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Nadal tritura a Groth

Sin encontrar resistencia alguna, el español iguala su estreno más contundente en Roland Garros con un triple 6-1 (en 1h y 20m) frente al australiano. La anterior marca, en 2014 ante Ginepri (6-0, 6-3 y 6-0)

Roland Garros 2016
Roland Garros 2016:  Nadal, durante el partido contra Groth. Getty

A juzgar y oído, por las sonoras palmas con las que le recibió el público parisino, es difícil pensar que el aficionado francés tenga algún tipo de resquemor contra Rafael Nadal; a tenor de lo visto, el de Manacor tuvo una puesta de largo de lo más cómoda esta vez, la segunda en la que no defendía la corona en Roland Garros (la anterior fue en 2010), territorio que pisa por 12ª ocasión; y, por lo que expuso Samuel Groth, el sacador más potente de la historia (firmó en su día un ace a 263 km/h), cuesta entender que el australiano, despachado con un triple 6-1 (en una hora y 20 minutos), sea hoy día el 100 de la ATP.

Sus pelotazos resonaban en los soportes publicitarios como pedradas secas, pero a la hora del peloteo, nada de nada, o muy poquita cosa si procede ser un poco más condescendiente. En el estreno, Nadal se encontró con un martillo, lo que preveía, pero de haberse hecho realidad la metáfora Groth hubiera terminado sin dedos, porque no dio una sola vez en el clavo. Algo bueno, desde la óptica puramente competitiva y numérica, un paseo en alfombra roja, pero no tanto si se atiende a las sensaciones, porque el español apenas pudo comprobar sus biorritmos ni testearse en la exigencia.

Le bastó con poco más que poner la raqueta y un mínimo de buen hacer, porque el resto lo hizo Groth, de espaldas anchas, anchísimas, afeitado como un militar y con el brazo izquierdo tatuado. De poco le sirvió la tutela en los días previos de su compatriota Lleyton Hewitt, un fenómeno, otra historia, magnífico jugador. Groth, en la pista, sin mayor argumento que su servicio (picos de 217 km/h), porque con la bola en juego Nadal le desquició por un lado y por otro, barriéndole los pasillos y haciéndole corretear de arriba abajo, con una cortada una vez, con dejada otra, parábola para terminar de desesperar al marine.

Como contrapartida, el español apenas pudo probar biorritmos ni testearse en la exigencia

Su raqueta voló tres metros y luego la empleó a modo de bate de béisbol, con el mango invertido; también, patada al aire, a ver si pillaba algo. Exasperación y expresividad permanente, en contraste el gesto aséptico de Nadal, siempre a lo suyo, muy serio, reclamando probablemente para sus adentros más ritmo y rodaje que el que le propuso el bombardero de las antípodas. Ventiló el primer set en 27 minutos, el segundo en 26 y el tercero en 27. En la recta final dibujó un golpe bajo las piernas, en carrera, que hizo sonreír al pobre Groth, resignado, brazos en jarra, aceptando la disculpa de su rival.

La escasez de oposición le permitió a Nadal -citado en la siguiente ronda con Facundo Bagnis, 99 del ranking- igualar su mejor despegue histórico en el torneo, hace dos años contra el estadounidense Robby Ginepri (6-0, 6-3 y 6-0). Firmó el de Manacor unos números excelentes, procesados siempre desde el debido contexto. Se fue con la siguiente tarjeta: 89% de puntos con primeros saques y 86% con segundos; siete aciertos en ocho acometidas a la red; 25 winners y tan solo tres errores no forzados (récord en sus 229 partidos de Grand Slam), por los 28 de Groth. Fue, al fin y al cabo, el estreno soñado. Por él sí, no desde luego por Groth.

VÍDEO: El impresionante punto de Nadal frente a Groth.

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