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Froome surge triunfante de la locura del Ventoux

Una moto frenada por el público provoca un caos que el inglés intenta solucionar corriendo sin bicicleta y el jurado resuelve irregularmente

Caída de Froome.  Froome corriendo a pie en la ascensión al Mont Ventoux.

El día que vio el primer ataque, frustrado y débil, de Nairo Quintana, caminaba por los caminos trillados de los últimos años con Chris Froome desencadenado en cabeza de amarillo cuando la carrera entró en lo más oscuro del Ventoux, el monte que engaña y lleva a la perdición, y el Tour perdió la cabeza y el sentido común se convirtió en un objeto tan precioso y extraño como un árbol en el desierto árido. Otros golpes de sinsentido e irregulares lo devolvieron cuando el sol frío desaparecía a su estado primario. Se hizo justicia y la justicia está por encima del reglamento, dijo el Tour y dijo Froome, el más fuerte, que aplaudió a los comisarios que tiraron las normas de la UCI por la ventana del coche y le devolvieron un maillot amarillo con el que había atacado impetuoso y clavado a Nairo y que había perdido después de accidentarse con una moto en compañía de sus dos amigos de fuga, su fiel Richie Porte y el holandés Bauke Mollema. Y también, muy educado, como el día anterior, dio las gracias al Tour, que tanto le cuida.

Cuando ganó la etapa, Thomas de Gendt pensaba que aún le quedaban dos kilómetros de ascensión. Afectado por la locura del Ventoux, el irregular escalador belga que vive de sus golpes de genio y que llegó como uno de los supervivientes de la gran fuga matinal, con Pauwels y Navarro, confesó que el último cartel que recordaba haber visto era el de cuatro kilómetros a meta y que después su cabeza había entrado en un estado de confusión del que le habían sacado abrazos y gritos al terminar la etapa. Eric Caritoux, que vive en las laderas del monte del viento, donde cultiva viñas, describe lo inexplicable, que no es un invento, y cuenta cómo en sus primeros kilómetros de ascensión, con la estrecha y empinada carretera cubierta por un espeso bosque de abetos, de repente el oxígeno huye del aire, los ciclistas se marean y se pierden los excursionistas, que no saben si suben o bajan. El exciclista francés que ganó la Vuelta de 1984 añade que ha visto muchas cosas extrañas que desafían la lógica. Aún no había visto a un maillot amarillo desgarbado y delgadísimo correr a pie esprintando loco después de arrojar al suelo su bicicleta destrozada en un choque con una moto atascada por un público enloquecido que invade cualquier centímetro cuadrado de asfalto.

Clasificación general del Tour tras la undécima etapa. ampliar foto
Clasificación general del Tour tras la undécima etapa.

Faltaba poco más de un kilómetro para la meta instalada precipitadamente en el Chalet Reynard y Froome, en un estado de pánico y desorientación insólitos, solo pudo correr sin bici unos 100 metros entre unos aficionados que no cabían y que habían descendido de los últimos kilómetros, los anulados por el mistral. “Una segunda moto me rompió la bici y el coche con mi bici de repuesto estaba a cinco minutos atrás y me dije que solo me quedaba echarme a correr”, dijo Froome, el único de los tres fugados que no pudo remontar en bici y seguir y que no debía de conocer el artículo 14 del reglamento, que castiga con la expulsión a aquel corredor que no efectúe todo el recorrido sobre su bicicleta. Después de recuperar un mínimo de lucidez, Froome se paró y tomó la bici neutra que le ofrecieron, pero la solución fue inútil: sus zapatillas Speedplay no podían acoplarse a los pedales, y parecía un payaso de circo intentando pedalear desesperado y heroicamente ridículo. Finalmente llegó su bici, con la que cruzó la meta a 1m 40s de Mollema, el tiempo de referencia, y 1m 14s detrás de Nairo, Valverde y su grupo de derrotados en la ascensión, a los que también frenó la moto, parada en medio de la carretera como un animal antediluviano atacado y devorado hasta quedar en esqueleto por una banda de diminutos roedores.

