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Lorenzo, la mala suerte y otras cosas

Repaso a los motivos por los que el piloto de Yamaha, el más rápido en el último tramo del campeonato, ocupa la segunda plaza

Jorge Lorenzo, tras el Gran Premio de Japón
Jorge Lorenzo, tras el Gran Premio de Japón. REUTERS

Aspiraba a ganar la carrera. Confiaba en seguir recortándole puntos al líder del Mundial, Valentino Rossi. Creía que podía hacerlo, incluso aunque lloviera. En cambio, a pesar de haber liderado la prueba desde la primera vuelta hasta la 16ª, Jorge Lorenzo terminó tercero, y por detrás del italiano, que sumó otros cuatro puntos de ventaja. “Esto no está perdido. El campeonato aún no ha terminado. Igual esa caída que he salvado en la curva tres [cuando Rossi aprovechó para pasarle] todavía me puede dar el título”, decía, sonriente, a modo despedida, poco antes de dejar el circuito de Motegi. El mallorquín cree que la buena fortuna le es esquiva este curso, en el que se está presentando como el piloto más rápido y más en forma, sobre todo en la segunda parte de la temporada. Es, también, el que más victorias cuenta: seis. No es, sin embargo, el que más puntos tiene. Su compañero de equipo suma 18 más que él.

¿Qué ha ocurrido?: un poco de mala suerte, un mal arranque de curso y un puñado de dudas en carreras bajo la lluvia

“El azar ha decidido la carrera”, resolvió sobre la prueba del gran premio de Japón. Tras un fin de semana soleado, en el que dominó cada uno de los entrenamientos y se llevó la pole, llovió el domingo, y la lluvia, otra vez, acabó influyendo en sus planes. Como ocurrió en Silverstone o en Misano. Pero, ¿sólo la mala suerte explica los malos resultados de Lorenzo esta temporada? Hay, como siempre, un poco de todo. Entre otras cosas: un poco de mala suerte, un mal arranque de curso y un puñado de dudas en carreras bajo el agua.

Empecemos por el principio. Podría decirse que si empiezas una carrera exultante, sales como un obús, dominas los primeros giros y ruedas en cabeza desde el principio y hasta que faltan unas cinco vueltas, porque entonces tienes un problema con el casco y terminas en la cuarta plaza porque apenas podías ver la pista, eso es tener mala suerte. Es lo que le pasó a Lorenzo en la primera prueba de la temporada, en Qatar: la espuma de su casco se despegó y le hizo de visera. Toda una jugarreta. Al siguiente gran premio, en Austin, el piloto de Yamaha volvió a quedar fuera del podio, pero no quedó muy claro si el mal resultado se debió a que no escogió bien la goma delantera o a que no se sentía bien porque días antes le habían diagnosticado una bronquitis. Una semana después, en Termas de Río Hondo, no está claro por qué, pero Lorenzo volvió a fallar y fue quinto. Demasiados puntos perdidos para alguien que aspira al Mundial.

Clasificación del mundial de motociclismo. pulsa en la foto
Clasificación del mundial de motociclismo.

Con todo, el español remontó el vuelo al llegar a Europa y encadenó cuatro triunfos consecutivos en Jerez, Le Mans, Mugello y Cataluña, que le devolvieron la confianza y le metieron, de golpe y por derecho propio en la pelea por el título con Rossi. Tras aquella racha victoriosa, sólo la lluvia se ha inmiscuido en sus planes. Tras el parón estival, y en fines de semana en los que su dominio en la pista era claro –tanto en Silverstone, como en Misano o Motegi, Lorenzo marcaba los mejores tiempos cada jornada– apareció el agua y con ella las dudas. Lo que no es precisamente sólo mala suerte.

Ocurrió en Silverstone que con la pista empapada el 99 se volvió conservador al manillar en los primeros giros; además, un adelantamiento de Pol Espargaró le hizo flaquear y perdió mucha distancia con los de delante. En las últimas vueltas, cuando ya parecía recuperar el ritmo y las posiciones, se le empañó el casco. Había renunciado a ponerse la máscara antivaho y pagó las consecuencias. Terminó cuarto. En Misano cometió otro error, el único que ha asumido expresamente: en una carrera muy compleja, con dos pasos por el pit lane para cambiar de moto, pues la prueba empezó con gomas de seco, empezó a llover y luego la pista se volvió a secar, cometió un fallo de novato. Le pudo la presión y quiso ir demasiado rápido al volver al trazada ya con neumático de seco. Se cayó. Y aunque su rival no lo hizo muy bien aquel día (fue quinto), él lo hizo peor.

Jorge Lorenzo, antes del Gran Premio de Japón. ampliar foto
Jorge Lorenzo, antes del Gran Premio de Japón. AFP

Tras la victoria en Aragón, Lorenzo quiso volver a mandar en Motegi desde la primera vuelta. Pero equivocó la estrategia. Las previsiones meteorológicas advertían de que la lluvia cesaría en torno a las dos del mediodía. Y así fue. Cuando empezó la carrera el asfalto estaba empapado, pero a medida que fueron pasando las vueltas y los minutos se formó un carril seco en la trazada. Y él, que tanto forzó sus neumáticos en las primeras vueltas para ganar distancia con sus rivales y vencer como lo había hecho las seis veces anteriores pagó el esfuerzo. Su goma delantera se destruyó antes que ninguna otra. Y sus tiempos cayeron en picado. Fue presa fácil para Pedrosa y para Rossi. No previó lo que podría pasar, no planificó diferentes escenarios de carrera, sólo uno: su carrera ideal. Y no se dio.

“Echarle toda la culpa a la mala suerte me parece irrespetuoso”, sentenció Rossi. Hay algo que él, que no es el más rápido en la pista, hace mejor que otros: gestionar las carreras, decidir cómo y cuándo atacar.

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