, guardo un profundo amor por el cuarteto (el género musical de Córdoba), que me devuelve a mis orígenes. Yo empecé a jugar al fútbol en los porteritos de Leones, había uno cada 200 metros. Era darle a la pelota de sol a sol.

P. ¿Perdió el fútbol argentino el futbolista del potrero?

R. No, todavía hay. En Argentina tenemos una cultura futbolística única, lo que pasa es que nos falta lo que tienen aquí. En España se trabaja sobre los conceptos y fundamentos del juego desde que el jugador es muy chico. En Argentina, aunque de a poco va cambiando y mucho, no creemos en la organización. No nos gusta. Pensamos que el talento no se puede organizar.

P. ¿Cuándo comenzó a creer en la organización?

R. Primero con Bielsa y después cuando llegué a Europa con Van Gaal. Ahí fue cuando comencé a pensar: “Los fundamentos del juego de ataque se pueden trabajar. Se puede ocupar racionalmente el terreno de juego”. Si un equipo ocupa bien los espacios en ataque cuando pierde el balón está bien organizado. En cambio, cuando atacar solo depende del caos y la inspiración, se generan equipos largos y partidos de ida y vuelta.

P. Usted tuvo de presidente de su club a un líder sindical, como Moyano en Independiente; a un exfutbolista, como Verón en Estudiantes; a un empresario, como Llorente en el Valencia; ahora el Alavés está bajo el control de un exdeportista como Querejeta. Todos muy diferentes, ¿no?

R. Si me das a elegir yo prefiero clubes como el Athletic, Osasuna, Barça y Madrid. Los clubes de fútbol se fundaron hace más de 100 años con el espíritu de la gente, con un sentido de pertenencia. Hoy en día, la gente tiene cada vez menos creencias religiosas y a los políticos se les cree muy poco. Lo único que nos queda es identificarnos con el color de una camiseta. Eso es para toda la vida; abuelo, padre y nieto unidos para un color. Hoy al fútbol llega gente con dinero y se adueña de nuestros colores. No estoy en contra del negocio, pero no quiero que se pierda la parte cultural. En la Premier, la liga más importante del mundo, los presidentes no están.

P. ¿Es tan divertida la Premier?

R. Para nosotros, los argentinos, que nos creemos que la pasión es solo nuestra, llegas ahí y ves que no solo tienen pasión sino también respeto. En Inglaterra el partido es una fiesta, pero en cambio durante la semana no se habla de fútbol. No hay programas ni periódicos deportivos y los clubes son inaccesibles para la prensa y te preguntas: ¿cómo puede ser?, ¿de dónde sale tanta pasión? En Escocia, igual. Leí un libro sobre los clásicos del mundo que decía que el más importante es el Celtic-Rangers, por encima del Flu-Fla, del River-Boca o del Barça-Madrid.

P. ¿A usted cuál le impacto más?

R. En Argentina, el Racing-Independiente es fantástico. El Liverpool-Manchester es maravilloso y el Barça-Madrid lo pongo ahí también.

P. ¿Cuándo llegó al Barça le cambiaron el mote?

R. Un directivo me preguntó: “¿Cómo te llaman?”. “Flaco”, le contesté. Y él me dijo: “No, no, no. Aquí flaco hay uno solo y se llama Cruyff”. Me lo pasé muy bien en el Barcelona, Van Gaal me fue de frente y me abrió las puertas del Valencia.

P. Con Guardiola, Abelardo, Luis Enrique, Sergi… ¿se hablaba mucho de fútbol en ese vestuario?

A Luis Enrique le llamaba el rebelde. Siempre estaba en contra del sistema

R. Sí. Guardiola hablaba todo el día. Luis Enrique, en cambio, menos. Era más bohemio.

P. ¿Bohemio?

R. Yo le llamaba el rebelde. Por su carácter, siempre estaba en contra del sistema. Ese vestuario me ayudó mucho. En ese momento, no sabíamos que íbamos a ir para entrenadores. Y, cuando estás cerca del retiro, piensas: “Lo único que sé hacer es jugar a la pelota”. El fútbol fue mi escuela de vida y yo creo que puedo enseñar a los jugadores a mejorar y a disfrutar de la profesión. Yo tuve un gran defecto, no disfruté del fútbol. Era muy exigente, pero eso me permitió estar en grandes clubes.

P. Antes sufría por usted solo, ahora por 25.

R. Sí, puede ser. Pero en nuestra generación los técnicos eran más autoritarios que docentes. Nunca se nos preguntó: “¿Cómo te sentís? Había que cumplir. Si no le preguntas al jugador cómo se siente, ¿cómo voy a saber cuáles son sus sueños? Yo tuve la suerte de estar casi siempre en vestuarios ganadores. Y eso te exige por un lado, pero te ayuda por otro. Cuando ganas crees que puedes volver a hacerlo. Pero, como aprendizaje, cuando ganas no te replanteas las cosas. Y eso no es así, cuando más tienes que cambiar es en la victoria.

P. ¿Cómo convence de que pueden ganar a una plantilla con 18 jugadores nuevos?

R. Ahora estamos en una fase ensayo y error. Mi objetivo en estos primeros 10 partidos es encontrar un equipo, un estilo de juego.

P. ¿El estilo lo marca Pellegrino o sus jugadores?

R. Las dos cosas. Sé lo que quiero de mi equipo, pero a veces los jugadores te pueden dar más o menos de lo que quieres. Se asocia un apellido de un entrenador a un estilo de juego. Vivimos etiquetando. En el fútbol hay algo claro, si tu rival es superior… Por ejemplo, en una carrera de Fórmula 1, enseguida te das cuenta si el coche de al lado va más rápido que el tuyo. Y cuando tienes el coche rápido, tú marcas la estrategia. Yo escucho hablar de los ideales, pero cuando tu coche va más lento es difícil que puedas hacer tu idea. Hay que buscar el equilibrio, entre lo que quieres y lo que puedes hacer.

En el Alavés, ahora, estamos en una fase ensayo y error antes de dar con un estilo

P. Ahora toca el Barça, un coche rápido.

R. Pero lo lindo del fútbol es que es un deporte de equipo. El juego colectivo te permite suplir otras carencias. A nivel grupal no hay límites de crecimiento, a nivel individual, sí. Defensivamente siempre se puede trabajar mucho mejor y a nivel ofensivo las opciones son ilimitadas. Tu equipo siempre puede ser mejor. Y ahí es cuando, los equipos de peor nivel se permiten soñar. No hay nadie invisible, los motores más rápidos se pueden romper.

P. ¿Y cómo piensa romperle el motor al Barça?

R. Lo que me interesa es hacer nuestro trabajo. Contra ellos no es un partido normal. Están a un nivel de calidad y de organización mucho más alto que el resto. Además de fichar a los mejores del mundo, llevan 25 años trabajando sobre la misma idea. Esa es una gran fortaleza. Adaptarse al Barça es difícil, pero cuando lo hacen… Esa es su gran ventaja.

P. ¿Es un buen asador?

R. Como extraño una parrilla… Me gusta hacer asados, no sé si soy un buen asador. Aquí los españoles me dicen que los argentinos de prender un fuego y tirar unas costillas hacemos una ciencia. Me gusta hacerlo porque me desconecta.

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