Clasificación de la undécima etapa del Tour 2016. ampliar foto
Clasificación de la undécima etapa del Tour 2016.

Ya entonces nadie se acordaba casi de los dos ataques de Nairo mediada la ascensión que solo le sirvieron al colombiano para que dejen de preguntarle por qué no ataca, descolgar a un par de secundarios y mostrar la fortaleza de los gregarios de Froome, Poels y Henao, que ni se inmutaron para controlaron. “Me precipité, había mucho viento de cara y gasté unas balas que habría necesitado”, dijo el colombiano, que habrá dado la razón a aquellos que piensan que mejor que no ataque para no demostrar sus límites y que luego sufrió, de nuevo, en el Ventoux again, la ley del molinillo del hombre delgado.

Los comisarios calcularon, en su resolución justa, arbitraria e irregular, un retraso de 19s de Nairo y su grupo respecto a los tres accidentados en el plenamente en consonancia con la modernidad que encarna, y la imagen nunca vista de un ciclista ascendiendo a pie un puerto acercan a Froome a modelos de comportamiento de campeones del siglo actual, como Lance Armstrong, con quienes comparte su capacidad para sentirse superior a un destino que les acecha con sus trampas, y le aleja de los grandes campeones melancólicos del pasado, grandes en su desgracia, y amados y compadecidos por ello. René Vietto es recordado por perder un Tour esperando en la cuneta una rueda de repuesto durante media hora, y se convirtió en una leyenda por ello, como Eugene Christophe reparando su bici rota en una forja porque el reglamento prohibía entonces cambiarla, como el maratoniano Dorando Pietri, privado de su victoria en los Juegos de Londres de 1904 porque le ayudaron cuando se cayó, y el reglamento lo prohibía. Froome será fuerte, y simpático, y en la contrarreloj seguramente ganará su tercer Tour, un inglés pragmático y consentido.

Bajo la ley del Sky

C. ARRIBAS

El reglamento de la Unión Ciclista Internacional (UCI) dice que en los finales en alto puntuable no se aplica la ley de los tres últimos kilómetros, esa por la cual si se produce una caída o un incidente que rompan el orden deportivo de los corredores se les aplicará a todos el tiempo que tenía el grupo en el que estaban a tres kilómetros de la llegada. Así, en la primera clasificación aprobada Froome aparecía clasificado el 25º, a 6m 45s de De Gendt, a 1m 40s de Mollema y a 1m 9s de Nairo, y el nuevo maillot amarillo era su compatriota Adam Yates, que había entrado en el Chalet Reynard 1m 25s antes. Largos minutos después de que David Brailsford, el jefe del Sky, declarara que había que tener en cuenta la excepcionalidad de los hechos y que a Froome había que darle el tiempo de Mollema y debía seguir líder, el jurado anunció una clasificación que les complacía.

Los comisarios no han ofrecido mayor explicación ni argumento, y ni han citado en qué artículo del reglamento se han basado porque ningún artículo les permitía hacerlo: simplemente han decretado el estado de excepción en el Tour.

“Si se han tragado la moto es porque iban pegados, y llevan todo el Tour aprovechándose de su rebufo”, dice un director rival que prefiere no ser identificado. Otro recuerda el incidente del descenso del último tercera del día, cuando una ráfaga de viento derribó a Simon Gerrans, y con él cayeron dos compañeros de Froome. El líder levantó el brazo, se quedó parado en la cuneta e hizo ademán de pararse a orinar, un privilegio respetado del maillot amarillo. El pelotón redujo su velocidad, hasta que Froome no volvió acompañado de sus compañeros caídos y alguno más, Landa y Nieve, que se habían quedado cortados antes. “Y te quedas sin saber qué hacer: si aceleras pasas por un cerdo, y si te paras, como hicimos, quedas como un tonto…”

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