Griezmann se cobra dos torpezas alemanas

El rojiblanco lanza a Francia a la final frente a una Alemania que pagó un par de errores clamorosos

Griezmann marca el segundo gol francés.Vídeo: BORIS HORVAT (vídeo uefa.com)

Ni el campeón del mundo se libra de los borrones. Le sucedió a Alemania, que con dos pifias entregó la cuchara a una Francia que fue a rebufo gran parte del partido. Griezmann, el póster de esta Eurocopa a la espera de la gran final, se lo hizo pagar con creces. Primero se cobró un absurdo penalti de todo un pretoriano como Schweinsteiger, que, a sus 31 años de mucho rodaje, hizo de monaguillo en una jugada sin relieve. Después, ya en el segundo tiempo, el rojiblanco, pícaro e intuitivo como ninguno, bajó la persiana a los germanos tras una maraña descomunal de la zaga de Löw. Cuando hubo juego, ganó Alemania; cuando hubo errores, y gruesos además, Griezmann penalizó a su adversario.

Marcado por los dos tantos, que en ningún caso fueron hijos del juego, sino de Griezmann y sus inesperados cooperantes rivales, el encuentro tardó en aparentar el desenlace final. El arrollador inicio de Francia fue un espejismo. Con los galos como lobos, de mordida en mordida por cada pelota, Alemania pasó diez minutos de zozobra, imprecisa con el balón y aturdida sin él. El trance casi lo aprovecha Griezmann, que tras una buena trenza con Matuidi, se infiltró en el área y su remate en arco con la derecha lo desvió Neuer porque era Neuer, un porterazo, pese a su mal abroche en el segundo tanto. Con Matuidi y Pogba en versión arrebatadora, no había alemán que pareciera alemán. Hasta que Kroos dijo basta, pidió cita con la pelota, le escoltó Özil y antes del cuarto de hora cambiaron los roles. Alemania quería jugar, Francia, correr, que es otra forma de jugar, pero más espasmódica.

Durante media hora, Kroos dio un simposio de fútbol, con pases anestésicos, filtrados, picantes, en horizontal, en vertical. Un tratado en sí mismo, y eso que Löw le orilló a la izquierda de Schweinsteiger, relevo del lesionado Khedira. Lo mismo dio que el madridista tuviera menos radio de acción, en nada empeoró su exquisita panorámica. Mima que mima la pelota, con los laterales, Kimmich y Hector, como ventiladores de los volantes, Özil, Emre Can y Draxler, Alemania abrumó a los locales. Mientras Kroos daba carrete, ellos solo podían cazar moscas. Todos los alemanes se ofrecían para el juego, con permutas constantes de los interiores y hasta con los centrales, Boateng y Höwedes, como colonizadores en campo ajeno. La única tacha, el desafinado Müller, al que se le ha caído el gol, la única razón por la que es futbolista.

En Marsella, Alemania fue la Francia de seda Platini, Giresse, Tigana… Y Francia, cualquiera de las muchas versiones de la Alemania del hormigón y jugadores decatletas

En Marsella, Alemania era la Francia de seda Platini, Giresse, Tigana… Y Francia, cualquiera de las muchas versiones de la Alemania del hormigón y jugadores “decatletas”. Un evolutivo cruce de caminos. Hace tiempo que los franceses tiran de músculo, pero la inspiración es cosa de gente como Zidane o ahora Griezmann. Es su veta, la cepa que han decidido explotar. Pero frente a Alemania, vivieron un largo rato de Lloris, su portero, y del jugador del Atlético, de largo sus mejores alistados. Poco después de que Müller rematara mal una asistencia de Emre Can, fue este quien provocó la segunda gran parada de la noche. Lloris llegó a arañar el balón, que le botó en los morros. Una intervención de una exigencia máxima.

Con Francia, encapotada, persigue que persigue fantasmas, el equipo de Löw anidó en territorio galo, con Giroud y Griezmann sumados al achique, a ochenta metros del gol. En pleno arreón germano, Kroos se fue de excursión hacia Lloris y Pogba, que no tiene frenada, le hizo trompicarse. Rizzoli, el árbitro italiano, no tuvo tanta vista como un segundo antes del descanso. Hasta Kroos, que tiene alma de esquimal, se encolerizó. Y así seguía minutos después, casi sin atender a lo más sobresaliente de Umtiti, el nuevo defensa del Barça, en la jornada, una anticipación primordial ante Müller cuando Lloris estaba otra vez amenazado.

Las cifras del partido
Las cifras del partido

Solo una torpeza de Boateng ante Giroud inquietó a Alemania en el primer capítulo. Fue Schweinsteiger, su capitán, quien la destempló por completo, y de forma parvularia, por mucho que ya peine canas. En córner con el tiempo menguado al límite, al del United le dio por meter la mano, que fue meter la pata, para evitar un cabezazo de Evra que no entrañaba peligro alguno. A Schweinsteiger se le cortaron los cables y a Rizzoli, de repente, se le agudizó la vista. Griezmann engañó a Neuer y ni se sacó de centro. Todos a la ducha y a preguntarse cómo era posible que Francia se fuera en ventaja. Alemania no volvió a ser la misma.

Griezmann engaña a Neuer desde el punto de penalti.
Griezmann engaña a Neuer desde el punto de penalti.PETER POWELL (EFE)

Francia se mantuvo en la sala de espera, confiada en otra huella de Griezmann, que mejora, por lo general, todo lo que sucede alrededor. Donde todos se desbocan, muchas veces más de la cuenta, él pone la luz, acelera o para cuando es debido. Alemania notó la descarga del penalti y se hizo más espesa. Perdió a Boateng por lesión, que sumado a la baja por sanción de Hummels, la supeditó a los centrales suplentes, Höwedes y Mustafi. Con Müller en el mismo cuarto, el oscuro, los alemanes se encontraron sin punto final. Curioso, lo que en tantas y tantas ocasiones solía ser su sustento. En nada la mejoró Götze, extraviado desde Maracaná 2014.

Mientras se diluía Alemania, Griezmann seguía de caza mayor. Ante un futbolista así no cabe hacer un esguince al balón. Es lo que hicieron dentro del área Höwedes y Kimmich, que se enredaron de mala manera. Pogba, al quite, volcó la pelota al área, donde Neuer, a una mano, la rebañó sobre la cabeza de Giroud, que es futbolista-pivot. Para su desgracia, el despeje cayó en “territorio Griezmann”, definitivamente, no solo el máximo goleador, sino el jugador de la Eurocopa. Claro está, salvo que Cristiano destape los truenos en la final del domingo en París. Listo, el colchonero metió el pie como un relámpago y con el cuero en la red ya no hubo más Alemania que la que se encomendó sin remedio a unos cuantos cabezazos. Dos torpezas la habían condenado. Y ante este Griezmann, erratas las justas.

Sobre la firma

José Sámano

Licenciado en Periodismo, se incorporó a EL PAÍS en 1990, diario en el que ha trabajado durante 25 años en la sección de Deportes, de la que es Redactor Jefe en la actualidad. Ha cubierto seis Eurocopas, cuatro Mundiales y dos Juegos Olímpicos.

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