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El bádminton y los detalles

“Soy una Carolina diferente”, dice la doble campeona del mundo, que empieza el jueves ante la finlandesa Vainio la conquista de la medalla de oro

Carolina Marín, durante un entrenamiento.
Carolina Marín, durante un entrenamiento. EFE

“Los pequeños detalles marcarán la diferencia”, dice Carolina Marín, “la nueva Carolina”, como se presenta en Río, que el jueves comenzará ante la finlandesa Nanna Vainio la conquista final de la medalla de oro de bádminton, el objetivo al que no renuncia. “Me encuentro en mi mejor momento, en mi mejor estado de forma”.

Lo de los pequeños detalles recuerda a la teoría del equipo ciclista Sky, la de los marginal gains, muchos poquitos hacen un mucho, lo que refleja perfectamente la forma y el método con los que una zurda onubense de 23 años que iba para bailaora ha sido capaz de “romper la muralla china” del bádminton, un deporte minoritario en España y de masas en el extremo oriente.

Tras su debut olímpico en Londres a los 19 años, Marín llega a Río como número uno del ránking mundial y doble campeona mundial y europea. El bádminton debutó como deporte olímpico en Barcelona 92. En las seis ediciones disputadas desde entonces, las ganadoras fueron asiáticas, las cuatro últimas chinas. Entre las 19 medallas repartidas (hubo dos bronces en Barcelona) solo dos, una plata holandesa y otra danesa, no fueron asiáticas. De Asia, de China, Indonesia, Singapur, India, Corea, sobre todo, de la cantidad y la tradición surge la calidad; de España, la campeona es un proyecto cuidado con mimo y dedicación desde que a los 13 años un entrenador con ideas diferentes la vio jugar e hizo lo imposible porque acabara rápidamente en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid.

Me encuentro en mi mejor momento, en mi mejor estado de forma"

“Carolina llega como doble campeona mundial, pero las dos chinas, la dos y la tres del ránking, ya han disputado una final olímpica”, dice Fernando Rivas, su entrenador desde que esta era una niña de 14 años, el hombre que lleva el método y la ciencia por bandera, su razón, y se niega a dejar ningún detalle al azar. “Esa será la barrera que tendremos que romper”.

Las dos chinas son Wang Yihan, finalista en Londres, y Li Xuerui, la campeona olímpica, y para saltar su barrera Carolina Marín ha debido transformarse pasando los dos peores meses de su vida entrenando como nunca. “Ha sido tan duro”, dijo la campeona, “que algunos entrenamientos los terminé llorando. Pero soy una Carolina diferente, una persona, una deportista, que ha cambiado en muchos aspectos, física, mental, vital y técnicamente”.

Carolina Marín, durante la rueda de prensa. ampliar foto
Carolina Marín, durante la rueda de prensa. EFE

Ese era el plan, llorar y con la experiencia transformarse, y después, guardar el secreto. Los marginal gains es lo que tienen. “Lo hemos controlado y medido todo con la ayuda del centro médico del CSD”, dice Rivas. “Y todo lo que hemos medido, cantidad y calidad del sueño, frecuencias cardiacas en todo tipo de situaciones, capacidad de repetir aceleraciones, y otras cosas que no voy a decir nos permiten asegurar que sus sensaciones de que se encuentra mejor que nunca son correctas. Será una nueva Carolina, que sorprenderá a todas”.

Algunos entrenamientos los terminé llorando. Pero soy una Carolina diferente"

El método es la preparación y el control de todas las variantes, comenzando con la mental, la fuerza extraordinaria que distingue a los campeones y que le permite a Marín convertir la presión por ser campeona en motivación, en fuerza extra, para serlo. “Todo lo que hacemos lo hacemos por algo”, dice Rivas. “Si queremos probar una variante táctica, como, por ejemplo, cortar el volante de la rival unas décimas antes, deberá tener más salto, y para conseguirlo necesitaremos un entrenamiento diferente al que hacía, y así todo”. Y ese todo es el que no explica en su totalidad.

Hipoxia secreta

En ese todo hay sesiones de entrenamiento en Ibiza y en Madrid en pistas en las que intentaron reproducir las condiciones de calor y humedad que se encontrarán en Río, en una cancha que le gustó a la onubense porque es más pequeña que las habituales de los grandes torneos en Asia, donde se controlan menos las variantes. Y también forman parte del secreto las sesiones de hipoxia (entrenamiento con menos oxígeno para forzar al organismo a fabricar más glóbulos rojos y mejorar la resistencia) con un método tan propio que no lo quieren revelar. “No queremos dar pistas a los rivales”, dice Rivas. “La clave es la sorpresa. Hacer lo que no se esperan, y ellos, seguramente también intentarán sorprendernos”.

Y a ese todo lo coronará la personalidad determinada y fuerte, todo un carácter, de Carolina Marín, que se define en tres palabras. “He cambiado pero mi esencia permanece”, dice: “Calma, alegría y fuerza”.

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