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Colas kilométricas en el primer día de competición

Atascos de tráfico y caos junto a las instalaciones olímpicas en el comienzo de las pruebas

Prueba de ciclismo en ruta
Prueba de ciclismo en ruta EFE

No fue un día fácil para quienes madrugaron para ver las primeras competiciones de Río 2016. El espíritu de orgullo y eficiencia que invadió ayer la ciudad, tras el éxito de una espectacular ceremonia de apertura, pareció diluirse con los primeros rayos de sol. Hubo atascos, caos en el transporte, muchísimas colas y algún puñetazo.

Recorrer los 2,3 kilómetros que separan uno de los hoteles de la zona del Parque Olímpico hasta los estadios suponía, a las nueve de la mañana, una hora y diez minutos en autobús, 20 minutos más que el trayecto de 44 kilómetros que separa Barra de Tijuca, el barrio olímpico, del Parque Deodoro, donde, entre otras, se celebran las competiciones de tiro, hípica o bicicleta de montaña. El mismo Comité Olímpico Español tuvo que suspender una rueda de prensa de la selección de waterpolo femenino, convocada a las 12.30 en la Villa Olímpica, por “problemas de transporte y horario”.

Los aficionados se llevaron la peor parte. Mientras el primer partido de la selección brasileña femenina de balonmano comenzaba, centenares de personas hacían colas de cerca de dos horas para entrar en el Parque Olímpico. Los asistentes querían información pero no encontraban a quién pedírsela y, según la prensa local, se produjeron varias peleas con algunos aficionados que, con prisa para llegar a las gradas, quisieron colarse. Hubo hasta puñetazos. Una vez comenzado el segundo tiempo, el estadio empezó a llenarse –había aun así muchos asientos vacíos– y el clima cambió. Las jugadoras reconocieron cómo el impulso del público, que llegó en la mayor parte en el segundo tiempo, ayudó en su difícil victoria contra Noruega. El Comité Organizador se disculpó por los retrasos y pidió refuerzos a las autoridades para acelerar los controles de seguridad para acceder al Parque.

A partir del mediodía la situación comenzó a mejorar, pero buena parte del público ya había llegado tarde a los partidos. La psicóloga Luciana Angelo apareció en el Parque Olímpico a las nueve de la mañana tras una larga odisea desde Copacabana con su marido y otra pareja. El grupo viajó sin retrasos en el nuevo metro reservado a los Juegos, pero se topó con enormes colas para entrar en los autobuses expresos (los BRT) que van hasta los estadios. Querían ver el waterpolo, que comenzaba justo cuando consiguieron llegar al Parque, pero al intentar acceder una nueva cola les bloqueó el paso. Entraron en la piscina una hora después, cuando el primer partido ya había terminado. “Había muchísima gente y estábamos todos impacientes. Es verdad que muchos llegamos a última hora, pero la logística podría ser mucho mejor. Había solo dos puertas para entrar”, se quejaron.

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