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Van Gaal: el cascarrabias romántico

Louis Van Gaal.
Louis Van Gaal. EFE

“El mejor argumento contra la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”. Winston Churchill

Louis van Gaal es un tipazo, pero como entrenador está sobrevalorado. Ha logrado colocar un pie en el podio de los grandes entrenadores de los últimos 20 años —con los Guardiola, Ancelotti, Ferguson, Capello, Heynckes, Mourinho (sí, Mourinho)— pero no se lo merece. Ahora, como persona es number one;como vecino, nadie mejor.

Nos explicamos:

El holandés lleva 18 meses al frente del Manchester United, periodo en el cual ha derrochado 350 millones de euros en nuevos jugadores. Sin embargo, tras perder esta semana contra el Wolfsburgo de Alemania, el United es el único de los diez clubes más ricos de los 32 clasificados esta temporada para la Champions League que ha quedado eliminado de la competición. Por encima del United en su grupo de cuatro quedó el PSV Eindhoven, que tiene diez veces menos ingresos anuales.

No hay mucho más que decir. Van Gaal ficha mal, no saca lo mejor de sus jugadores ni de su equipo, incapaz de competir al más alto nivel. Se le ve anímicamente hundido y tácticamente desorientado.

Un repaso a su palmarés demuestra que solo ha ganado la Champions una vez. Eso fue hace 20 años con un Ajax de Amsterdam que tuvo la suerte de contar con grandes jugadores como Frank De Boer, Frank Rikjaard, Marc Overmars, Clarence Seedorf y Patrick Kluivert. Sobre aquella roca, Van Gaal construyó su reputación. Ganó un par de Ligas con el Barcelona en 1998 y 1999 pero en lo que va del siglo XXI no puede presumir de mucho más que de una liga holandesa (la sombra de lo que fue) con el AZ Alkmaar en 2009 y de haber ganado la Bundesliga con el Bayern Munich (reto no tan complicado) en 2010.

Ante el descontento, por no decir desconsuelo, de la enorme afición mundial del United lo que debería hacer Van Gaal hoy es no solo dimitir, sino retirarse. No lo querrá hacer porque es obstinado y orgulloso, pero hay motivos para sospechar que es lo que el cuerpo le pide. Ha dicho varias veces no solo que su esposa, Truus, le ha insistido en que el United debe ser su último club, sino que tiene toda la intención de ser fiel a sus deseos. Sueña, como también ha confesado, con vivir los años que le quedan en una casa que tienen en lo que llama “el paraíso” del Algarve portugués.

Van Gaal parece un cascarrabias, pero en el fondo es un romántico. A diferencia de muchos de los obsesos que se dedican a entrenar equipos profesionales de fútbol le da más importancia a su mujer que a cualquier otra cosa. Una vez, cuando estaba en el Barcelona, un periodista fue a su despacho a entrevistarle y vio que en su mesa tenía unas fotos de sus hijas. Para congraciarse con él, el periodista le dijo: “Los hijos, lo primero”, Van Gaal, sin parpadear, le contestó: “No. Los hijos se van. La mujer, ¡lo primero!”.

Van Gaal tiene fama, especialmente en España, de ser un tirano. No es verdad. Es un demócrata nato. En los clubes donde ha estado siempre se ha esforzado por tratar a las grandes estrellas y los más humildes trabajadores con igual respeto. En el Barcelona los trabajadores que nunca salían en los medios lo querían. Una anécdota: después del entrenamiento en un día lluvioso los jugadores dejaron un pasillo lleno de barro mientras iban de vuelta al vestuario. Van Gaal les recriminó. ¿No se daban cuenta de que estaban dejando una barbaridad de trabajo para la señora que fregaba los pasillos? Les ordenó que salieran a recoger los ladrillos de lodo que habían dejado en su camino.

Pocos han visto esta faceta del holandés. Las relaciones públicas no son su fuerte, pero solo es porque peca de un exceso de honestidad. Es muy directo, como casi todos los holandeses, aunque tiende a caer en el error de engañarse a sí mismo, como cuando dijo esta semana que al United ya no hay que exigirle que gane como hace diez años, época en la que, según él, era más fácil competir en Europa. Pero todos nos engañamos. Lo que no sabe hacer Van Gaal es mentir.

Afortunados, entonces, sus vecinos en Portugal. Es un hombre cabal que siempre recogerá la basura. Pena que en el otoño de su carrera como entrenador está dejando al United hecho un desastre.

 

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