Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Una empresa rusa de fertilizantes patrocina el Mundial de Nueva York

Phosagro aporta el millón de euros que se repartirán Magnus Carlsen y Serguéi Kariakin

El nivel de sorpresas, misterios y rarezas que rodean a la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) aumenta un grado más. Agon, la empresa a quien la FIDE vendió los derechos del Mundial por un dólar, anuncia que el duelo Carlsen-Kariakin, previsto de 11 al 30 de noviembre en Nueva York, será patrocinado por la marca Phosagro, cuyo dueño es el millonario ruso Andréi Guriev, relacionado a su vez con el acaudalado presidente de la Federación Rusa de Ajedrez, Andréi Filátov.

La sede prevista para el Mundial, en el Fulton Market del South Street Seaport, en Nueva York
La sede prevista para el Mundial, en el Fulton Market del South Street Seaport, en Nueva York

Han pasado seis meses desde que Agon anunció Nueva York como sede sin mencionar un solo patrocinador. En la nota de prensa publicada hoy, justifica así la inversión de Phosagro: “El ajedrez, y en concreto el duelo final del Campeonato del Mundo, es la plataforma de mercadotecnia ideal para incrementar la notoriedad internacional de Phosagro. Cientos de millones de las personas más cultas y exitosas del mundo seguirán el duelo. Esta audiencia es importante para Phosagro como empresa global con presencia en cien países y en las Bolsas de Moscú y Nueva York, y el ambicioso objetivo de aumentar su base de inversores, socios y clientes”.

Si el anuncio de la sede en Nueva York en febrero no fue un tiro al aire con balas de fogueo, cabe preguntarse por qué este patrocinador no se mencionó entonces, para que su notoriedad fuera mucho mayor. La nota de prensa de Agon no da una sola explicación al respecto, y las declaraciones que se citan de Guriev tampoco: “Este patrocinio es parte del largo programa de responsabilidad corporativa de Phosagro, apoyando educación, ciencia, medicina, deportes y estilos de vida saludables. La empresa tiene una larga historia de cooperación con federaciones de ajedrez, incluyendo el patrocinio del duelo final [Carlsen-Anand] del Campeonato del Mundo 2014 en Sochi”. Guriev añade que él mismo es un gran aficionado al ajedrez, relata las grandes virtudes del deporte mental y se muestra expectante ante el duelo de “dos de los jugadores más jóvenes que han disputado el Mundial en la historia”.

Cuando Phosagro se estrenó en la Bolsa de Londres, declaró que el 10% de sus acciones que no eran de la familia Guriev pertenecían a Vladímir Litvinenko, antiguo jefe de campaña del presidente Vladímir Putin, quien ha declarado en público al menos dos veces la gran importancia de que el campeón del mundo de ajedrez vuelva a ser ruso. Por otro lado, la FIDE y Agon se han empeñado mucho en que el Mundial se juegue en Nueva York a pesar de que Kirsán Iliumyínov, el ínclito presidente de la FIDE, está en la lista negra de la Casa Blanca por sus relaciones con el Gobierno sirio de El Asad. Cuando esta noticia salió a la luz, Iliumyínov hizo como que dimitía, pero su nombre sigue figurando en el directorio de la FIDE como presidente.

Hace unos días, el portal de Internet chess.com publicó un reportaje muy elaborado sobre la penosa situación económica de la FIDE, que ya no puede nutrirse de la fortuna personal del millonario Iliumyínov. Los indicios sólidos de que algunos de sus directivos –sospechosos reincidentes de corrupción, mezclada con gran ineficacia- preparan un golpe de estado, o el reemplazo de Iliumyínov por otra gallina con huevos de oro, pueden tomar forma la próxima semana en Bakú (Azerbaiyán), donde mañana se inaugura la Olimpiada de Ajedrez y el día 6 el Congreso de la FIDE.

Todo indica que los aficionados tendrán menos dificultad en comprender las profundas jugadas de Carlsen y Kariakin que las maquiavélicas componendas de quienes son responsables de que el torneo se juegue en una de las zonas más prestigiosas de Manhattan: el South Street Seaport, cerca de Wall Street. Quizá todo sea una sofisticada campaña de imagen orquestada o bendecida por el Kremlin.